viernes, 24 de marzo de 2017

WILL EISNER. THE CENTENNIAL CELEBRATION

Will Eisner. The centennial celebration 1917-2017 Kitchen Sink Books
Will Eisner. The Centennial Celebration/ 1917-2017
Kitchen Sink Books, 2017.
178 páginas, 50 $

EN EL CENTENARIO DE EISNER 

Will Eisner no llegó a centenario por apenas una docena de años. Ahora se celebran esos cien años desde su nacimiento, con una expo que recorrerá Europa y los USA.


Pudimos verla en enero en Angouleme y en marzo se desplazará a la Sociedad de Ilustradores de Nueva York. Una buena oportunidad para disfrutar con los originales de uno de los grandes revolucionarios del medio. Alguien que fue mucho más que un gran dibujante, un estupendo guionista, un innovador de la puesta en escena y un competente teórico.

Hay un aspecto sobre el que llamaba la atención Bob Andelman, autor de “El espíritu de una vida”, la excelente biografía oficial de Eisner, que aquí publicó Norma en 2008. Se trata de su vertiente como hombre de negocios, una faceta que al gran creador no le gustaba mencionar pero que marca toda su trayectoria.

Conocemos la culminación de ese rasgo: la invención de la forma más respetable que ha adoptado el comic hasta el presente, la afamada “novela gráfica”. Aunque otros reivindican experimentos similares y previos, fue Eisner quien de forma sistemática buscó y desarrolló un modelo que le permitiera situarse en librerías.

No solo para alcanzar a los lectores de comic habituales, también a aquellos acostumbrados a otras formas narrativas y a quienes podía seducir si les ofrecía un formato parecido al libro “normal”. No solo eso, también acertó con unas temáticas realistas y próximas a la confesión personal, fórmula que todos los autores que le siguieron han repetido hasta la extenuación.

A Eisner, por supuesto, le encantaba discutir los asuntos propios del medio, la narrativa, la puesta en escena, los contenidos… Y luchaba por elevar el prestigio de un arte en el que creía. Por eso prefería no enzarzarse en las habituales discusiones sobre lo mal pagados que estaban los dibujantes o lo mal que les trataban los editores. Pero lo evitaba también por otra razón. Más allá de sus veleidades culturales, Eisner era un hábil negociante. Lamento que suene a estereotipo judío, pero los hechos fueron estos: consiguió una temprana independencia económica evitando tener un jefe, convirtiéndose él en patrón. Ser un empresario le permitía actuar con independencia y aplicar su talento en proyectos cuyas características solo él determinaba.
Se pasó toda la vida quejándose de la ocasión en que le obligaron a ponerle un antifaz a Spirit. Yo le oí contarlo en Gijón, ante un público entregado, entre quienes se contaba Gaiman. Él quería dibujar una serie negra realista, pero los superhéroes estaban de moda. Con un antifaz y unos guantes lo solucionó. Pero no perdonó nunca aquella intromisión.

Will Eisner. The centennial celebration 1917-2017 Kitchen Sink Books
El Eisner artista se avergonzaba del mercader. Pero uno nunca habría sido posible sin el otro. ¿Cuántos grandes dibujantes han sido llevados a la desesperación por editores ineptos, directores maleducados o empresarios explotadores? Son legión. Eisner en cambio alcanza la grandeza, se siente un artista, porque piensa como un empresario, eso que ahora se llama “emprendedor”. Hay quienes lo tratan de tacaño pero son más los autores agradecidos porque les dio una oportunidad. Casi toda la generación siguiente, los nacidos en el 27, pasaron en algún momento por su estudio. Y muchos hablaron bien de él. Transmitía entusiasmo, la misma energía que todavía emana de sus planchas, tanto las originales como reproducidas en cualquiera de sus muchos volúmenes. ¿Todavía no han leído “La Avenida Dropsie” o “Las reglas del juego”? ¿Y a qué esperan?

El catálogo de la muestra del centenario es de lo más recomendable, gran formato, estupendas reproducciones y textos variados a cargo de Gravett, Kitchen y otros. Sobre todo incluye muchas imágenes, acompañadas por extensos y jugosos comentarios.

De nuevo, viajamos a Angoulema gracias al patrocinio de ILLENC, la institución que se encarga de buscar oportunidades (¡trabajo!) para los autores de cómic de las islas. Este año la cosa pinta bien. Tras el éxito de Fitur, donde la participación de los dibujantes en el stand de las islas se saldó con un premio, se avecina una intervención en un museo de Palma. Este romance institucional tiene sin embargo un punto negro, protagonizado por la Consejería de Educación y Universidad. Los planes de abrir un Ciclo de Comic en Palma se han detenido (ya saben: “lo estamos estudiando”) y no parecen capaces de desatascar la normativa que afecta a los Ciclos de Ilustración y Fotografía.

Después de veinticinco años, unos estudios por los que han pasado muchos de los dibujantes e ilustradores de las islas parecen abocados al cierre. Y no por falta de alumnos. Y es que, pese al tolerante discurso oficial, todavía hay muchos hombres (y mujeres) que odian los tebeos. Ellos se lo pierden.
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jueves, 16 de marzo de 2017

SURFACE TENSION de J. GUNN

Surface Tension de Jay Gunn edita Medusa Comics naturaleza postapocalipsis
Medusa Comics, 2017.
192 páginas, 18,50 euros


UN MUNDO MEJOR


El día de los trífidos o la trilogía cinematográfica de Quatermass son fantasías británicas que ya consideramos clásicas, por su capacidad para inquietarnos y conmovernos. Jay Gunn bebe de esas fuentes y se nota.


Este creador británico trabajaba en el ámbito de los videojuegos hasta que decidió que tenía una historia que contar y que lo haría con el formato del comic. Su dibujo es original y luminoso y en parte recuerda al de su compatriota Bryan Talbot.

Como él, no duda en emplear referencias fotográficas que aportan un extra de realismo a las figuras. Con las fotografías siempre se corre el riesgo de perder expresividad y movimiento, como el propio autor advierte en el epílogo, donde explica con claridad su proceso de trabajo. Pero él no calca sino que redibuja y eso se nota en sus acabados que en general evitan la rigidez y, al contrario, sorprenden por su fantasía y por los esfuerzos de sus “actores de papel” a la hora de interpretar sus diálogos.
Coincide con Talbot en otro aspecto, como es el gusto por las escenas surrealistas, los momentos alucinatorios en los que todo parece derretirse y se nos permite participar de fantasías realmente lisérgicas. A todo eso cabe añadir el toque Miyazaki, muy evidente en el diseño de monstruos pero que también afecta al tono del relato, con sus avisos ecologistas y la idea subyacente de que si nos pasamos con la Tierra, en algún momento se nos devolverá el golpe.

Ese es el tema central del argumento y donde más se aproxima a los célebres trífidos. El relato comienza cuando lo peor ya ha pasado. Se nos muestra un escenario posapocalíptico, un mundo poblado por extrañas formaciones coralinas y donde los humanos supervivientes conviven con unos bizarros animales marinos, los selkies, una suerte de sirenos feos, como perros o cerdos acuáticos. Tienen unos primos algo más desagradables, unos parientes lejanos del kraken que mantienen a los hombres alejados del mar.
Surface Tension de Jay Gunn edita Medusa Comics ciencia ficcionCon unos cuantos flash-back se nos narran los días anteriores al desastre, con la aparición de los corales gigantes y los primeros síntomas de la enfermedad. La idea es que un virus desconocido provoca una peste que prácticamente liquida a toda la humanidad. Sus consecuencias son especialmente repugnantes. La carne empieza a derretirse y la gente siente la imperiosa necesidad de volver al mar. Allí se convierten en sopa, vuelven al origen.

La acción se inicia cuando dos víctimas consiguen regresar de las profundidades. Pero su piel es azul y su comportamiento extraño. Lo que sigue es una enloquecida aventura en la que toda una especie, la nuestra, lucha por su supervivencia. El tema general tiene que ver con nuestra posición en el mundo y nuestra relación con el entorno. Obviamente, como el ya citado Miyazaki, éste es solo el motivo recurrente, el contenido profundo de un comic que en superficie es una trepidante historia de ciencia-ficción. El autor aborda estos tópicos con seriedad y nos planta ante la paradoja última de todo pensamiento ecológico: ¿puede el hombre sobrevivir si no cuida su entorno? ¿No es lógico que ese entorno intente deshacerse de ese virus tan dañino, o sea: de nosotros? Esta es la convicción que subyace en mucho movimiento animalista, ecologista o verdurista. Para salvar a la humanidad quizás sea necesario deshacerse de una buena parte de ella. ¿O no?

Gunn confiesa que la historia nació en su infancia, cuando pudo comprobar las consecuencias de un accidente en una planta química en la que trabajaba su padre. Los peces muertos en el río le impactaron, pero cuando escribió el guión estaba enfermo de cáncer. El cómic tuvo un indudable efecto terapéutico sobre él. La pregunta central se desplazó desde su foco inicial, una denuncia de la irresponsabilidad humana, a otra aspiración más universal: las ganas de vivir y nuestro derecho a seguir en pie… un poquito más. No se lo pierdan.


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viernes, 10 de marzo de 2017

BERNARD PRINCE INTEGRAL de HERMANN, GREG, DANY, YVES H Y AIDANS

 Bernard Prince Integral 4 de Hermann, Greg, Dany, Yves H. y Aidans, editado por Ponent Mon
Ponent Mon, 2017.
200 páginas, 38 euros.

SUCIO REALISMO


Se suele afirmar que aunque son los dibujos lo que primero nos atrae de un cómic, es el guión el que nos mantiene leyendo. Hablamos de una forma artística narrativa y al final lo importante es lo que se nos está contando. Obviamente, ese “lo que se nos está contando” está muy mediatizado por la puesta en escena.


La misma historia interpretada por dos dibujantes diferentes se encarnará en un relato trivial en un caso y en una narración que nos engancha en el otro. Es por eso que, aun admitiendo la importancia del guión como motor inicial, todos asociamos a determinadas series con dibujantes concretos.

Modesty Blaise no es la misma tras la muerte de Holdaway. Ken Parker no se disfrutaba igual cuando los lápices (¡y las tintas!) no eran de Milazzo. Ahora nos llega un último Integral de Bernard Prince. Y en él comprobamos por partida doble que el orden de los factores sí altera el producto.

Si no conocen la serie les recomiendo que comiencen por el segundo tomo, donde se incluyen algunos de los mejores episodios de este clásico de Greg y Hermann: “La ley del huracán”, “El soplido del Moloch” y, sobre todo, el extraordinario “La isla en llamas”, una indiscutible obra maestra. A finales de los setenta Hermann se largó para hacerse cargo de sus propios argumentos. “Si sabes dibujar, sabes escribir” afirmaba con arrogancia desde la contraportada de su serie Jeremiah. Al leerlo se podía comprobar cuán equivocado estaba.

El marino imaginado por Greg no permaneció huérfano mucho tiempo. La editorial decidió probar suerte con otros dibujantes. Dany primero en dos álbumes y Aidans después en un tercero. No son autores mediocres pero los resultados sí lo son. Con el paso de los años sentimos los esfuerzos del guionista por mantenerse al día, incluyendo asuntos de actualidad como una revolución en un país africano. En la serie abundaban los golpes de estado y las luchas por el poder. Pero siempre desde una perspectiva muy estilizada en la que el héroe marcaba la diferencia. Esa especie de Quijote y Sancho que eran Prince y Barney, repetían un esquema tradicional.

El protagonista siempre se ajustaba a unas inflexibles reglas morales, que incluían un alejamiento estricto de la violencia. Prince no mataba, tan solo se defendía cuando era estrictamente necesario.
 Bernard Prince Integral 4 de Hermann, Greg, Dany, Yves H. y Aidans, editado por Ponent Mon
Los malos sí, banalizaban el asesinato y se reían del héroe cuando mostraba su repugnancia hacia brutalidades sin sentido. Barney era algo más pragmático y aportaba un punto de vista más realista. Pero eso dejó de ser así en los ochenta. Ese Prince crepuscular ya no es un corderito sino un hombre de acción dispuesto a coger una metralleta y llevarse por delante a quien sea necesario. Ese cambio de tono, unido a unos grafismos no tan inspirados como los de Hermann, consigue que no disfrutemos tanto de unos álbumes que permanecían inéditos en España.

Al final del volumen vuelve el dibujante original, acompañado de su hijo Yves al guión. Llevan años fabricando historias juntos, hasta ahora sin demasiada fortuna. Treinta años después de abandonar la serie, Hermann nos ofrece la versión más realista y cruda del personaje, aunque en el fondo no hace sino seguir los pasos que ya había dado Greg en sus últimos álbumes. El resultado no es bueno. Primero porque realiza su trabajo con color directo. Con las acuarelas tiende a saturar de blanco las páginas y a mantener unas sensaciones muy monocordes, que dificultan la lectura. Y después el argumento incide en abordar asuntos que no le pegan al personaje.

Catálogo Hermann en Angouleme expo bande desineeDe nuevo empuña la metralleta para actuar sin piedad y además se añade una irrelevante comparsa femenina. Tradicionalmente la presencia de la mujer en los tebeos franco-belgas no ha sido gran cosa. Y Prince no era una excepción. Pero al menos cuando salían tenían más carácter y no se veían obligadas a mostrar sus tetas enarbolando el rótulo “esto es un tebeo serio y para adultos”. Porque se consigue más bien el efecto contrario. Esa voluntad de endurecer un producto que nació estilizado, de convertir al recto héroe en una suerte de Rambo de segunda, tan sólo logra provocar un firme rechazo en los lectores. Ese no es Bernard Prince.

Para quitar el mal sabor de boca aconsejo adquirir el catálogo de la expo que le dedicaron este año a Hermann en Angouleme: “Hermann, le naturaliste de la bande dessinee”. La muestra era impresionante y nos reconciliaba con un autor de carrera errática. Ya lo he dicho anteriormente. Admiro mucho sus colaboraciones con Greg, el citado Prince y Comanche. Pero cuando se pone a dibujar sus propios guiones es más irregular. Hay episodios excelentes en Bois-Maury y Jeremiah, junto a otros muchos irrelevantes.
Lo que ocurre es que si el Hermann escritor acierta a veces, el dibujante no falla nunca. Y eso se comprueba al admirar sus originales. ¡Qué planos generales, qué paisajes, qué tramados, qué iluminación! Y también ¡qué producción! Es un trabajador infatigable y un artista tremendo y nunca se le debe subestimar.
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viernes, 3 de marzo de 2017

EL CUARTO MUNDO de JACK KIRBY

BENDITA FANTASÍA
Aunque en el campo de la ciencia ficción los autores de comics han realizado muy variadas e interesantes propuestas, aparentemente los superhéroes siguen mandando en nuestra imaginación.


En Europa hemos tenido a Jeff Hawke, a Valerian y ahora mismo a Leo surcando la galaxia. Los nipones parecen disfrutar con sus escenarios posapocalípticos y sus bizarros robots. Pero la manifestación más popular de la fantasía en viñetas está en manos de los tipos con el pijama por fuera. Recientemente se recuperaban dos obras clave para entender la evolución de esos personajes, en dos bonitos tomos perfectamente editados.

El cuarto mundo de Jack Kirby 
ECC, 2016.
400 páginas, 35 euros.

Por un lado El Cuarto Mundo, uno de los trabajos más importantes de Kirby, que es como decir el padre fundador de la mitad del Universo Marvel. Como es sabido sus relaciones con la casa no siempre fueron agradables así que en un determinado momento decidió largarse. Y se pasó a la compañía rival, DC. Allí, como de forma muy amena explica Mark Evanier en el epílogo, se hizo cargo de la serie dedicada a Jimmy Olsen, que no tenía un equipo creativo propio y le permitía hacer lo que le viniera en gana. El resto es historia.

Kirby generó un nuevo universo en el que se reflejaron no pocas de las tensiones de la América de los sesenta-setenta, con unos nuevos dioses de aspecto disparatado y juguetón y un villano tremendo, Darkseid, y el escapista Mr. Miracle y la Gran Barda y tantos otros.

Como podrá comprobar cualquiera que hojee este recopilatorio, los mundos de Kirby apenas pueden ser contenidos por unas viñetas que siempre parecen a punto de estallar. Aunque presididos por una ironía constante, sus episodios son tan épicos y dramáticos como un humano es capaz de imaginar. Coincido con Morrison cuando en la intro habla del tono casi religioso, trascendental, de muchas de sus aventuras. Todo lo que ocurre en un comic de Kirby es extenuantemente importante. En todo momento.


La nueva Frontera de Darwyn Cooke
ECC, 2016.
520 páginas, 43 euros.

A comienzos de este siglo Darwyn Cooke decidió que tendría sentido ofrecer una revisión de los superhéroes que componían la constelación DC. Cooke debía mucho a Kirby, deudas fácilmente apreciables en su dibujo.

Pero como hijo de su tiempo, retrató a aquellos titanes como parte de una realidad no tan brillante, una década de los cincuenta en la que las tensiones atómicas y el miedo a un enemigo invisible propiciaron numerosas fantasías pobladas por invasores extraterrestres, monstruos de todo tipo y, en los tebeos, una densa familia de superhéroes con los que jugar.

Los aficionados pueden disfrutar “La Nueva Frontera” como un fenomenal homenaje. De hecho al final se incluye una larga lista de guiños que se reparten por las páginas de la obra. Los no interesados en la edad de oro del comic americano (¿o era de plata?) pueden sentirse algo más perdidos, con personajes secundarios a los que no se reconoce bien y que el autor apenas pierde el tiempo en presentar. Pero esa confusión se ve compensada por el punto de vista que adopta la narración. No importa tanto lo que sepamos o no del Universo DC.
Porque Cooke se esfuerza por anclarlo a una realidad más cercana a libros como el estupendo “Elegidos para la gloria” de Wolfe, que a ningún tebeo. Construye su trama enhebrando historias clásicas de la editorial, pero aferradas a una realidad que se reconstruye a través del mito. Todo con su dibujo sintético y espectacular y una narrativa arrolladora. Es un bonito intento, pero algo cansino.

En su momento sólo leí el primer episodio y ahora comprendo por qué. Admiro al Cooke de Parker y lamento mucho su temprana pérdida. Nos dejó el año pasado, con cincuenta y cuatro años de edad, cuando estaba dibujando algunos de sus mejores tebeos. Pero no en este caso. Cómprenselo si quieren, como homenaje al autor.

El tomo es realmente espectacular y viene cargado de extras. Pero su constante empleo de viñetas panorámicas cansa y el relato tarda mucho en despegar y emocionar. Con todo es un esfuerzo muy valorable y lleno de momentos impresionantes servidos con un dibujo delicioso y un color perfecto.
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