viernes, 22 de diciembre de 2017

LARGO WINCH: 20 SEGUNDOS de VAN HAMME Y FRANCQ

Largo Winch de Philippe Francq y Jean Van Hamme 20 segundos, edita Norma  comic negocios espionaje
Norma Editorial. Barcelona, 2017
48 páginas. 15 euros.

CON Y SIN VAN HAMME
Han coincidido en las librerías el último álbum de Thorgal y el último de Largo Winch. Ambos personajes son creación del genial guionista belga Jean Van Hamme aunque ahora, a punto de cumplir los ochenta años, ha decidido separarse del primero.


El dibujante original de la serie, el polaco Grzegorz Rosinski, sigue a cargo de los lápices pero los guiones los escribe Yves Sente. Es un creador notable que acudió al rescate de Blake y Mortimer, una saga tan venerable como insufrible y que, en manos de Jacobs, el autor que la concibió, era un verdadero tostón. Sin embargo cuando Sente toma las riendas, sobre todo si además le acompaña Juillard, todo cambia a mejor. Juntos han firmado un conjunto de episodios maravillosos.

Thorgal, el fuego escarlata #35 de Senté, Rosinsky Dorison
Así que cuando pasó a escribir Thorgal, con el brillante Rosinski como compañero, no era fácil suponer que los resultados iban a ser tan decepcionantes. Pero de alguna forma lo son. La serie del vikingo galáctico ha volado muy alto, algunos de sus episodios clásicos se cuentan entre lo mejor que yo he leído: “Los arqueros”, “Loba” y tantos otros. Y ahora, siendo un producto digno, no alcanza esas cumbres. No toda la culpa es de Sente. No ayudan los caprichos pictóricos del dibujante. Cansado del tradicional acabado a línea del cómic clásico, el polaco ha decidido darle rienda suelta a su arte.
Los resultados son tan curiosos como antinarrativos. Cuanto más nos fijamos en la fuerza de su color o en los atrevimientos de su pincel, que recuerda en ocasiones a Moreau o a Dufy, más nos alejamos de lo narrado. Cuando las imágenes nos impresionan como cuadros, dejan de funcionar como viñetas. Y eso es lo que en gran medida ocurre con este Thorgal. Tiene mal arreglo ya que no creo que a Rosinsky le apetezca volver a su antiguo sistema de trabajo. Una pena.



Mientras tanto el maestro sigue haciendo lo que mejor sabe: entretener. Y lo hace acompañado del fiel Philippe Francq, un autor que empezó pareciéndose a Hermann y que ha acabado encontrando su propio lenguaje, estilizando el dibujo y mejorando la puesta en escena y el cuidado de la ambientación. Ahora mismo nadie le alcanza en su capacidad para situarnos en el centro de la acción y hacernos sentir como si estuviéramos dentro de una película filmada en viñetas.


En20 segundos concluye la aventura que Largo había iniciado en “Encrucijada”. Terrorismo, espías, altas finanzas y mucho embrollo sexual. Van Hamme se suelta el pelo y firma una historia en la que todos se lían con todos, con el desenfreno cachondo de quien ya tiene la edad de permitirse cualquier frivolidad. Para recordar el personaje de la comandante Veestra, una mujer de armas tomar. Espero que su creador la recupere en próximas entregas porque promete. Y no es la única señora con carácter que aparece en el relato.

El resto es tan impecable como era de esperar. Todo perfectamente dibujado y contado, un mecanismo de relojería bien engrasado que nos permite disfrutar con las andanzas del millonario en tejanos al tiempo que asistimos a conspiraciones a todos los niveles: desde los tramposos y estafadores más miserables a los chanchullos de la C.I.A. pasando por las manipulaciones religiosas de imanes sin escrúpulos o el enamoramiento del protagonista, el más primario de los enredos y también uno de los más complicados.

Al final todo acaba bien excepto para los malos, como debe ser. Para recordar todas las escenas con el intento de atentado en la vanguardista sede de Winch, todo un tour de force a cargo de Francq, el dibujante que puede con eso y mucho más.