viernes, 21 de abril de 2017

CAMISA DE FUERZA de EL TORRES y SANNA

Camisa de fuerza de El Torres y Guillermo Sanna, edita Dibbuks - terror comic psiquiatra
Dib•Buks, 2017.
112 páginas, 16 euros.

LOCAS Y CUERDAS


La protagonista despedaza a su hermano gemelo sobre la mesa de la cocina en la introducción de esta historia. Dos páginas más allá nos la encontramos recluida en una institución psiquiátrica.


De esta forma tan simple El Torres plantea las piezas de su nuevo juego, un entretenimiento que especula, como tantas películas de terror, con los límites de lo real. El lector contempla el relato a través de la mirada del Dr. Hayes, un psiquiatra en silla de ruedas que debe hacerse cargo del difícil caso de Alexandra Wagner.

No solo asesinó a su hermano en su niñez sino que además tiene la extraña costumbre de desaparecer cuando le apetece. Los episodios siguen algunas sendas clásicas, empezando por la construcción de una dificultosa complicidad entre el médico y la enferma. Pronto se nos ofrecen vistazos de un más allá que no sabemos si es real o un puro delirio. Camino de su casa el doctor también se ve asaltado por criaturas terroríficas. Pero es Alexandra la que se lleva la peor parte. Los sanitarios que la atienden no son exactamente lo que parecen y descubrimos con horror que quizás parte de su locura tengo algo de sentido.

El momento culminante se alcanza en el segundo episodio, cuando el doctor enfrenta a su atormentada paciente con sus brutales actos, comenzando por el asesinato de su hermano. En ese momento no tenemos claro si el guión seguirá la senda de la “razón”, buscando una explicación lógica para los extraños sucesos relatados, o bien se abandonará a la magia y las maravillas del “más allá”.

El tercer episodio cuenta con un protagonista que para mi gusto parlotea demasiado, ese cómico que pretende aportar un tono más filosófico al conjunto de la historia, pero que en realidad quiebra el ritmo de la acción con su verborrea. El último capítulo recupera el vigor inicial, con un final sangriento y estremecedor a la altura de las circunstancias.

Camisa de fuerza de El Torres y Guillermo Sanna, edita Dibbuks - terror comic psiquiatra
Si El Torres ya ha demostrado con anterioridad que es un guionista interesante (no se pierdan su simpática serie Bribones) aquí la auténtica novedad la constituye el dibujante, el mallorquín Guillermo Sanna. Hasta ahora era conocido por su labor underground, sus series cómicas y grotescas para el Temeo o el recopilatorio de Los Potaje. Pero ahora ha saltado con fuerza a la arena del comic realista. Aunque posterior a esta Camisa de fuerza, a España llegó antes su episodio para Deadpool. En la actualidad sigue trabajando para Marvel, en una miniserie de Bullseye. Su colaboración con El Torres fue lo que le abrió las puertas del mercado americano. Y no extraña. Es un tebeo excelentemente dibujado.

Sanna es grande en las expresiones, sus personajes actúan muy bien. También mima la iluminación, algo crucial en un relato de terror como éste. Se nota que es un aficionado a las películas de miedo porque de manera natural su narrativa nos ambienta a la perfección, transmitiendo la atmósfera de pesadilla y paranoia necesarias. Su estilo entronca con los grandes: Toth, Mazzuchelli, Weeks o Samnee. Autores más interesados en la sencillez que en el detalle barroco. Se trata de narrar con limpieza y claridad. Excelente también el uso de la segunda tinta, ese rojo que señala los instantes de locura absoluta, el salto a los abismos que pueden devorarnos. Es un trabajo tan recomendable como estremecedor.
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jueves, 13 de abril de 2017

COMICS VIRILES DE AUTORAS EMERGENTES

DOS DURAS MUY BLANDAS


Dos comics escritos por autoras emergentes que abordan temas muy viriles. Cloonan intenta revitalizar al machote Castigador y Deconnick se embarca en una delirante aventura carcelaria.


Becky Cloonan y Steve Dillon
El Castigador. En la carretera.
Panini Comics, 2017.
136 páginas, 15 euros.

En cuanto a la primera, escribe el último trabajo del dibujante Steve Dillon, que no era ni mucho menos un debutante en Punisher, ya había creado muchas páginas para su compañero de viaje Garth Ennis. 

En ellas consiguieron una extraña mezcla de humor y brutalidad, de ironía, sangre, culpabilidad y buenas intenciones que tan difícil ha resultado de imitar. Muchos autores posteriores a Ennis han creído que bastaba con ser provocador y decir animaladas para alcanzar la calidad de sus textos. Y no es así.

El guionista irlandés bebe de una tradición muy rica que ha sabido aprovechar y renovar. Muchos nos reconocemos en sus mundos, al tiempo que admiramos la frescura de sus propuestas.
No basta con imitar su tono, su valor se sitúa en regiones algo más profundas. Y esto es algo que quienes compiten con él parecen olvidar. En este caso su amigo Dillon vuelve a cumplir pero el guión no hace justicia a la verdad del dibujo. Hay mucha violencia gratuita pero apenas humor, todo resulta impostado y artificioso y como lector no consigo entrar en la historia. Una triste despedida para un gran creador.


Kelly Sue Deconnick y Valentine De Landro
Bitch Planet
Astiberri, 2017.
136 páginas, 18 euros.

Bitch Planet ha sido creado por dos autoras, una a cargo del guión y la otra del dibujo. Pero encontramos más de lo mismo, corregido y aumentado. El dibujo es mucho peor, el relato roza lo incomprensible y lo que se llega a entender es insufrible. 


Las pelis de cárceles femeninas solían ser una oportunidad para voyeurs, fantasías masculinas que, en muchos casos con la excusa de la denuncia social, ofrecían la oportunidad de disfrutar de los cuerpos desnudos de lúbricas lesbianas tan enjauladas como cachondas. Aquí hay un buen puñado de señoras encarceladas pero muy poco cachondas, más bien prima el cabreo generalizado. Las autoras parecen decididas a renovar el género, mezclándolo con todos los componentes posibles del ámbito pulp y pop.

Como en todo relato posmoderno que se precie, exhiben una elevada dosis de autoconciencia. No se trata de suspender la credibilidad del lector según la fórmula clásica, sino todo lo contrario: mostrar el artificio y desvelar sus mecanismos de manipulación ideológica. Las autoras se esfuerzan por adoctrinarnos y al final se incluye una “guía de lectura” para que debatamos con nuestros amigos y amigas todo lo que hemos aprendido gracias a ellas. Por supuesto, se discuten los límites entre la cooperación y la sumisión, la revolución y las imposibles reformas, etc.

Más allá de sus intenciones, que son muchas y evidentes, Bitch Planet es otro tebeo malo, torpe en su narrativa y en la creación de personajes. Supongo que sus denuncias son necesarias, pero contar una historia no es tarea de predicadores sino de narradores, se necesitan protagonistas por los que podamos interesarnos y villanos que sean algo más que un cliché.

Lo único que consiguen es que su producto no sea ni un buen entretenimiento, ya que la matraca ideológica es demasiado evidente, ni cumpla con sus funciones educativas, doctrinarias, ya que los machistas a los que se trata de corregir sin duda saldrán corriendo espantados ante la propuesta. En conclusión, falta en la portada un aviso que diga: “Solo apto para Consejeras de Igualdad y sus mariachis”. A esto le llamo yo convertir a los conversos.
El mundo de la historieta está lleno de grandes autoras. Pero no todas las autoras de historietas son grandes.
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viernes, 7 de abril de 2017

COMICS POSROMÁNTICOS: KEI y SUNSTONE

POSROMÁNTICOS


Ha coincidido en las librerías el último volumen de Kei, crónica de una juventud con la aparición del tercer volumen de Sunstone. Ambas series suponen dos aproximaciones al fenómeno del amor quizás no tan diferentes como podríamos sospechar.


Comic Manga Kei Crónica de una juventud  de Koike y Kojima, amor
Ya comenté Kei cuando empezó a publicarse. Es otra obra monumental de los maestros Koike y Kojima, editado en España por ECC (356 páginas. 13,95 euros).

En este caso se habla del amor romántico, de la total dedicación del protagonista hacia la que desea como su mujer. Por ella está dispuesto a sacrificar toda su vida. Pero ella enloquece y se comporta como una niña así que el héroe debe afrontar una terrible realidad. Por mucho que haga por su amor ella apenas parece darse cuenta. En un determinado momento del relato la amada vuelve en sí. Pero, para permitir que él recupere parte de lo que ha perdido por su culpa, se larga, con la intención de convertirse en prostituta. Es en ese punto en el que arrancaba la narración.

Tras muchas penalidades Kei consigue recuperar a su mujer y finalmente logran algo así como una vida tranquila, se casan y el final es razonablemente feliz. Hasta que llega ese último capítulo todo son penalidades y obstáculos que Kei debe superar para reunirse con su amante. A menudo le asaltan las dudas sobre la pureza de su amor. En fin, es un trabajo grandísimo que bebe de una ya larga tradición, esa idea de dedicación y concentración en la persona amada. No pensando que tal esclavitud nos degradará y limitará sino todo lo contrario: nos permitirá conocernos de verdad y así también conocer al otro. Es cierto que en ocasiones esos enamoramientos pueden convertirse en servidumbre, pero tal cosa solo ocurre cuando se da una situación de desequilibrio, cuando uno se enamora del otro y el otro de sí mismo. El comic nos ha dado algunos grandes ejemplos de parejas románticas en las que era difícil determinar quién tenía más fuerza y personalidad, como nos ocurre con Kei y su mujer. Ya nos pasaba con El Príncipe Valiente y Aleta, un personaje femenino maravilloso.



comic amor Sunstone de Sejic volumen 3 lesbianas sadomaso
Curiosamente volvemos a encontrarnos esas dudas amorosas en un comic aparentemente más moderno y que debería de superar esas relaciones tan clásicas. Hablo de Sunstone, la obra de Stephan Sejic sobre lesbianas sadomasoquistas. En realidad describirlo así es un reduccionismo.

Ya hemos alcanzado el tomo tres y se aprecia un cierto bajón en esta última entrega. Se nos presentan personajes “normales” pero que tienen aficiones quizás no tan habituales. A una de las dos protagonistas le gusta el mando y a la otra la obediencia. Así que llegan a un acuerdo muy satisfactorio para ambas. Estamos en territorio bonobo. Aquí no se trata de amor, solo pura diversión. Pero resulta que según avanza la narración la cosa se complica. Y solo puede hacerlo en una dirección, que es la de los afectos.
Eso enriquece la historia ya que la pura biología es enemiga del erotismo. La única forma de aportar variedad es en el terreno sentimental así que Sejic lo intenta. Para mi gusto el resultado es un tanto blando y verboso.

Hablan mucho, piensan cantidad y la acción no avanza. Pero el intento es honorable y el dibujo sigue incluyendo un montón de trajes ajustados y sexys. ¿Acabará la esclava enamorada de su ama? Ya ha ocurrido antes. Por ejemplo, a la idiota de Dale Arden con el machote Flash Gordon. Aquello nunca llegó a funcionar del todo…
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viernes, 31 de marzo de 2017

LA CRÓNICA DE LEODEGUNDO. EL CANTAR DE PINIOL (II) DE MEANA

La crónica de Leodegundo -volumen 5 - comic sobre Europa Medieval
Edicions UIB, 2017.
SD Distribuciones
368 páginas, 27 euros.

LA SANGRE DE LOS PRÍNCIPES DE LA TIERRA


Puntual a su cita, nos llega el último volumen de La Crónica de Leodegundo. Concluye así la publicación en castellano de una serie que hasta ahora solo había conocido una edición anterior en bable.


Esa versión no obedecía a un empeño nacionalista de su autor sino a razones meramente económicas. En Asturias, como en tantas otras regiones de España, la lengua local recibe subvenciones que le permiten competir con la lengua común y aparentemente imperial.

Ningún editor en el resto del país había mostrado interés por su obra así que gracias a esas subvenciones pudo Gaspar ir publicando su Crónica. Aunque su sueldo era magro, soñó con concluir primero su epopeya y buscar más tarde quien se la editara en mejores condiciones y sobre todo, apuntando a públicos más amplios.

Décadas después ese sueño se ha hecho realidad de la manera más inesperada. Una Universidad en la otra punta de España decide producir cinco Integrales que recogen los veinticinco álbumes que componen La Crónica de Leodegundo.

Están agrupados por Cantares, cada uno dedicado a un descendiente del primer Leodegundo, un imaginario miembro de la monarquía asturiana. A través de sus aventuras Meana nos cuenta un drama tremendo, que culmina en el último tomo con la aparente eliminación de todos los pelágidas.

Es innecesario recordar cómo mejora el trabajo desde el primer al último libro. Aconsejado por Chiqui de la Fuente, Meana abordó los primeros álbumes armado con una plumilla, herramienta con la que no se sentía cómodo. En el segundo ciclo cambió a los rotuladores a los que estaba acostumbrado y todo fue diferente. No sólo sus acabados expresan una progresiva confianza, también su narrativa, llena de recursos cinematográficos, y sus perspectivas, visiones espectaculares al alcance de muy pocos. Y es que el autor une a su natural facilidad para el dibujo de espacios complejos, un profundo conocimiento histórico y arqueológico, de manera tal que puede desplegar impresionantes reconstrucciones históricas sin despeinarse. Vean si no las viñetas romanas del episodio XXIV y tantas otras.

La crónica de Leodegundo -volumen 5 - comic sobre Europa Medieval prerrománico asturias
Este último tomo nos depara además una agradable sorpresa como es la aparición del color en un pasaje del episodio XXIII.

Es la forma que ha tenido el autor de subrayar la importancia de ese holocausto que pone fin a una dinastía.
También emplea otro recurso como son las apostillas. El libro viene cargado de anotaciones, todas ellas escritas por Meana de su puño y letra. No ha permitido que se sustituyeran por letra de máquina para mantener el carácter de Códice, de manuscrito, de la obra.

En esas disquisiciones insiste en uno de los temas centrales: la legitimidad. Cómo los enemigos políticos pelean no solo en el plano militar, digamos real, también en el ideológico, de la propaganda. Así que el vencedor se asegura de reescribir la historia para que se ajuste a sus designios.

Dentro de esos planes aparece uno de los edificios más populares del prerrománico asturiano, cuyo estatus religioso Meana discute. Al contrario supone que actuó más bien como marco y telón de fondo de una pavorosa representación. Palacio de Justicia lo llama él. Una justicia pervertida y en manos de un tirano, que se asegura de eliminar a aquellos que no le demuestran una fidelidad perruna. Si la secuencia es tremenda, yo les aconsejo que se armen de paciencia y estudien las notas, en ellas da sobradas explicaciones de cómo ha llegado a esas conclusiones, de las pistas que ha seguido, también de las dificultades que ha encontrado en su camino.

Toda la Crónica, ya lo he comentado en anteriores ocasiones, supone un gran fresco medieval. Al contrario que otras historias locales, el autor nunca se detuvo en su geografía más cercana. En este último tomo seguimos a los vikingos en una razzia por el sur, cabalgamos con los agarenos por Roma y nos desplazamos con los personajes de una punta a otra del mundo conocido.

La Crónica nos permite asomarnos a los primeros tiempos de la Reconquista y sentir la frustración de los desplazados por el Islam. También comprobar las flaquezas y la villanía que abundaban a un lado y otro de una frontera siempre movediza.

En el texto final, cuando el autor enumera los logros que esperaba alcanzar con su obra, concluye afirmando: “…de corazón renunciaría gustoso a todo ello si a cambio hubiera conseguido un canto de fraternidad inquebrantable entre los pueblos de la Península Ibérica y de sus islas, un canto capaz de superar el odio y la cizaña que las egoístas élites políticas y locales siembran entre hermanos. Acaso el recuerdo aquí reverdecido de que la desunión y la insolidaridad atrajeron en el pasado sobre esta familia mal avenida las mayores desgracias lleve a la reflexión". Que así sea.

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viernes, 24 de marzo de 2017

WILL EISNER. THE CENTENNIAL CELEBRATION

Will Eisner. The centennial celebration 1917-2017 Kitchen Sink Books
Will Eisner. The Centennial Celebration/ 1917-2017
Kitchen Sink Books, 2017.
178 páginas, 50 $

EN EL CENTENARIO DE EISNER 

Will Eisner no llegó a centenario por apenas una docena de años. Ahora se celebran esos cien años desde su nacimiento, con una expo que recorrerá Europa y los USA.


Pudimos verla en enero en Angouleme y en marzo se desplazará a la Sociedad de Ilustradores de Nueva York. Una buena oportunidad para disfrutar con los originales de uno de los grandes revolucionarios del medio. Alguien que fue mucho más que un gran dibujante, un estupendo guionista, un innovador de la puesta en escena y un competente teórico.

Hay un aspecto sobre el que llamaba la atención Bob Andelman, autor de “El espíritu de una vida”, la excelente biografía oficial de Eisner, que aquí publicó Norma en 2008. Se trata de su vertiente como hombre de negocios, una faceta que al gran creador no le gustaba mencionar pero que marca toda su trayectoria.

Conocemos la culminación de ese rasgo: la invención de la forma más respetable que ha adoptado el comic hasta el presente, la afamada “novela gráfica”. Aunque otros reivindican experimentos similares y previos, fue Eisner quien de forma sistemática buscó y desarrolló un modelo que le permitiera situarse en librerías.

No solo para alcanzar a los lectores de comic habituales, también a aquellos acostumbrados a otras formas narrativas y a quienes podía seducir si les ofrecía un formato parecido al libro “normal”. No solo eso, también acertó con unas temáticas realistas y próximas a la confesión personal, fórmula que todos los autores que le siguieron han repetido hasta la extenuación.

A Eisner, por supuesto, le encantaba discutir los asuntos propios del medio, la narrativa, la puesta en escena, los contenidos… Y luchaba por elevar el prestigio de un arte en el que creía. Por eso prefería no enzarzarse en las habituales discusiones sobre lo mal pagados que estaban los dibujantes o lo mal que les trataban los editores. Pero lo evitaba también por otra razón. Más allá de sus veleidades culturales, Eisner era un hábil negociante. Lamento que suene a estereotipo judío, pero los hechos fueron estos: consiguió una temprana independencia económica evitando tener un jefe, convirtiéndose él en patrón. Ser un empresario le permitía actuar con independencia y aplicar su talento en proyectos cuyas características solo él determinaba.
Se pasó toda la vida quejándose de la ocasión en que le obligaron a ponerle un antifaz a Spirit. Yo le oí contarlo en Gijón, ante un público entregado, entre quienes se contaba Gaiman. Él quería dibujar una serie negra realista, pero los superhéroes estaban de moda. Con un antifaz y unos guantes lo solucionó. Pero no perdonó nunca aquella intromisión.

Will Eisner. The centennial celebration 1917-2017 Kitchen Sink Books
El Eisner artista se avergonzaba del mercader. Pero uno nunca habría sido posible sin el otro. ¿Cuántos grandes dibujantes han sido llevados a la desesperación por editores ineptos, directores maleducados o empresarios explotadores? Son legión. Eisner en cambio alcanza la grandeza, se siente un artista, porque piensa como un empresario, eso que ahora se llama “emprendedor”. Hay quienes lo tratan de tacaño pero son más los autores agradecidos porque les dio una oportunidad. Casi toda la generación siguiente, los nacidos en el 27, pasaron en algún momento por su estudio. Y muchos hablaron bien de él. Transmitía entusiasmo, la misma energía que todavía emana de sus planchas, tanto las originales como reproducidas en cualquiera de sus muchos volúmenes. ¿Todavía no han leído “La Avenida Dropsie” o “Las reglas del juego”? ¿Y a qué esperan?

El catálogo de la muestra del centenario es de lo más recomendable, gran formato, estupendas reproducciones y textos variados a cargo de Gravett, Kitchen y otros. Sobre todo incluye muchas imágenes, acompañadas por extensos y jugosos comentarios.

De nuevo, viajamos a Angoulema gracias al patrocinio de ILLENC, la institución que se encarga de buscar oportunidades (¡trabajo!) para los autores de cómic de las islas. Este año la cosa pinta bien. Tras el éxito de Fitur, donde la participación de los dibujantes en el stand de las islas se saldó con un premio, se avecina una intervención en un museo de Palma. Este romance institucional tiene sin embargo un punto negro, protagonizado por la Consejería de Educación y Universidad. Los planes de abrir un Ciclo de Comic en Palma se han detenido (ya saben: “lo estamos estudiando”) y no parecen capaces de desatascar la normativa que afecta a los Ciclos de Ilustración y Fotografía.

Después de veinticinco años, unos estudios por los que han pasado muchos de los dibujantes e ilustradores de las islas parecen abocados al cierre. Y no por falta de alumnos. Y es que, pese al tolerante discurso oficial, todavía hay muchos hombres (y mujeres) que odian los tebeos. Ellos se lo pierden.
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jueves, 16 de marzo de 2017

SURFACE TENSION de J. GUNN

Surface Tension de Jay Gunn edita Medusa Comics naturaleza postapocalipsis
Medusa Comics, 2017.
192 páginas, 18,50 euros


UN MUNDO MEJOR


El día de los trífidos o la trilogía cinematográfica de Quatermass son fantasías británicas que ya consideramos clásicas, por su capacidad para inquietarnos y conmovernos. Jay Gunn bebe de esas fuentes y se nota.


Este creador británico trabajaba en el ámbito de los videojuegos hasta que decidió que tenía una historia que contar y que lo haría con el formato del comic. Su dibujo es original y luminoso y en parte recuerda al de su compatriota Bryan Talbot.

Como él, no duda en emplear referencias fotográficas que aportan un extra de realismo a las figuras. Con las fotografías siempre se corre el riesgo de perder expresividad y movimiento, como el propio autor advierte en el epílogo, donde explica con claridad su proceso de trabajo. Pero él no calca sino que redibuja y eso se nota en sus acabados que en general evitan la rigidez y, al contrario, sorprenden por su fantasía y por los esfuerzos de sus “actores de papel” a la hora de interpretar sus diálogos.
Coincide con Talbot en otro aspecto, como es el gusto por las escenas surrealistas, los momentos alucinatorios en los que todo parece derretirse y se nos permite participar de fantasías realmente lisérgicas. A todo eso cabe añadir el toque Miyazaki, muy evidente en el diseño de monstruos pero que también afecta al tono del relato, con sus avisos ecologistas y la idea subyacente de que si nos pasamos con la Tierra, en algún momento se nos devolverá el golpe.

Ese es el tema central del argumento y donde más se aproxima a los célebres trífidos. El relato comienza cuando lo peor ya ha pasado. Se nos muestra un escenario posapocalíptico, un mundo poblado por extrañas formaciones coralinas y donde los humanos supervivientes conviven con unos bizarros animales marinos, los selkies, una suerte de sirenos feos, como perros o cerdos acuáticos. Tienen unos primos algo más desagradables, unos parientes lejanos del kraken que mantienen a los hombres alejados del mar.
Surface Tension de Jay Gunn edita Medusa Comics ciencia ficcionCon unos cuantos flash-back se nos narran los días anteriores al desastre, con la aparición de los corales gigantes y los primeros síntomas de la enfermedad. La idea es que un virus desconocido provoca una peste que prácticamente liquida a toda la humanidad. Sus consecuencias son especialmente repugnantes. La carne empieza a derretirse y la gente siente la imperiosa necesidad de volver al mar. Allí se convierten en sopa, vuelven al origen.

La acción se inicia cuando dos víctimas consiguen regresar de las profundidades. Pero su piel es azul y su comportamiento extraño. Lo que sigue es una enloquecida aventura en la que toda una especie, la nuestra, lucha por su supervivencia. El tema general tiene que ver con nuestra posición en el mundo y nuestra relación con el entorno. Obviamente, como el ya citado Miyazaki, éste es solo el motivo recurrente, el contenido profundo de un comic que en superficie es una trepidante historia de ciencia-ficción. El autor aborda estos tópicos con seriedad y nos planta ante la paradoja última de todo pensamiento ecológico: ¿puede el hombre sobrevivir si no cuida su entorno? ¿No es lógico que ese entorno intente deshacerse de ese virus tan dañino, o sea: de nosotros? Esta es la convicción que subyace en mucho movimiento animalista, ecologista o verdurista. Para salvar a la humanidad quizás sea necesario deshacerse de una buena parte de ella. ¿O no?

Gunn confiesa que la historia nació en su infancia, cuando pudo comprobar las consecuencias de un accidente en una planta química en la que trabajaba su padre. Los peces muertos en el río le impactaron, pero cuando escribió el guión estaba enfermo de cáncer. El cómic tuvo un indudable efecto terapéutico sobre él. La pregunta central se desplazó desde su foco inicial, una denuncia de la irresponsabilidad humana, a otra aspiración más universal: las ganas de vivir y nuestro derecho a seguir en pie… un poquito más. No se lo pierdan.


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viernes, 10 de marzo de 2017

BERNARD PRINCE INTEGRAL de HERMANN, GREG, DANY, YVES H Y AIDANS

 Bernard Prince Integral 4 de Hermann, Greg, Dany, Yves H. y Aidans, editado por Ponent Mon
Ponent Mon, 2017.
200 páginas, 38 euros.

SUCIO REALISMO


Se suele afirmar que aunque son los dibujos lo que primero nos atrae de un cómic, es el guión el que nos mantiene leyendo. Hablamos de una forma artística narrativa y al final lo importante es lo que se nos está contando. Obviamente, ese “lo que se nos está contando” está muy mediatizado por la puesta en escena.


La misma historia interpretada por dos dibujantes diferentes se encarnará en un relato trivial en un caso y en una narración que nos engancha en el otro. Es por eso que, aun admitiendo la importancia del guión como motor inicial, todos asociamos a determinadas series con dibujantes concretos.

Modesty Blaise no es la misma tras la muerte de Holdaway. Ken Parker no se disfrutaba igual cuando los lápices (¡y las tintas!) no eran de Milazzo. Ahora nos llega un último Integral de Bernard Prince. Y en él comprobamos por partida doble que el orden de los factores sí altera el producto.

Si no conocen la serie les recomiendo que comiencen por el segundo tomo, donde se incluyen algunos de los mejores episodios de este clásico de Greg y Hermann: “La ley del huracán”, “El soplido del Moloch” y, sobre todo, el extraordinario “La isla en llamas”, una indiscutible obra maestra. A finales de los setenta Hermann se largó para hacerse cargo de sus propios argumentos. “Si sabes dibujar, sabes escribir” afirmaba con arrogancia desde la contraportada de su serie Jeremiah. Al leerlo se podía comprobar cuán equivocado estaba.

El marino imaginado por Greg no permaneció huérfano mucho tiempo. La editorial decidió probar suerte con otros dibujantes. Dany primero en dos álbumes y Aidans después en un tercero. No son autores mediocres pero los resultados sí lo son. Con el paso de los años sentimos los esfuerzos del guionista por mantenerse al día, incluyendo asuntos de actualidad como una revolución en un país africano. En la serie abundaban los golpes de estado y las luchas por el poder. Pero siempre desde una perspectiva muy estilizada en la que el héroe marcaba la diferencia. Esa especie de Quijote y Sancho que eran Prince y Barney, repetían un esquema tradicional.

El protagonista siempre se ajustaba a unas inflexibles reglas morales, que incluían un alejamiento estricto de la violencia. Prince no mataba, tan solo se defendía cuando era estrictamente necesario.
 Bernard Prince Integral 4 de Hermann, Greg, Dany, Yves H. y Aidans, editado por Ponent Mon
Los malos sí, banalizaban el asesinato y se reían del héroe cuando mostraba su repugnancia hacia brutalidades sin sentido. Barney era algo más pragmático y aportaba un punto de vista más realista. Pero eso dejó de ser así en los ochenta. Ese Prince crepuscular ya no es un corderito sino un hombre de acción dispuesto a coger una metralleta y llevarse por delante a quien sea necesario. Ese cambio de tono, unido a unos grafismos no tan inspirados como los de Hermann, consigue que no disfrutemos tanto de unos álbumes que permanecían inéditos en España.

Al final del volumen vuelve el dibujante original, acompañado de su hijo Yves al guión. Llevan años fabricando historias juntos, hasta ahora sin demasiada fortuna. Treinta años después de abandonar la serie, Hermann nos ofrece la versión más realista y cruda del personaje, aunque en el fondo no hace sino seguir los pasos que ya había dado Greg en sus últimos álbumes. El resultado no es bueno. Primero porque realiza su trabajo con color directo. Con las acuarelas tiende a saturar de blanco las páginas y a mantener unas sensaciones muy monocordes, que dificultan la lectura. Y después el argumento incide en abordar asuntos que no le pegan al personaje.

Catálogo Hermann en Angouleme expo bande desineeDe nuevo empuña la metralleta para actuar sin piedad y además se añade una irrelevante comparsa femenina. Tradicionalmente la presencia de la mujer en los tebeos franco-belgas no ha sido gran cosa. Y Prince no era una excepción. Pero al menos cuando salían tenían más carácter y no se veían obligadas a mostrar sus tetas enarbolando el rótulo “esto es un tebeo serio y para adultos”. Porque se consigue más bien el efecto contrario. Esa voluntad de endurecer un producto que nació estilizado, de convertir al recto héroe en una suerte de Rambo de segunda, tan sólo logra provocar un firme rechazo en los lectores. Ese no es Bernard Prince.

Para quitar el mal sabor de boca aconsejo adquirir el catálogo de la expo que le dedicaron este año a Hermann en Angouleme: “Hermann, le naturaliste de la bande dessinee”. La muestra era impresionante y nos reconciliaba con un autor de carrera errática. Ya lo he dicho anteriormente. Admiro mucho sus colaboraciones con Greg, el citado Prince y Comanche. Pero cuando se pone a dibujar sus propios guiones es más irregular. Hay episodios excelentes en Bois-Maury y Jeremiah, junto a otros muchos irrelevantes.
Lo que ocurre es que si el Hermann escritor acierta a veces, el dibujante no falla nunca. Y eso se comprueba al admirar sus originales. ¡Qué planos generales, qué paisajes, qué tramados, qué iluminación! Y también ¡qué producción! Es un trabajador infatigable y un artista tremendo y nunca se le debe subestimar.
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viernes, 3 de marzo de 2017

EL CUARTO MUNDO de JACK KIRBY

BENDITA FANTASÍA
Aunque en el campo de la ciencia ficción los autores de comics han realizado muy variadas e interesantes propuestas, aparentemente los superhéroes siguen mandando en nuestra imaginación.


En Europa hemos tenido a Jeff Hawke, a Valerian y ahora mismo a Leo surcando la galaxia. Los nipones parecen disfrutar con sus escenarios posapocalípticos y sus bizarros robots. Pero la manifestación más popular de la fantasía en viñetas está en manos de los tipos con el pijama por fuera. Recientemente se recuperaban dos obras clave para entender la evolución de esos personajes, en dos bonitos tomos perfectamente editados.

El cuarto mundo de Jack Kirby 
ECC, 2016.
400 páginas, 35 euros.

Por un lado El Cuarto Mundo, uno de los trabajos más importantes de Kirby, que es como decir el padre fundador de la mitad del Universo Marvel. Como es sabido sus relaciones con la casa no siempre fueron agradables así que en un determinado momento decidió largarse. Y se pasó a la compañía rival, DC. Allí, como de forma muy amena explica Mark Evanier en el epílogo, se hizo cargo de la serie dedicada a Jimmy Olsen, que no tenía un equipo creativo propio y le permitía hacer lo que le viniera en gana. El resto es historia.

Kirby generó un nuevo universo en el que se reflejaron no pocas de las tensiones de la América de los sesenta-setenta, con unos nuevos dioses de aspecto disparatado y juguetón y un villano tremendo, Darkseid, y el escapista Mr. Miracle y la Gran Barda y tantos otros.

Como podrá comprobar cualquiera que hojee este recopilatorio, los mundos de Kirby apenas pueden ser contenidos por unas viñetas que siempre parecen a punto de estallar. Aunque presididos por una ironía constante, sus episodios son tan épicos y dramáticos como un humano es capaz de imaginar. Coincido con Morrison cuando en la intro habla del tono casi religioso, trascendental, de muchas de sus aventuras. Todo lo que ocurre en un comic de Kirby es extenuantemente importante. En todo momento.


La nueva Frontera de Darwyn Cooke
ECC, 2016.
520 páginas, 43 euros.

A comienzos de este siglo Darwyn Cooke decidió que tendría sentido ofrecer una revisión de los superhéroes que componían la constelación DC. Cooke debía mucho a Kirby, deudas fácilmente apreciables en su dibujo.

Pero como hijo de su tiempo, retrató a aquellos titanes como parte de una realidad no tan brillante, una década de los cincuenta en la que las tensiones atómicas y el miedo a un enemigo invisible propiciaron numerosas fantasías pobladas por invasores extraterrestres, monstruos de todo tipo y, en los tebeos, una densa familia de superhéroes con los que jugar.

Los aficionados pueden disfrutar “La Nueva Frontera” como un fenomenal homenaje. De hecho al final se incluye una larga lista de guiños que se reparten por las páginas de la obra. Los no interesados en la edad de oro del comic americano (¿o era de plata?) pueden sentirse algo más perdidos, con personajes secundarios a los que no se reconoce bien y que el autor apenas pierde el tiempo en presentar. Pero esa confusión se ve compensada por el punto de vista que adopta la narración. No importa tanto lo que sepamos o no del Universo DC.
Porque Cooke se esfuerza por anclarlo a una realidad más cercana a libros como el estupendo “Elegidos para la gloria” de Wolfe, que a ningún tebeo. Construye su trama enhebrando historias clásicas de la editorial, pero aferradas a una realidad que se reconstruye a través del mito. Todo con su dibujo sintético y espectacular y una narrativa arrolladora. Es un bonito intento, pero algo cansino.

En su momento sólo leí el primer episodio y ahora comprendo por qué. Admiro al Cooke de Parker y lamento mucho su temprana pérdida. Nos dejó el año pasado, con cincuenta y cuatro años de edad, cuando estaba dibujando algunos de sus mejores tebeos. Pero no en este caso. Cómprenselo si quieren, como homenaje al autor.

El tomo es realmente espectacular y viene cargado de extras. Pero su constante empleo de viñetas panorámicas cansa y el relato tarda mucho en despegar y emocionar. Con todo es un esfuerzo muy valorable y lleno de momentos impresionantes servidos con un dibujo delicioso y un color perfecto.
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viernes, 24 de febrero de 2017

JAMÁS TENDRÉ 20 AÑOS de J. MARTÍN

Jamás tendré 20 años de Jaime Martín edita Norma
Norma editorial, 2016.
120 páginas, 22 euros.

LIBERTAD CON IRA
Jaime Martín añade un nuevo volumen a la ya abultada lista de comics españoles ambientados en la Guerra Civil. En este caso además dedicando una buena cantidad de páginas a la posguerra.


Lo confieso: hacía tiempo que no lo hincaba el diente a los comics de Martín. Llamó la atención de los aficionados cuando presentó su “Sangre de Barrio” en El Víbora. Eran los ochenta y su mirada parecía la de un testigo directo que nos permitía asomarnos a las andanzas de unos adolescentes jevis con no pocos problemas económicos y sentimentales.

En posteriores álbumes adoptó diversos tonos, de la farsa al delirio porno-cachondo. Su dibujo y su narrativa siempre han sido correctos, sin florituras. Y con los años ha ido depurando unos grafismos que cada vez tienen mejor aspecto. Esa es la principal razón para acercase a este “Jamás tendré veinte años”. Su línea es directa y sintética y viene acompañada por un color plano, climático y funcional. La portada es encantadora.

Y sin duda lo que cuenta no carece de interés. Seguimos a una pareja a través de sus peripecias en la Guerra Civil, desde Melilla, donde la protagonista trabaja de costurera. Ya en Barcelona conoce al que será primero su novio y más tarde marido y padre de sus hijas. Se suceden diversos episodios bélicos y después llega la posguerra. La primera secuencia en esa parte es un fusilamiento frustrado. Alguien denuncia al héroe y, cuando parece que todo está perdido, uno de sus ejecutores lo reconoce y perdona.
A partir de ahí se produce una cierta mejoría social de la familia, a través del contrabando y del trapicheo en el mercado negro. El énfasis del relato se centra en la figura de la madre, auténtico motor del grupo y la que con más rapidez se sobrepone a los constantes reveses del destino. El tono general es muy dramático, comenzando por las primeras bajas de la guerra, prosiguiendo con las inevitables carnicerías en el frente de batalla y culminando con los rencores acumulados y los enfrentamientos omnipresentes en la posguerra.

Jamás tendré 20 años de Jaime Martín edita Norma
MartÍn, como tantos otros antes que él, no esconde su voluntad de prestar su voz a los vencidos, algo que ahora asociamos con la memoria histórica pero que ya era característico en otras obras del pasado, como “Lo que el viento se llevó”. Allí se hacía una loa a un mundo ya desaparecido, ese mitificado y caballeroso sur, que las brutas y sucias tropas del norte se habían llevado por delante. Sorteando pequeños obstáculos morales como la esclavitud, el film adoptaba el punto de vista de los acaudalados señores que habían visto derrumbarse sus encantadores mansiones. Hasta se contemporizaba con el Ku-Kux-Klan, ante los desmanes de unos negros que nunca debieron ser liberados. En realidad, gran parte de los comics dedicados a nuestra Guerra Civil funcionan de forma similar. Todo se justifica y olvida porque nos machacaron, porque nuestra historia nunca ha sido contada. Así que se establece una línea a un lado de la cual todo son víctimas angelicales y al otro verdugos sin escrúpulos. Esto no suele ser lo mejor para un relato.
¿Por qué después de tantos años seguimos disfrutando con las andanzas de Escarlata y padecemos con la decadencia de Tara? Porque allí sí que había personajes. No solo un asfixiante discurso moral. En “Jamás tendré veinte años” todo chirría desde la primera secuencia. Si la prota ignora al humilde pescadero y prefiere al progre enrollado que la va a enseñar a leer y otras cosas, ya sabemos que el primero se convertirá en un facha con sed de sangre. Y suma y sigue. En la secuencia final, la hija del héroe no puede ser la novia del hombre que le delató. Así es cómo se transmiten los odios de una generación a la siguiente. Toda una lección.
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viernes, 17 de febrero de 2017

JULIETTE, LOS FANTASMAS REGRESAN EN PRIMAVERA de JOURDY

Ediciones La Cúpula, 2016.
244 páginas, 30 euros.


MILES DE CUERPOS FLOTANTES
Rosalie Blum, el anterior trabajo de la autora francesa Camille Jourdy, fue adaptada al cine en 2015. Ahora nos llega su nueva obra, Juliette.


Aunque la depresiva y lánguida protagonista da título a esta novela gráfica, no se dejen engañar, la narración no se centra en un único personaje sino que salta con alegría de uno a otro, acumulando un nutrido elenco de secundarios. No sólo la hermana y los padres de Juliette, también su aspirante a novio y todo su entorno, ese microuniverso focalizado en un cutre bar de pueblo, con todas las miserias y alegrías habituales en tales antros. Juliette es una obra coral y también anticlimática.

Los héroes no tienen eso que las guías llaman “trayectoria”, tan solo deambulan por el relato intentando meter la pata lo menos posible. Más que de aprendizaje se trata de memoria, de recordar cosas sabidas y olvidadas. Se completan unos recorridos y al final del trayecto se vuelve (o se intenta volver) al punto de partida. En ese sentido el trabajo de Jourdy está lleno de agridulces contradicciones. Necesitamos a alguien pero decidimos pasar de él. Queremos una vida y la contraria. Los padres se odian pero al mismo tiempo se aman. La hermana débil resulta fuerte y decidida y la fuerte está llena de debilidades, o algo así.

El mundo descrito por la autora es el hogar al que se vuelve para intentar encontrar un sentido a la propia vida. Pero cuando los secretos se desvelan lo que queda es el afecto y un autoconocimiento que lleva a la aceptación. La parisina vuelve a París y los pueblerinos se quedan en el pueblo y todo es como debería.
Jourdy no sólo escribe con cariño sobre las acciones de sus personajes, también los dibuja con ternura. Su grafismo es contenido y acogedor, con una aproximación casi naif que delata el amor que siente por esos desgraciados. Sus vidas, supuestamente provincianas y desprovistas de interés, se muestran llenas de color y pasión. Las ilustraciones sin línea que salpican el álbum intentan completar ese mural de sensaciones que va levantando la historia, aportan matices y detalles, redondeando nuestra visión del conjunto.

Y todo ello teñido con un humor y una socarronería que engrasan a la perfección la lectura de una narración muy bien desarrollada. El amante que se disfraza para complacer a su querida, la madre artista, el borracho poeta y romántico, todo el repertorio de personajes es peculiar y diferenciado, pero no excéntrico, no se trata de acumular chiflados y brindarnos un circo donde nadie puede reconocerse. Al contrario, sus creaciones son reales, nos sentimos próximos a sus muy cotidianas tragedias: los divorcios, la inminencia del Alzheimer, el olvido y la muerte, el fin del amor, el sinsentido de la vida. Jourdy aborda temas muy profundos. Pero lo hace con sus pequeños dibujos y con un tono ligero y casi casual que nos transporta a un mundo que, sin ser perfecto ni mucho menos, resulta acogedor y familiar. Y nos gustaría quedarnos en él. Puede ser triste y zafio, pero también tierno y tremendamente humano.


Entrevista a Camille Jourdy from videos laletra on Vimeo.
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viernes, 10 de febrero de 2017

EL TESTAMENTO DE WILLIAM S de SENTÉ y JUILLARD

El testamento de William S. de Sente y Juillard - Aventuras de Blake y Mortimer
Norma, 2017.
68 páginas, 16 euros.

DOBLE SHAKESPEARE


Hace ya tiempo que puede considerarse a Yves Sente como uno de los mejores guionistas europeos de la actualidad. Cuando además viene acompañado por André Juillard, la calidad está casi asegurada.


Como en el caso que nos ocupa, un nuevo episodio de Las aventuras de Blake y Mortimer. Ya lo he comentado en anteriores ocasiones: no soy un fan de las historias originales de Jacobs. Creo que era un narrador mediocre que creó un tebeo cargado de textos y de indigesta lectura. Sorprendentemente, con esos mimbres Sente lleva años construyendo comics realmente buenos. Y este no es una excepción. Juillard, como acostumbre, adapta su estilo a la estética Jacobs aportando su fría pero eficaz limpieza. Viene acompañado por el excelente color de Madeleine DeMille, cuyas cálidas gamas adquieren un inusitado protagonismo en los encantadores paisajes.

Quienes hayan leído los anteriores álbumes ya saben a qué atenerse. Un ritmo pausado que viene marcado por la lectura de densos párrafos de texto. En este caso los bocadillos alcanzan un volumen colosal y son muy numerosos. Pese a ello la historia se sigue con interés y no es posible abandonar el libro hasta su conclusión. Guionista y dibujante se esfuerzan por trasladarnos a esa Inglaterra de posguerra, un mundo civilizado donde predominan las buenas maneras y los villanos resultan fuera de lugar, como pirañas en una bañera. Lo cierto es que ese entorno que se reconstruye de manera idílica resulta muy acogedor. Especialmente satisfactorios son los diálogos entre Mortimer y la hija de su vieja amiga, intercambiándose piropos y derrochando amabilidad. ¡Es un gustazo y un verdadero cambio respecto a los diálogos “realistas” con que acostumbran a castigarnos los guionistas!

El testamento de William S. de Sente y Juillard - Aventuras de Blake y Mortimer
Respecto al relato en sí, gira en torno a la figura de Shakespeare, que sirve como excusa para una trepidante aventura. En un palacio veneciano se descubren los restos de un noble que ha dejado explicada en un manuscrito su relación con el escritor. Para esclarecer el misterio deben resolverse algunos enigmas que llevan a nuestros héroes desde la apacible Inglaterra a la bulliciosa Italia.

Por el camino intervienen viejos conocidos como el malvado Olrik y se presentan nuevos secundarios como la maravillosa coleccionista americana Peggy Newgold (¡qué gran nombre!), o el impresionante mayordomo Salman.

No solo la acción en el presente está perfectamente dosificada y explicada, es que además se intercalan con precisión las escenas del pasado y todo lo que se narra sobre Shakespeare es curioso y hasta educativo. Se nos cuenta la vida del gran autor, salpimentándola con una nueva versión que es la base de este álbum. Se trata de explicar cómo un palurdo que vivía en el campo como él pudo acceder a las fuentes clásicas que pueblan y en más de un caso originan sus obras. Paradoja que ha llevado a muchos a negar su autoría y a adjudicársela a otros creadores más nobles. Senté tiene su propia teoría y la desarrolla con amenidad y vigor.

El resultado es un álbum apasionante con componentes de Agatha Christie y también del cine Hitchcock. Hay cuartos con llaves secretas, herencias en juego, logias masónicas, persecuciones a lomos de un Ferrari, gamberros sueltos por el parque y un sinfín de elementos más. No se lo deben perder.
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viernes, 3 de febrero de 2017

TANGUY Y LAVERDURE INTEGRAL 6 de CHARLIER Y JIJÉ

Tanguy y Laverdure. Integral 6 Pelea en el desierto de Charlier y Jijé
Ponent Mon, 2016.
196 páginas, 32 euros.

POR TIERRA, MAR Y AIRE

La política de recuperación de personajes clásicos del tebeo franco-belga nos brindó dos nuevas alegrías en 2016. Dos volúmenes que mejoran nuestro conocimiento de ese genio del comic que fue Joseph Gillain, Jijé.


En 2011 yo saludaba con entusiasmo la publicación de Jerry Spring, uno de los más grandes westerns que se hayan realizado jamás. A los cinco gruesos volúmenes del héroe del Oeste se sumaron después los correspondientes a Tanguy, el piloto de Mirage que había sido inicialmente dibujado por Uderzo. Ya han aparecido dos, siempre con guión de Charlier. El mismo escritor acompañó a Jijé en la que sería su última obra y que recientemente también se ha traducido por aquí.

Se trataba de una aventura de Barbarroja dividida en dos álbumes. Lamentablemente Jijé falleció y no pudo concluirla. Hay casi una década de diferencia entre el integral de Tanguy y el de Barbarroja, pero eso apenas se percibe en su trazo y en la energía que emana de sus viñetas. En ambos casos el autor tuvo que “adaptarse” al estilo de quienes le precedieron. Hubinon, en la clásica serie de piratas, era más contenido y estático y sus planchas se derrumbaban bajo el peso de los textos de Charlier. Digamos que Jijé hace lo que puede para mantener a raya la logorrea de su compañero.

En Tanguy y Laverdure sucedió a un autor mucho más capacitado, por entonces ya totalmente concentrado en su exitoso Asterix. Pero la popularidad de la serie de televisión derivada de los álbumes permitió a Jijé ir imponiendo su estilo al tiempo que aplicaba a los protagonistas los rostros de los actores televisivos, dejando atrás las referencias y el tono marcados por Uderzo.

Tanguy y Laverdure. Integral 6 Pelea en el desierto de Charlier y Jijé
Los dos integrales vienen como es habitual cargados de información y entrevistas.
Muy interesante resulta la dedicada a Benoit, hijo de Jijé. En ella cuenta el viaje al que se lanzaron por México y USA, en un momento en que el autor supuso que los americanos apreciarían su arte. En América coincidió con Goscinny, Franquin y Morris. Al final acabó mandando planchas por correo a Dupuis. También comenta Benoit Gillain la inefable generosidad de su padre, que regaló o traspasó personajes que había creado a otros amigos dibujantes. Muchos se enriquecieron con ellos y Jijé no cobró ni un duro en derechos. Le pasó Spirou a Franquin y también había dibujado El teniente Blueberry antes de cedérselo a un principiante Giraud. Este último ya le había echado una mano en un episodio de Jerry Spring. La posición de Jijé como figura central del comic franco belga ha sido reconocida por muchos de sus colegas y amigos, empezando por el propio Giraud, pero también por Hermann o Mezieres, otro habitual en su casa.

Lo que la combinación Jijé-Charlier nos ofrece es una buena dosis de aventuras. Algo más parsimoniosas en el caso de Barbarroja y trepidantes en Tanguy y Laverdure. Al dibujante no le interesaban los aviones pero se desquitaba en secuencias como las cabalgatas por el desierto. Abundan en una saga que transcurre en un imaginario país árabe con ecos de Jordania. Entretenido, muy aventurero y servido con el trazo de un indiscutible genio. Ya esperamos por el siguiente.
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viernes, 27 de enero de 2017

UNA CHICA DIOR de GOETZINER

Norma Editorial. Barcelona 2016.
152 páginas, 35 euros.

MONSIER DIOR


Annie Goetzinger acaba de publicar un delicioso volumen sobre el mundo de la moda.


Más concretamente sobre Christian Dior, una biografía tan complaciente como encantadora. Todo es elegante y fluido y nos permite redescubrir la mejor versión de una creadora no muy conocida por aquí. En su momento se publicó su versión de Casco de oro pero es mucho más recordada por su colaboración con el recientemente fallecido Víctor Mora. Aunque se asocia a Mora con el género histórico, a través de personajes como El Capitán Trueno, El jabato o El Corsario de Hierro quizás él se sentía más cercano a los superhéroes de lo que podríamos pensar. No olvidemos toda aquella serie de personajes vinculados a la fantasía que creó para Bruguera. Si hay algo en España que se parezca a los universos superheróicos de Marvel o DC son las series que facturó acompañado por un sólido conjunto de dibujantes talentosos y sin miedo a ser diferentes: Supernova, Astromán y Roldán sin miedo. Más tarde llegaría la fallida Tequila Bang y, por supuesto, Felina. Esta última fue dibujada por Goetzinger, que aportaba un toque chic y cargado de referencias art-nouveau a un personaje ambientado en un decadente fin de siglo. Mora tenía la sana voluntad de ofrecer productos populares y aunque aprovechara las historias para transmitir sus ideas, no evitaba recurrir a estereotipos de probada eficacia. Así que algunas de sus chicas podían comportarse como auténticos machotes, usando a sus amantes como toallitas de papel desechables, lo que provocaba sensaciones muy poco habituales.

Como fuera, la Goetzinger contaba con un dibujo estilizado que parecía ablandar los relatos y no guardo un gran recuerdo de aquella serie. Mucho mejor fue su trabajo con Christin, reconocido guionista, colaborador de Mezieres, Bilal y otros. Con él ha dibujado varios álbumes, aunque por aquí sólo se publicó uno: La diva y el Kriegspiel, una sutilísima aproximación al asunto de los colaboracionistas y las problemáticas relaciones entre arte y política. Manteniendo esa peculiar delicadeza de su grafismo, allí la autora parecía ajustarse mejor al relato. Esa excelente obra apareció en la revista Vértigo en los ochenta. Luego alguna historieta suelta en álbumes colectivos y poco más. Me sorprende que no se hayan traducido sus otras colaboraciones con Christin pero imagino que pronto se subsanará ese error.

En todo caso hacía mucho que apenas sabíamos nada de ella y su regreso ha sido a lo grande. No esperen una GRAN historia, pero sí un relato modesto y contenido con una moderna Cenicienta como protagonista, un pequeño vistazo al mundo de la moda realizado con cariño y un gusto por el detalle muy de agradecer. Goetzinger saca sus mejores acuarelas y dibuja con delicadeza algunos trajes hermosísimos, todo tiene un aire como de figurín de modisto, lo cual se ajusta muy bien al tema narrado. Nada chirría ni parece feo y reina una contención que alcanza también al color, que se mueve por tonos lavados, grises y apastelados entre los que saltan algunos matices más saturados.

Midiendo mis palabras me atrevería a decir que las obras de Goetzinger siempre han sido muy femeninas, si entendemos por tal ese estereotipo que asocia a la mujer con la suavidad, la modestia y una estilización que evita las estridencias. Esas características como ya he comentado tendían a ablandar el trabajo de la autora. Sin negar ni intentar corregir sus inclinaciones, lo que se aprecia muy bien en este trabajo es cómo las ajusta a un tema que le resulta especialmente conveniente. Los dibujos de Goetzinger siguen siendo profunda, irremediablemente femeninos, pero ahora nos apetece entrar en sus mundos, disfrutamos deambulando por ellos. Y de paso nos enteramos de algunos aspectos de la vida de Monsieur Dior. ¡Qué bien!
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viernes, 20 de enero de 2017

MEZOLITH de HAGGARTY y BROCKBANK

Mezolith de Ben Haggarty y Adam Brockbank, edita Diabolo Ediciones
Diabolo Ediciones. Madid, 2016.
96 páginas, 17,95 euros.

TOROS, CUERVOS, CISNES Y ABEJAS


Este es el primer comic de dos autores que provienen de otros ámbitos creativos. En él los componentes mitológicos y arqueológicos van de la mano para trasladar al lector a una salvaje era prehistórica.


Esas edades de las que apenas tenemos noticias ya han encendido la imaginación de creadores anteriores, desde que McCay soñara con Gertie el dinosario. Todos recordamos el clásico Alley-Oop, una aproximación humorística al hombre de las cavernas, o el fascinante Rahán, con su cuchillo de marfil y el imponente dibujo de Chéret. Hace poco Max, Pau y Marc Ferré unían sus fuerzas para producir dos álbumes talaióticos, agrupados en La isla de las piedras.

Haggarty, el guionista de Mezolith, vivía como cuentacuentos y sentía una especial predilección por las narraciones primigenias, los relatos más antiguos y que, con variantes, se repiten de una cultura a otra. Él aporta el tema, esas vivencias de un grupo de cazadores mesozoicos, y también el tono, una afortunada mezcla entre el rigor histórico y la reconstrucción de una identidad que enmarca los sucesos cotidianos en una lógica trascendente, mágica.

Muchos de los animales a los que deben enfrentarse son divinizados, contemplados con un respeto religioso y trasladados a un mundo legendario que se entremezcla hasta confundirse con esa constante lucha por la supervivencia. Sentimos la fuerza del conjunto, de la tribu a la que se desea pertenecer, pero también la aparición de sentimientos, emociones y miedos. En el mesozoico se caza y se come, pero también se ama y se obedece a tradiciones y normas ancestrales que jamás deben transgredirse.

Mezolith de Ben Haggarty y Adam Brockbank, edita Diabolo Ediciones
Si la labor del guionista es interesante, quien realmente capta nuestra atención es el dibujante, el extraordinario Brockbank.

Viene del mundo del cine, donde ha trabajado de concept artist en sagas como Harry Potter o StarWars. Su arte es clásico y rotundo y su color digital excelente. Domina la figura humana y presta especial atención a las expresiones. Es de crucial importancia en un comic ambientado en entornos naturales que los fondos actúan como un personaje más. Él lo consigue, con sus paisajes nevados, sus amaneceres y sus contrastes de color. Algo recuerda a Mignola, sobre todo el gusto por las luces y sombras muy extremas y los contenidos macabros, pero en general el dibujo brilla por su personalidad y su carácter diferenciado, poco visto.

En un álbum construido a base de episodios como éste es normal que algunos sobresalgan más que otros, pero la media es muy alta. Yo destacaría el de las chicas-cisne, delicadamente dibujado y coloreado y con ese toque de crueldad que siempre se espera de las narraciones primigenias, que apenas consiguen esconder su contenido sacrificial. En muchos capítulos se juega con la oposición entre las criaturas terrestres y las aladas, esos cisnes, abejas o cuervos que se elevan sobre los problemas cotidianos y en ocasiones se acercan a juguetear con los humanos. Otros cuentos proponen historias más terroríficas, como la del bebé gigante y violeta, o la del niño-cuervo. A pesar de la dureza que caracterizaba esas épocas, los autores evitan las truculencias, construyendo un relato apto para todos los públicos y que tiene un indudable valor cultural y pedagógico, además de sus evidentes virtudes estéticas.

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viernes, 13 de enero de 2017

LOS BUENOS VERANOS de ZIDROU y LAFEBRE

Los buenos veranos de Zidrou y Jordi Lafebre, edita Norma
Norma Editorial. Barcelona, 2016.
56 páginas, 16 euros.

VERANOS CON NIÑOS


El guionista belga Zidrou lleva años colaborando con diversos autores españoles. Se acaba de publicar el segundo álbum de Los buenos veranos, primorosamente dibujado por Jordi Lafebre.


Creo que lo primero que impacta es el dibujo, muy expresivo y en esa onda deudora de la estética de los dibujos animados, pero sin pasarse. Guarnido lo puso de moda en Blacksad y son legión quienes intentan imitarlo. Pero los comics no son películas y el énfasis constante acaba liquidando la atención del lector más paciente. Cuando no se nos permite un plano de descanso, unas viñetas con encuadres normales y sin angulaciones, nuestro cerebro acaba saturado debido a la importancia que al parecer tienen todas las escenas, hasta que al final nada parece relevante.

Y son muchos los autores emergentes que cometen ese error. Lafebre sabe cómo dosificarse y además cuenta con un dibujo muy interesado por las emociones y la humanidad de sus personajes. Y que además remata con un color envolvente y climático. Los álbumes describen diferentes veranos de una familia belga, 1973 en el primero y 1969 en el segundo. En ambos pasamos de la fría y lluviosa Bélgica al cálido y luminoso sur de Francia. En el primer caso recalan en un río y en el segundo consiguen llegar hasta una recóndita y encantadora cala. En todo momento el dibujante resuelve con precisión el problema del color, que ayuda y mucho a describir los sentimientos y emociones que embargan a los protagonistas. El verano puede ser un especio de felicidad pero eso no evita las disputas, las frustraciones y hasta el drama.

La familia no baja hasta España porque el padre del protagonista es un republicano exiliado que no permite que su hijo vaya a pasar las vacaciones a una dictadura. La política no tiene apenas presencia en una serie en la que predominan las emociones cercanas y universales, pero el abuelo sirve como excusa para un buen gag cuando le regalan un mastín que se encuentran por el camino, al que bautizan como Franco. Se citan otros hechos históricos, como la llegada del hombre a la Luna, pero siempre como telón de fondo de unas aventuras en las que prima la nostalgia por un tiempo de felicidad absoluta, la infancia, y los matices que alejan a los adultos de esa plenitud, los sueños rotos y las esperanzas frustradas, también el amor que se apaga.

El padre protagonista es un dibujante de historietas que tiene un proyecto demencial sobre un vaquero con cuatro brazos. La saga nos muestra su fracaso y cómo intenta sobrevivir a él, creando nuevos personajes. Es una figura encantadora, despistado y soñador y que ama profundamente a su familia. A su lado, su mujer apoya sus fantasías pero hay momentos en los que desfallece y se deja atrapar por una angustia vital que la aleja progresivamente del marido. Como fondo, un surtido ejército de niños, todos ellos bien diferenciados, que arrastran a sus padres a sus mundos de fantasía. Juntos sueñan que vuelan, hablan con ardillas fantasmas y se lo pasan bomba. El mundo que describe Zidrou resultara muy familiar a todos aquellos que tengan la fortuna de contar con niños pequeños cerca. Su inagotable energía, su mirada limpia y confiada, su eterna ternura son el mejor antídoto para cualquier mal.

Así que son estos dos álbumes extraños y fuera de lugar. A la narración le conviene más el drama y los momentos angustiosos, la felicidad es aburrida y anticlimática. Pero Zidrou no parece estar de acuerdo y aunque a su obra no le faltan algunos apuntes de tristeza, abundan más las secuencias que se desarrollan entre copas tras una espléndida comida, baños al atardecer, bromas entre hermanos, la sensación del sol calentando la piel o la exploración de entornos naturales donde nos gustaría quedarnos a vivir. Un verdadero mapa de la felicidad.
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