jueves, 24 de noviembre de 2016

EL CAPITÁN TRUENO EXPOSICIÓN Y CATÁLOGO

El Capitán Trueno. Tras los pasos del héroe. Catálogo exposición Madrid
El Capitán Trueno. Tras los pasos del héroe.
Círculo de Bellas Artes y Acción Cultural Española. Madrid, 2016.
240 páginas, 17 euros.

LOS HÉROES NUNCA MUEREN

Hasta enero podrá verse en el Círculo de Bellas Artes de Madrid una muestra dedicada al personaje de Mora y Ambrós, El Capitán Trueno. Con tal motivo se ha editado un bonito catálogo.


El libro es más ligero que el muy erudito volumen firmado por José Antonio Ortega y que publicó hace años Dolmen. Va cargado de imágenes que supongo se corresponden con las piezas que conforman la expo.

Como una numerosa colección de portadas de Antonio Bernal, no solo para Trueno Color sino que también se incluyen algunas de la colección Joyas Literarias Juveniles y de Jabato Color. En este último caso llama la atención el autoplagio que se da entre la ilustración para el Jabato Color nº 21 (1971) y la de Trueno Color nº 258 (1974), las de los buceadores. No debe de extrañarnos, me imagino que fueron realizadas a toda prisa y con sueldos de risa.

La verdad es que, más allá de la pura nostalgia, poco valor encuentro en el trabajo de Bernal. Afortunadamente también se ha reproducido una historia completa de Ambrós y varias viñetas de Pardo, Fuentes Man o Bermejo, entre otros. En el apartado gráfico el libro es más que correcto, aunque yo nunca encuentro tantas imágenes de Ambrós como me gustaría.

Se incluye también una impagable entrevista con el dibujante. Sorprende la lucidez de un creador excepcional, un auténtico luchador dispuesto a trabajar como albañil antes de rendirse a los caprichos del editor de turno. Presten atención al desdén con el que habla de los aficionados y la claridad con que explica su trabajo. Define su dibujo como poco académico y hasta malo, pero sabe de su expresividad y de cómo sus imperfectas figuras tenían sin embargo el don de encantar a sus lectores. Que eran muchos y entre los que me cuento.
Si Ambrós era uno de los grandes, ¿qué decir del padre literario de Trueno? Mora nos dejó este año, pero sus creaciones siguen bastante vivas. También se ha incluido una entrevista con él en el libro y en ella repasa buena parte de su trayectoria. No es necesario insistir en la popularidad de Trueno (con tiradas imposibles hoy en día), pero sí quizás recordar otras de sus creaciones, que algunos seguimos durante años, sin ser muy conscientes de quién era aquel Víctor Alcázar (uno de sus seudónimos) que firmaba los guiones: Astroman, con dibujos de Cuyás, Supernova, que se serializaba en Super Mortadelo con arte de Bielsa, El jabato, con el gran Darnís, Dani Futuro con Carlos Giménez (que empezó a serializarse en Gaceta Junior) y tantas otras.

El catálogo se complementa con tres sesudos ensayos dedicados a diversos aspectos de la serie. Por un lado la técnica y las invenciones, destacando los apartados sobre globos y robots, y por el otro las fantásticas arquitecturas que aparecían de un episodio a otro, aportando un indudable toque fantástico a una saga supuestamente realista. Me han llamado la atención los apuntes finales sobre la ausencia del hogar y su representación metonímica a través de las cocinas. Todo está explicado concienzudamente y con rigor y resulta muy interesante.

El primer episodio, más generalista, resulta quizás algo indigesto. Se hace una reflexión muy filosófica sobre la figura del héroe, pero al final no quedan muy claras cuáles son las conclusiones después de tanta digresión. Con todo, un libro de lectura recomendable y que constituye un merecido homenaje a un personaje mítico del comic español y a sus creadores.

Mora no fue el único autor de comics que nos dejó este año. Steve Dillon y Darwyn Cooke tenían cincuenta y pocos años mientras que Jack Davis, uno de los últimos supervivientes de la EC, ya pasaba de los 90. Descansen todos ellos en paz.
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viernes, 18 de noviembre de 2016

MONSTRUOSIDADES de NILES y WRIGHTSON

Monstruosidades de Steve Niles y Bernie Wrightson ECC ediciones
ECC. Barcelona, 2016.
208 páginas, 17,95 euros

ZOMBIES, DEMONIOS Y HORMIGAS GIGANTES


La editorial IDW ha publicado un volumen que agrupa las colaboraciones entre dos maestros del terror Steve Niles y Bernie Wrightson. En blanco y negro y con un formato más grande de lo habitual, que se disfruta hasta el último centímetro impreso.


Si mi memoria no me falla, hace ya años que Planeta editó el primer episodio de este tomo, una historia protagonizada por un detective no-muerto. Esto es, todo indica que está muerto y en proceso de descomposición, pero él sigue por ahí como si tal cosa.
Luego se nos presenta a una especie de Hellboy, un monstruo que se enfrenta a criaturas dispuestas a invadir nuestra realidad. Y finalmente a Doc Macabre, un jovencito superdotado que con sus prodigiosos inventos pone a raya a fantasmas, demonios y otros engendros maléficos.

Los guiones son ligeros y sin pretensiones y su autor, que me había aburrido con algunas de sus historias de zombies, aquí cumple al plantear genuinos entretenimientos que sirven sobre todo para que el dibujante se divierta. Y con él todos sus lectores, por supuesto.

Y es que Wrightson es uno de los grandes. Imposible olvidar su prodigiosa irrupción en el mercado en los setenta con su maravillosa Cosa del Pantano, que se ha reeditado recientemente, y sus increíbles historias de terror para Warren. Tenía un detalle barroco y expresivo, iluminaba como nadie y sus figuras transmitían un patetismo sin igual. Nadie le alcanzaba en el terreno del terror gótico. De manera natural se deslizó hacia la ilustración, firmando contundentes imágenes acompañado por tres colegas que se habían reunido en lo que simplemente se llamó “El Estudio”. Los otros fenómenos eran Barry Windsor Smith, Michael Kaluta y Jeff Jones. Alcanzó la culminación de esa etapa con su versión de Frankenstein, un conjunto de láminas cargadas de saturados tramados de una belleza decorativa incomparable. Pero luego todo cambió.

Monstruosidades de Steve Niles y Bernie Wrightson ECC ediciones
Wrightson pareció esfumarse y cuando reapareció nada era lo mismo. En obras como The Cult, también reeditada hace poco, su dibujo mantenía la calidad habitual, pero mermada, más simple.

Se había convertido en otro dibujante, más tosco y menos refinado. Con todo les invito a repasar sus colaboraciones con Starlin, que le escribió varios guiones muy interesantes.

Pronto descubrimos que su transformación obedecía a una enfermedad que le impedía entintar como a él le gustaba y que afectaba a su sistema de trabajo. Así que con el paso de los años nos fuimos acostumbrando al nuevo Wrightson y a sus nuevos acabados.

Ahora con esta obra casi tenemos las mismas sensaciones que cuando leímos por primera vez La Cosa del pantano o aquella historia de Warren en la que un tipo se enfrentaba a una suerte de monstruo del Lago Ness.

Por un lado el dibujo mejora mucho de la primera a la última historia. Y por el otro el formato gigante y la ausencia de color permiten que nos concentremos en el trabajo con las masas negras del dibujante, en sus texturas y sus sombras. Todo tiene un aspecto estupendo y además los relatos le facilitan excusas para dibujar laboratorios maravillosos, monstruos del averno, fantasmas con muy mala leche y, por supuesto ¡hormigas gigantes! Para disfrutar sin parar.
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viernes, 11 de noviembre de 2016

R.I.P STEVE DILLON

RIP Steve Dillon

A finales de octubre nos dejaba Steve Dillon, dibujante inglés popular sobre todo por su participación en la saga Predicador.



ADIÓS A UN GRAN NARRADOR


Para muchos era un dibujante normalito, sin la carga decorativa que parece necesaria para conseguir la denominación de “artista”. Dillon era todo lo contrario, por eso se le consideraba un artesano. Sus acabados y planificación eran funcionales y parcos, no perdía más tiempo del necesario en los fondos y sus planchas siempre parecían resueltas en diez minutos.

Entre sus colegas su velocidad era legendaria. Talbot nos explicó que Dillon había apostado con un compañero que podía resolver un comic-book en dos días. De acuerdo al relato de Talbot, Dillon se habría pasado todo un mes visitando pubs y en un último fin de semana frenético habría dibujado sus veinte páginas sin pestañear.

Yo le vi realizar dibujos para sus numerosos fans sin apenas encaje. Sacaba el rotulador, empezaba por una esquina y acababa por la otra sin equivocarse. Así le hizo una bonita vista de una carretera de Arizona con el Predicador en primer término a Paul Gulacy, que quería conservar un recuerdo de un compañero tan talentoso.


RIP Steve Dillon Boceto comic
Ambos fueron invitados del Salón Internacional del Comic del Principado de Asturias en 1998 en Gijón. Les acompañaban Don Rosa, Dennis O’Neil, Kevin Nowlan, Tim Sale y otros. Pero entre todos destacó Steve por su amabilidad y generosidad. Le gustaba beber, algo aparentemente habitual entre los creadores ingleses. Pero jamás se ponía borde o agresivo con quienes le rodeaban. Al contrario, siempre se adelantaba a pagar la siguiente ronda y al amanecer se contaban historias de cómo Dillon había cerrado el último bar abierto de Gijón. Todo sin perder la sonrisa y desde una tranquilidad acogedora.
Reconocía a Barry Winsor Smith como una gran influencia. “El dibujante más importante de nuestra generación”, decía. A veces asomaban sus ecos en algunos de los tramados que adornaban los rostros y el pelo de sus personajes en Hellblazer. Pero con el tiempo fue abandonando sus tramas, buscando un grafismo cada vez más despojado. También era un gran aficionado al cine, sobre todo cuando todavía se podía fumar y beber en las salas. Ese amor por las películas clásicas se filtraba en su narrativa, donde nunca se quebraba el eje visual y con conversaciones que eran constantes lecciones de puesta en escena.

Dillon parecía tener prisa y dibujó miles de páginas con un estilo seco y directo pero muy eficaz. Aquí lo descubrimos en una serie de Milligan, Skreemer. Pero con lo que realmente dio la campanada fue con Predicador. Su éxito permitió que recuperáramos una colaboración anterior con su amigo y guionista Garth Ennis: Hellblazer. Allí se curtió y maduró como autor. Rellenaba los huecos entre viñetas de negro para enfatizar el carácter terrorífico de la serie. Pero cuando se pasó a Predicador abandonó una costumbre que le robaba demasiado tiempo. En cambio dibujó los bordes de las viñetas a mano alzada. Quedaban más expresivos y sobre todo era más rápido. La pareja Ennis-Dillon permaneció unida más allá del bombazo de Predicador y firmaron varias sagas de Punisher, con un tono tan divertido como salvaje.

RIP Steve Dillon Predicador
En fin, yo creo que nos ha dejado uno de los grandes. Basta repasar su serie estrella, esa saga impactante y arrolladora que es Predicador. Dillon entendía muy bien los guiones de Ennis, su humanidad y humor. Y los servía con una economía de medios magistral, pendiente de las necesidades del lector, cuidando las elipsis y atento siempre a los matices faciales de sus “actores”. Todo eso puede confundirse con la artesanía, ya que él no permitía que lo decorativo entorpeciese el ritmo de la narración. Pero les aseguro que lo que hacía era arte. Con mayúsculas. Fue uno de los grandes narradores del siglo pasado y le echaremos de menos. Mucho.
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viernes, 4 de noviembre de 2016

20 ANIVERSARIO SUPLEMENTO BELLVER

Ahora que llega el aniversario del suplemento de cultura Bellver me doy cuenta de que esta sección también está a punto de cumplir veinte años. En diciembre de 1997 se publicó el primer “Tebeo y no lo creo” en el Diario de Mallorca.

CUANDO OIGO LA PALABRA TEBEO...


He tenido ocasión de preguntarme en numerosas ocasiones qué hacía una sección de comics en un suplemento cultural. La cuestión no es ociosa. Si revisan la mayoría de revistas, semanarios y demás fascículos complementarios que acompañan a la mayoría de periódicos de este país difícilmente se encontrarán con una parte fija dedicada al medio.
20 aniversario Suplemento Bellver - comic - Diario de Mallorca

Hay sonadas excepciones, como el clásico Manuel E. Darias en El Diario de Avisos de Tenerife. Pero la norma establece que conviene tener contratado a algún experto para situaciones especiales, tipo defunciones, expo de Max en El Prado o una biografía de Carmena, y poco más.

En general, mejor no mezclar actividades menores y de escaso lustre cultural con los temas realmente serios. Ya saben: arte moderno, teatro, literatura de la que no se vende… Muchos mandarines culturales cuando oyen la palabra tebeo, parafraseando a ya-saben-quien, se echan la mano a la pistola o al látigo. ¡Fuera de aquí, desgraciados, bachibozuks! No es mi intención iniciar una sarta de lamentos como si fuera un aficionado al rock o a los grafitis. O un aparejador o un enfermero. ¡No me llaméis pinchaculos! La batalla por el predominio cultural es constante, la cima pequeña y los aspirantes numerosos.

Nunca he creído que pueda defenderse el medio (ningún medio) en general. Pero sí a determinados autores. Una gran parte de la producción literaria es lamentable. Pero hay un reducido número de obras que por sí solas justifican toda la tinta malgastada desde el principio de los tiempos. Y lo mismo con los comics. O la pintura. La búsqueda de reconocimiento no es un objetivo deseable. Llegará o no, pero apenas guarda relación con la calidad de las obras. La última gran operación para dar lustre al cómic, la novela gráfica, no deja de ser una exitosa estrategia comercial, cuyos frutos artísticos son muy escasos. Y desde luego en nada han mejorado a formatos anteriores, de las tiras en que leímos a Modesty Blayse, los álbumes de Tintín o los comic-book donde se publicó Batman año 1.

Desde los sesenta asistimos a progresivos intentos de rescate cultural. Primero directores como Resnais o Fellini proclamaron las bondades del comic; luego eruditos como Eco escribieron sesudos ensayos sobre Superma;, más tarde creadores tan rompedores y prestigiosos como Jodorowsky pusieron sus guiones al servicio de algunos dibujantes; fanzines, revistas especializadas y convenciones florecieron por toda Europa y muchas se mantienen en la actualidad.

En los últimos años la traslación de los superhéroes al cine ha sido un arma de doble filo. Ha asegurado su popularidad y una propaganda muy beneficiosa, pero también ha fomentado la vinculación de las historietas con unos lectores-espectadores siempre por debajo de la adolescencia.

Salvo sonoras excepciones, los intentos del comic por madurar tanto internamente como hacia el exterior no han tenido éxito. Se han diluido, bien devorados por el populismo de unos programadores culturales demasiado próximos al fenómeno fan, o se han asfixiado por el abrazo de expertos obsesionados por la experimentación y de un elitismo tan arrogante como improductivo. No todo son malas noticias. Las historias y los formatos se han abierto y la variedad es la clave de un paisaje que ya ha dejado atrás toda tentación de vivir solo del monocultivo. Se van colando las noticias sobre viñetas en entornos como éste, normalizando su posición en ámbitos culturales.
De alguna manera se filtra la idea de que los dibujantes son respetables y de que no todas las historias son para descerebrados.

Pero los avances son lentos. No está de más acabar recordando las palabras de un sabio que nos dejó este verano, Gustavo Bueno. En El mito de la cultura explicaba el carácter paradójico de la cultura y su aparición relativamente reciente. Antes se empleaban sobre todo términos agrícolas, como “cultivo”. El salto de “persona cultivada” a “persona culta” lleva incorporados no pocos componentes nacionalistas y racistas. Y como el mismo profesor comentaba, no se pueden respetar culturas ateas y religiosas al tiempo, vegetarianas y caníbales. Se respeta a las personas, pero no a todas las ideas. Su desmitificación de la cultura lo que conlleva es justo lo contrario, reducirla a su esencia, un mito, una idea que veneramos sin reflexionar sobre ella y sus consecuencias en profundidad.
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