viernes, 30 de noviembre de 2012

LA BIBLIA de B. WOLVERTON

La Biblia de Wolverton. El Antiguo Testamento y el Libro del Apocalipsis. Diabolo Ediciones.
Diabolo Ediciones. Madrid, 2012. 
312 páginas. 24,95 euros. 

FASCINANTE Y TERRIBLE


Basil Wolverton es un autor tan peculiar como querido por sus lectores. La publicación de su monumental esfuerzo ilustrando el Antiguo Testamento es sin duda una gran noticia.


Este creador, conocido sobre todo por su participación en revistas de humor como Plop! o Mad, nos deslumbró también en fantasías de ciencia-ficción donde llaman la atención sus extraños monstruos y sus acabados siempre tan elaborados como personales. No extraña que se le considere un antecedente del underground ni que reconozcamos su influencia en dibujantes como Crumb, Shelton o Sacco. Cuando contemplamos su trabajo más serio, como el que encontramos en esta Biblia, nos recuerda también las abigarradas viñetas del primer Nazario. Ambos comparten una entrañable torpeza, evidente de manera especial en las figuras, que los emparenta. Aunque obviamente los temas de uno y otro se sitúen a galaxias de distancia.

La Biblia de Wolverton. El Antiguo Testamento y el Libro del Apocalipsis. Diabolo Ediciones.
Wolverton es el rey de la distorsión, el adalid de los tramados heterodoxos, el emperador del humor bizarro. Siempre es raro, incluso cuando se esfuerza por parecer normal, y eso es lo que le da un toque de modernidad incomparable. Da igual lo que cuente, consigue llevarlo a su terreno y ofrecernos su visión, tan personal e intransferible como sería posible. Como en esas páginas en las que recrea la lista de animales “puros” e “impuros” para los israelitas. No son más que un conjunto de dibujos adecuados para ser incluidos en la Enciclopedia Álvarez, con una línea aparentemente neutra y una apariencia objetiva, casi vulgar. Pero en cuanto los miramos dos veces ya comprobamos que incluso aquí Wolverton es capaz de conseguir algo más. Si no me creen revisen el cerdo o la siniestra monumentalidad de la vaca.

La Biblia de Wolverton. El Antiguo Testamento y el Libro del Apocalipsis. Diabolo Ediciones. Tbeo y no lo creo por F. Flórez
Esta Biblia fue un encargo de un amigo del dibujante que lo mantuvo ocupado durante años, según explica el apasionante prólogo escrito por el hijo del artista. Al contrario que la reciente versión de Crumb del Génesis, no se emplea un formato de comic. Hablamos por tanto de una versión profusamente ilustrada y decididamente formal. Sus patronos no se andaban con bromas, todo era muy serio, los temas a ilustrar eran sagrados y su interpretación debía ser muy rigurosa. Aunque, como vemos al final del libro, sí permitieron que Wolverton enseñara su cara más humorística en algunas de sus colaboraciones para el periódico de la congregación.

Pero como ya he dicho es muy difícil para el dibujante mantenerse neutral así que su contribución oscila entre la naif imaginaría propia de los panfletos de grupos como los Testigos de Jehová y similares y algo muy personal, emocionante y terrible, fruto de su talento diferenciado y anómalo. Sumen a eso algunos recursos tomados de ilustradores de ciencia-ficción como Virgil Finlay, cuya presencia notamos sobre todo en la excelente serie del Apocalipsis, y el balance final es tan divertido como sobrecogedor.

Wolverton en estado puro, interpretando un tema universal con absoluto respeto y, al tiempo, con una libertad que le permite ofrecernos una versión muy fresca de la Biblia y que todavía nos alcanza por su intensidad, aunque ya haya transcurrido más de medio siglo desde que la realizó.
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viernes, 23 de noviembre de 2012

LA NIÑA DE SUS OJOS de M. & B. Talbot

"La niña de sus ojos" Mary & Bryan Talbot. Edita La Cúpula
La Cúpula. Barcelona, 2012.
104 páginas, 18 euros


HIJAS DE PAPÁ

Mientras esperamos pacientemente la publicación de Grandville, su saga “Steampunk” que ya alcanza el tercer volumen, Talbot nos sorprende con una pequeña joya de carácter autobiográfico.


Estos días en que celebramos la concesión del Premio Nacional de Comic a Alfonso Zapico, esta obra de Bryan Talbot y su mujer Mary viene a rellenar ciertos aspectos que el asturiano no pudo alcanzar en su monumental trabajo sobre Joyce. Si en Dublinés se nos explicaba cómo la hija de Joyce había acabado internada en un psiquiátrico, aquí los autores se centran en esa historia y es Joyce el que acaba convertido casi en un personaje secundario.

Mary Talbot es una experta en las cuestiones de género en la literatura y los medios de masas pero el volumen no se queda en la biografía de Lucia Joyce. También nos explica la relación de su autora, Mary, con su padre, un conocido experto en Joyce. Quien con estos antecedentes espere un árido tratado feminista, que reivindique la creatividad de la hija de Joyce y denuncie el autoritarismo falocrático del Sr. Atherton, se sentirá decepcionado.

La niña de sus ojos de M & B Talbot. Edita La Cúpula
Por el lado de Joyce, más de lo mismo. Como Zapico ya había apuntado el creador irlandés se consideraba poco menos que el centro del universo, así que no nos extraña que permaneciera ciego frente a los deseos
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viernes, 16 de noviembre de 2012

PEPE de C. GIMÉNEZ

Pepe de Carlos Giménez. Edita Panini Comics
Panini Comics. Barcelona, 2012.
96 páginas, 15 euros.

CARLOS Y PEPE

Tras su ciclo sobre la Guerra Civil, Carlos Giménez vuelve con un álbum dedicado al recientemente fallecido Pepe González.
Todos recordamos a González por su labor en Vampirella. Allá por los setenta fue uno de los miembros de la “armada española” que desembarcó en los USA colaborando en las revistas de terror de Warren. 


Salvo excepciones, esa invasión española marcó el principio de la decadencia de aquellas publicaciones. Había autores, como Víctor de la Fuente, que podían codearse con los clásicos de la EC que habían dominado los primeros números de Creepy, Eerie y compañía. Otros, como Beá, ofrecían cierta exótica novedad. Pero en su mayor parte eran ilustradores con muchas pretensiones y una pésima narrativa. Algunos sabían copiar fotos con eficacia, como Luis García, y otros ni eso, como Maroto. Coincido con Larry Hama, quien explicaba toda la operación en términos económicos: no es que los españoles fueran mejores, es que resultaban más baratos. Cuando luego aparecieron los filipinos, cobrando aún menos, sustituyeron rápidamente a aquellos maravillosos artistas europeos.

Pepe de Carlos Giménez. Edita Panini Comics
Dicho lo cual, es de justicia añadir algo más. El carácter más artístico de aquellos dibujantes impresionó a no pocos creadores americanos. Eisner así lo reconocía, también Buscema o Kubert. Su enfoque ayudó a que ciertos autores se sintieran menos artesanos y se preguntaran si había otras formas de encarar y considerar su propio trabajo. Pero cuando revisamos las opiniones de los guionistas que trabajaron con ellos, todos repiten lo mismo. Los españoles sin duda eran muy buenas personas y muy simpáticos, pero a ser posible, mejor que sus historias fueran ilustradas por Corben, Wrightson, Heath y similares.

Pepe González fue uno de los más conocidos de aquel grupo ya que tuvo la fortuna de hacerse cargo de la muy sexy Vampirella, una vampira alien que portaba un imposible y ajustadísimo minivestido rojo.

Tres años después de la muerte de González, su compañero Carlos Giménez firma un sentido álbum homenaje a su memoria que además se anuncia como el primero de una serie de cinco. No es la primera vez que nos habla de su colega, ya lo hizo con anterioridad en Los profesionales, donde el finado protagonizaba algunas divertidas anécdotas, en parte a causa de su condición sexual. En esta primera entrega Giménez parece que va a mantener el tono un poco frívolo que empleó en su descripción de sus compañeros de faena. Pero no es así del todo. Dedica gran parte de las páginas a repetir hasta la saciedad lo que luego ha dicho también en entrevistas. Que González era uno de los mejores dibujantes de este país, que era capaz de dibujar cualquier cosa y que sus mujeres eran las más hermosas que se hayan dibujado nunca. Él debe saberlo ya que sus chicas nunca han escondido la deuda que tienen con las de González.

Pepe de Carlos Giménez. Edita Panini Comics
Pero quien tuvo retuvo y Giménez es capaz de mezclar sus panegíricos y su indudable admiración por el amigo muerto, con la inclusión de escenas no especialmente complacientes. En ese sentido nos confirma algo que como lectores ya sospechábamos. Que la increíble habilidad técnica de González, su indudable destreza, iban acompañadas por una desidia casi absoluta que lo distanciaba de forma casi automática de todo lo que pasaba por sus manos, inyectando una insoportable frialdad en el producto final.

No niego sus méritos. No lo considero un gran narrador, pero su Vampirella es un producto correcto (donde cuenta con la inestimable ayuda de Goodwin). Y cuando sólo realiza chistes, como en su serie Pamela, podía ser muy grande. Agradezco que Giménez no esconda al personaje tras una montaña de halagos y sea capaz de contarnos historias tan fascinantes como la del grupo musical con la que cierra el volumen. Porque al mostrar las flaquezas y no sólo las virtudes de su amigo, construye algo muy verdadero que consigue emocionarnos. Yo ya espero la continuación.
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viernes, 9 de noviembre de 2012

DRÁCULA de R. Wood y A. Salinas

Drácula Biblioteca Robin Wood Alberto Salinas ECC
Biblioteca Robin Wood.
Editorial ECC. 
Barcelona, 2012.
122 páginas, 9,95 euros.


DRÁCULA, MÁS EMPALADOR QUE NUNCA
En ocasiones resulta refrescante olvidar la ficción literaria y comprobar cómo la realidad puede superar toda fantasía.

Se suceden las versiones en torno al personaje de Bram Stoker, el conde que ya ha tenido una larga vida en viñetas. Su encarnación más conocida es la escrita por Wolfman y dibujada por el enérgico Colan, esa Tumba de Drácula que ha sido reeditada en tantas ocasiones.

Tampoco estuvo mal la adaptación de Mignola de la terrible película de Coppola, de la que tan sólo deseo recordar la breve aparición de la Bellucci. Si la aproximación del sobrevalorado director al eterno mito del vampiro era lamentable, algo parecido podría afirmarse de la versión paródica que firmaba el argentino Breccia, una obra menor que también preferimos olvidar. Recientemente Busiek traía al conde a la actualidad y la hija de Alan Moore nos brindaba la refinitiva versión fidelísima al original. Sin duda habrá más hasta que se pase esta fiebre gótico-crepuscular.

La versión más interesante que he podido leer en los últimos meses pertenece a otra pareja de argentinos, el guionista Robin Wood y el hijo de Salinas, Alberto. Es un tebeo de principios de los noventa que ahora recupera la Biblioteca Robin Wood. Un primer vistazo puede asustarnos. El dibujo peca de rigidez y sus planos generales son torpes, algo imperdonable en una obra preñada de batallas como ésta. Los textos abundan, tanto en forma de diálogos como en los cartuchos de apoyo. Además, el guionista proclama su firme voluntad de alejarse de las fantasías literarias y cinematográficas que han hecho célebre al personaje para centrarse en el original histórico que inspiró a Stoker. Normalmente este tipo de declaraciones tan sólo delatan la falta de imaginación del autor, que enuncia datos que jamás tendrán la fuerza de la imaginativa obra original que repudia. Pero no es el caso.
Drácula Biblioteca Robin Wood Alberto Salinas ECC

Wood toma esa verdad histórica como punto de partida desde el que construir un personaje tan odioso como arrebatador. Sólo conozco a otro creador, el chileno Jodorowsky, que haya conseguido algo similar. Lo que ocurre es que este último suele aliviar la brutalidad de sus tramas con el bálsamo del humor y Wood apenas se permite tal respiro. No sólo nos ofrece un muy interesante relato de la construcción de esa Europa que tendemos a olvidar, con sus peleas intestinas y su eterna lucha contra los turcos. También un retrato increíble de un líder ansioso de poder, cuya moral está únicamente determinada por sus necesidades políticas. Es cruel y carece de escrúpulos, pero su extrema coherencia acaba resultando casi convincente. Asistimos a su educación con los turcos, que le enseñan algunas prácticas que luego le resultarán muy útiles, como la brutalidad como estilo de gobierno y el empalamiento como única forma de castigo.
Drácula Biblioteca Robin Wood Alberto Salinas ECC
También es inteligente el contraste que el guionista establece entre Drácula y su hermano, un chico guapo que vive confortablemente bajo las alas del sultán. Esa diferencia no se emplea para justificar al futuro vampiro y presentarlo como un justiciero, por ejemplo. Al contrario, Wood insiste en que son azares del destino. Un hermano nace manso y el otro es una fiera. En el caso de Drácula, tan sólo hay un momento en que se muestra como una suerte de nacionalista sentimental y expresa que su ferocidad obedece a su amor por las tierras de sus antepasados. Pero la ternura se desvanece con rapidez. Léanlo y si luego les entran ganas de empalar a alguien no me echen a mi la culpa. Es brillante cómo el guionista consigue que lleguemos a respetar y hasta admirar a un personaje tan repugnante.
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viernes, 2 de noviembre de 2012

PORTUGAL de C. Pedrosa

Norma Editorial. Barcelona, 2012.
264 páginas, 29 euros.

UN MUCHACHO EN PORTUGAL


En Tres sombras Cyril Pedrosa se reveló como un autor digno de ser tenido en cuenta. Ahora nos abruma con un intenso viaje a Portugal.

Lo primero que llama la atención es la cuidada edición en la que no resulta irrelevante el detalle del marcador de página. La travesía que se nos propone es tan fatigosa que aconsejo realizarla en pequeños tramos, más o menos como su esforzado protagonista. Adelanto que no me parece un tebeo arrebatador o de obligada lectura, pero sí fascinante, sobre todo en sus aspectos gráficos, con un color maravilloso y un dibujo tan interesante como delicioso. Ahora bien, para disfrutar de ambos elementos deben superarse ciertas dificultades. Respecto a los tonos Pedrosa corre no pocos riesgos así que algunas de sus gamas son demasiado oscuras y pueden entorpecer el seguimiento de lo que pasa. Lo mismo la línea, muy atractiva por su distorsión de lo real y sus juegos con las transparencias de personajes y fondos, pero que juguetea constantemente con los grosores mínimos, algo que asociado a las cargadas masas de color tampoco favorece la lectura.

En pocas palabras, la visualización que propone el autor exige ciertos esfuerzos por parte del lector que, eso sí, se ve compensado con secuencias realmente deliciosas, por la expresividad de la línea y el sugerente color. Podría emplear similares argumentos respecto a la historia. Podemos dejarnos llevar por las idas y venidas que se proponen y pasar las páginas como quien ve pasar el tiempo en vacaciones, disfrutando de cada momento y sin pensar en qué nos deparará la siguiente hora. En ese sentido el álbum brinda no pocas satisfacciones, contiene muchos pasajes auténticos, donde las discusiones o la conversación alrededor de una buena comida regada con un mejor vino hacen que nos sintamos como en casa. Es innegable la capacidad de Pedrosa para transmitir sensaciones, no todas nostálgicas o negativas. En ocasiones su luminoso dibujo y sus argumentos se juntan para contagiar una joie de vivre que complacería al mejor Matisse, que parece inspirar ciertos pasajes.

Cuando se pone profundo, cuando revisamos esa excusa que pone en marcha el relato es cuando el álbum resulta más débil. Se supone que estamos ante una gran reflexión sobre las consecuencias de la emigración, un retrato de los que se van, los que se quedan, los que vuelven, los que se olvidan de su hogar y aquellos que sueñan con recuperar una infancia soñada y perdida. Esa problemática se nos muestra a través de los ojos del protagonista, un alter ego del autor, dibujante y con problemas de comunicación. Su incomodidad en su país de adopción, Francia, parece disiparse cuando retorna a Portugal, la tierra de sus padres. Pedrosa desarrolla esta complicada búsqueda de identidades perdidas como un acercamiento progresivo que acaba adoptando un cariz casi detectivesco, cuando el héroe descubre finalmente de dónde procede su extraño apellido. Pero no consigue redondear el relato, acertando más en la puesta en escena de determinadas secuencias que en la estructura general de la obra, estirada y laberíntica en exceso. Un trabajo si quieren fallido pero cargado de momentos encantadores.
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