viernes, 24 de febrero de 2012

CRÓNICAS DE JERUSALÉN de Guy Delisle

Crónicas de Jerusalén de Guy Delisle, edita Astiberri comic viajes Israel judíos tierra sagrada
Astiberri. 2011. 
336 páginas, 26 euros.

UN AÑO EN JERUSALÉN 


Delisle ya nos tiene acostumbrados a sus crónicas de viaje. Tras contarnos su vida en lugares tan exóticos como Corea del Norte, China o Birmania ahora llega el turno de Israel.


Los que hayan leído las anteriores entregas de este animador metido a dibujante de comics ya saben a qué atenerse. Diarios de viaje donde prima lo cotidiano, la visión personal, el paseo tranquilo, un humor calmado y grandes dosis de realidad que se filtran abriéndose paso a través de las versiones oficiales y los prejuicios. Aquí acompaña a su mujer, que trabaja para Médicos sin fronteras, hasta Jerusalem, donde intentará dibujar algo además de hacerse cargo de sus niños. Así que mientras nos cuenta cómo se obsesiona con el muro que separa los territorios palestinos de los judíos, dibujándolo una y otra vez, también lo acompañamos en sus paseos. Algunos son cotidianos, como el que realiza diariamente hasta las guarderías, y otros extraordinarios, como cuando visita ciertos lugares de difícil acceso, pasea por los asentamientos o da conferencias en Ramala. De manera tranquila y evitando dramatismos, Delisle nos brinda una visión muy cercana de la vida en Israel y de la conflictiva relación entre árabes y judíos… pero también cita a los cristianos, los coptos y tantos otros que se disputan los derechos sobre el trozo de tierra más sagrado del mundo.

Debo decir que no me lanzo sobre las historias de este creador canadiense como lo hago sobre la obra de otros guionistas y dibujantes. No despierta mi entusiasmo, todo lo cuenta de manera muy relajada y evitando los golpes de efecto, sus gags son suaves y sin apenas énfasis. Provoca más la sonrisa que la carcajada y también cierta reflexión, ganas de saber más sobre lo que nos está hablando. Es de justicia añadir que una vez que se inicia la lectura resulta difícil abandonarla. Es un buen narrador, sosegado pero eficaz, que consigue interesarnos con muy pocos elementos.

Crónicas de Jerusalén de Guy Delisle, edita Astiberri comic viajes Israel judíos tierra sagrada

Aquí transita un tema que lleva camino de convertirse en un género en sí mismo en el mundo del comic. Por un lado tenemos las contribuciones de Joe Sacco, a quien se cita en el trabajo de Delisle. Se inclina más hacia la versión palestina y apenas nos cuenta nada desde el punto de vista judío. Luego podríamos mencionar el extraordinario Café Budapest, de Zapico, una inteligente aproximación a los primeros años del estado de Israel, con todas sus agonías y contradicciones. Pero además en los últimos años han llegado un montón de novelas gráficas sobre la vida en Israel, realizadas por creadores judíos. Son interesantes por lo que cuentan, pero irregulares en cuanto a su narrativa. Reflejan algo que también sorprende a Delisle, como es la dureza de los medios locales hacia el propio gobierno. Demostrando que estamos en la única democracia de los alrededores, Israel puede presumir de una admirable libertad de prensa que se traduce en la ferocidad con la que los periodistas atacan al estado o las denuncias que encontramos en muchas de las novelas gráficas citadas.

En fin, queda claro que hablamos de un tema que interesa a los dibujantes, que se adelantan así a otros medios. Otra cuestión es que ese interés no se traduce apenas en obras que ofrezcan una visión equilibrada de la batalla que tiene lugar en Tierra Santa. En el caso de Delisle, aunque él en general tiende a ser neutral, en ocasiones oculta de manera tendenciosa parte de la información necesaria. Por ejemplo, en las primeras páginas se nos cuenta a qué obedece la actual división de Jerusalem, que es descrita como “un pueblo árabe que fue anexionado tras la Guerra de los seis días”. Luego se añade que no es parte de Israel para la comunidad internacional. Por supuesto no se explica en qué consistió dicha guerra ni qué otras agresiones o intentos de agresión había sufrido Israel con anterioridad. También tiene gracia el comentario sobre Hamás, votado por los palestinos pero considerado grupo terrorista por los USA e Israel. ¡Ya ven qué cosa tan absurda! A mi me parece perfectamente comprensible que preocupe el triunfo de un grupo entre cuyas prioridades se cuenta la total destrucción del estado judío.
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viernes, 17 de febrero de 2012

Segura. Descanse en paz.

EL PADRE DE LA MEDUSA

A finales del pasado mes de enero moría el guionista de comics Antonio Segura, Premio Haxtur al Mejor Guión en 1993 por Eva Medusa, serie creada con Ana Miralles.

Fue un escritor prolífico que colaboró con los mejores dibujantes de este país. Por ejemplo con Jose Ortiz en sagas como el western posapocalíptico Hombre, o el disparate de ciencia-ficción Burton y Cib o el italiano Tex, una de cuyas largas aventuras había sido traducida recientemente y que aquí había comentado con admiración. También trabajó con Leopoldo Sánchez en Bogye, un homenaje a la serie negra ambientado en los mundos de Blade Runner. Y con Saladrigas, Bermejo o Bernet, con quien crearía el que para mi permanece como su mejor trabajo, Kraken. La serie reflejaba un mundo futuro pero cercano con una suerte de policía de las alcantarillas. A esos apestosos canales llegaban todos los desechos de la podrida sociedad que habitaba la superficie. Era un policiaco casi perfecto, con un protagonista duro pero honrado y montones de secundarios corruptos y llenos de vida. Una espléndida serie realizada con un dibujante en estado de gracia, con quien también trabajaría en Sarvan, una fantasía de ciencia-ficción que permitía a Bernet mostrar su dominio de la anatomía femenina. Por supuesto no me olvido de Eva Medusa, su segunda colaboración con Ana Miralles, tras un primer y primitivo intento en Marrouecos mon amour, obra maldita que nadie se ha atrevido a reeditar desde su primera aparición en Cairo en 1988. Con los noventa nos llegó Eva Medusa, una saga llena de misterio y sensualidad que comprendía dos álbumes rotundos y fascinantes y un tercero tan precipitado como fallido. Con todo, hablamos de una de las obras mayores del comic español del pasado siglo, un trabajo que permanecerá.

En general, se tiende a citar a Segura como artesano. En los ochenta su firma parecía estar en todas las publicaciones, de Cimoc a Metropol pasando por Zona 84 o Creepy. Asociado siempre a dibujantes realistas, clásicos, su labor fue en general menospreciada, era un autor de género, popular, comercial. Su firme voluntad de escribir historias que pudieran interesar a una mayoría no gustó a una crítica acostumbrada a jalear esfuerzos masturbatorios y cualquier modalidad de malditismo. Así que en el Salón de Barcelona nunca se acordaron de él mientras escritores con menos virtudes eran repetidamente galardonados.

No voy a presumir de haber apreciado la calidad de Segura en su momento. En absoluto, a mi también me parecía un poco antiguo, repetitivo, no me gustaba notar las fórmulas que empleaba… Pero con el tiempo me doy cuenta de mis prejuicios ante un tipo que sólo intentaba hacer su trabajo lo mejor posible, entretener sin aparentemente mayores pretensiones. Y resulta evidente que algunas de las obras mencionadas, sobre todo Kraken y Eva Medusa, son historias más que respetables. Y la que se publicaba hace poco de Tex también, así que esperemos que alguien se anime a completar su periplo italiano.

Cabe añadir que Segura era un luchador, un tipo que nunca se amilanó ante los editores, que siempre peleó por conseguir el mejor trato y por defender sus derechos como creador, en un país donde todo eso es motivo de cachondeo. El otro día escuchaba por la tele el respeto que en la actualidad se tiene por el comic. Que pregunten a los dibujantes jóvenes el precio por página que les ofrecen esos editores “tan respetuosos”. En ese terreno también fue un adelantado Segura. Yo se lo agradeceré volviendo a leer todas aquellas series suyas a las que en su momento no presté demasiada atención. Descanse en paz.
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viernes, 10 de febrero de 2012

Ultimate X. Loeb & Adams

TEXTOS DESCONECTADOS (y 2) 

Ultimate X
Jeph Loeb y Arthur Adams
Panini Comics
Barcelona, 2011. 
128 páginas, 15 euros. 

La semana pasada comentaba algunos problemas con los textos que se apreciaban en la serie American Flagg! En Ultimate X podemos observar otras facetas de la siempre compleja relación entre imágenes y textos.

En los ochenta se produjeron numerosos experimentos con el apartado “sonoro” de los comics. Chaykin compartió rotulista con Simonson y todos recordamos sus apasionantes onomatopeyas. Los textos de apoyo se emplearon en experimentos tan afortunados como el de Watchmen, con el célebre episodio del collage de voces, donde la protagonista descubre que el violador de su madre es además su padre. Moore nos lo cuenta troceando fragmentos de conversación y Gibbons lo articula con sus precisas imágenes.

Otro sonado éxito lo encontramos en Batman año I. Desde las primeras secuencias Miller y Mazzucchelli trabajan con varias voces en off que vehiculan los pensamientos de los protagonistas. De nuevo la fórmula funciona porque el lector puede identificar con facilidad quién habla en cada caso y los textos se relacionan con habilidad con la acción, con las imágenes. Con el paso de los años y el desarrollo de los medios informáticos esta interacción se ha facilitado aunque no puedo decir que se hayan multiplicado los ejemplos novedosos. La dibujante inglesa Posy Simmonds nos ofreció algunas brillantes muestras en sus obras, donde priman la multiplicidad de voces. Y poco más, digno de mención. Pero en los últimos meses me he topado con un empleo de los textos que ha llamado mi atención. Aparece por ejemplo en Ultimate X, de Loeb y Adams, pero también en la más cercana Historias del Barrio, de Seguí y Beltrán.

Los que conozcan el trabajo de Arthur Adams ya saben que tan sólo su presencia justifica la compra de este volumen. Su dibujo sigue tan dinámico y encantador como siempre y ni siquiera el cargante y abrumador color digital consigue rebajar su frescura. En cuanto al guión de Loeb mantiene su corrección habitual. No esperamos grandes novedades de sus relatos, tan sólo una clara voluntad de entretener y la garantía de una historia clásica. No suele aburrir y en ocasiones puede llegar a ser brillante.

Pero en este caso prueba algo con los textos de apoyo que creo le sale mal. Inicia todos los episodios con unas parrafadas que nos dan claves sobre lo que ha ocurrido en el pasado, mientras los bonitos dibujos de Adams nos informan del presente. Los dos planos están tan desconectados que finalmente no nos enteramos de nada. Ni de lo que leemos ni de lo que vemos, se anulan mutuamente. Lo cual no deja de ser un curioso fenómeno. No de una forma tan sistemática pero nos encontramos con un efecto parecido en algunos capítulos de Historias de barrio. Hay una acción en el presente mientras la voz en off nos ofrece datos sobre hechos del pasado o nos amplía la información sobre alguno de los protagonistas. Son estos recursos que usados con contención aportan nuevas dimensiones a las planchas. Pero cuando se confía en exceso en la atención del lector se pueden sobrepasar ciertos límites, como ocurre en los casos citados. Se desborda nuestra capacidad para asumir lo que se nos trasmite por dos vías tan diversas como la visual y la textual. ¿Resultado?: el abandono de la lectura por puro agotamiento.

Entiendo que los autores busquen constantemente ampliar los límites del medio, pero creo que se olvida que una ficción en viñetas, al contrario que en otros medios audiovisuales, no cuenta con una banda sonora. Todo, imágenes y textos, debe leerse. Eso limita las posibilidades pero supongo que brinda nuevos territorios a explorar.
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viernes, 3 de febrero de 2012

American Flagg! Chaykin

TEXTOS DESCONECTADOS (1) 


American Flagg! 
Howard Chaykin 


Norma Editorial.
Barcelona, 2011.

456 páginas, 32 euros. 

En los ochenta Chaykin era considerado como uno de los autores más innovadores y atrevidos. Aunque se publicó una buena parte de su obra, su serial American Flagg! permanecía prácticamente inédito entre nosotros. Hasta ahora.

Norma se ha decidido finalmente ha sacarlo, casi tres décadas después de su primera edición americana. Por supuesto, el esfuerzo es de agradecer. Apenas conocíamos algunos episodios sueltos de la que en su momento se nos vendió como la gran saga de Chaykin. En realidad, casi todo lo que se dijo de este autor resultaba notablemente exagerado. No niego su talento. Es un tipo simpático y sin duda brillante y nos divertimos mucho con él cuando lo tuvimos como invitado en el Salón de Gijón. Preguntado por sus constantes provocaciones, por su papel de tocapelotas oficial, su respuesta fue tan cínica como sencilla: alguien tenía que hacerlo. Y él ha desempeñado con entusiasmo ese rol. Ha escandalizado con sus mezclas de sexo y política, llevando los habituales argumentos liberales (en el sentido americano) sobre los superhéroes hasta sus últimas consecuencias. En manos de Chaykin los viejos héroes son unos pervertidos amantes del cuero y debemos siempre desconfiar de toda forma de gobierno. Sin excepción buscan jodernos la vida y saciar su sed de poder. La existencia es un juego cruel en el que todo el mundo esconde deseos insatisfechos y mentiras inconfesables. En sus mejores trabajos, como algunas de sus entregas para Batman, Chaykin consigue fascinarnos con sus paranoias y su visión negativa de la realidad. Pero en otros muchos casos tan sólo nos aburre y con American Flagg! entendemos porqué. Durante años se nos ha insistido en las bondades narrativas del autor. Yo considero que comete dos errores. Uno en el plano de los contenidos. Siempre cuenta lo mismo y todos sus personajes se parecen. No me refiero sólo a que su héroe acabe teniendo el mismo aspecto, un tebeo tras otro, que también. Es que además nos cuesta distinguir entre buenos y malos. En su insistencia en el relativismo moral Chaykin desdibuja las fronteras entre unos y otros hasta que los conflictos quedan reducidos a meras cuestiones formales.


Y dos, en el plano de la narrativa. En su momento se suponía que su puesta en escena era rompedora, llena de innovaciones. Comprobamos que no es exactamente así. Basa una buena parte de su narrativa en los diálogos, que son quienes habitualmente conducen la acción. Su dibujo es muy funcional cuando no directamente torpe. Y hace muy poco por animarlo con los muchos recursos que el medio le ofrece. El resultado son páginas y páginas llenas de diálogos supuestamente ingeniosos, capaces de agotar la paciencia del santo Job. Comparen su labor con la de su compañero de generación, Simonson, que tampoco tiene un dibujo prodigioso en un sentido tradicional. Pero Simonson sí que entendía el medio en el que trabajaba ¡y cómo! En resumen, Chaykin no sólo nos agota con una narrativa reiterativa y muy poco preocupada por lo visual. Es que además cuando intentamos seguir la historia a través de los diálogos, tampoco ahí nos topamos con grandes novedades. Tan sólo una insistencia machacona en la maldad de las corporaciones, nuestra infinita capacidad de corrupción, sazonadas con unas buenas dosis de violencia sin sentido y escenas de cama muy ochenteras. Pero a sus personajes les cuesta ser algo más que estereotipos.

La semana que viene comentaré algunas cosas más sobre las relaciones entre textos e imágenes.
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