viernes, 29 de abril de 2011

Tex. El oro del sur.Segura y Ortiz

CAMINO DEL SUR



Tex. El oro del sur.
Antonio Segura y Jose Ortiz
Aleta Ediciones. Valencia 2011.


La participación de autores españoles en la serie Tex ha posibilitado la aparición de recopilaciones con los números en que estos creadores han colaborado. El balance es irregular.

Muy buena la entrega de Font y más bien tristes las de Bernet y Víctor de la Fuente. Ahora traducen la de Segura y Ortiz y el resultado es espectacular. Ortiz nos aterrorizó con sus negros en sus historietas para Warren, donde aprendimos a respetar su arte y a distinguir su siempre frenético pincel. En los ochenta se dedicó a imitar a Bernet y perdió algo de su identidad. Por entonces ya colaboraba con Segura en series que entonces no me emocionaron pero que se resisten a abandonar mi cabeza. Cosas como Hombre o Burton y Cib. Creo que las revisaré.

En otros casos Segura ya demostró que su escritura tenía una calidad indudable, sobre todo en Kraken, su colaboración con Bernet, o en Eva Medusa, su saga con Ana Miralles.En fin, tanto Segura como Ortiz son dos profesionales de fiar, que tanto pueden abandonarse en encargos rutinarios como sorprendernos con obras intensas y cargadas de emociones insospechadas, como en su participación en Tex. Ya he dicho anteriormente que no es un personaje que me vuelva loco. Habitualmente sus historias son repetitivas, anticlimáticas, previsibles y estiradas hasta el aburrimiento. El personaje es un tipo violento y casi sin matices. Así que no resulta extraño que dibujantes tan capaces como Víctor de la Fuente no pudiesen animarlo, al no contar con la ayuda de un buen guionista.

Pues bien, en este tebeo de 1999 Segura demuestra que está en plena forma. Lo primero que nos brinda es una gran aventura. Unos prisioneros confederados se escapan de una prisión y Tex y su colega se encargan de perseguirlos, acompañados de un sargento negro de nombre Isaia. Se inicia así una trepidante carrera que los lleva por pantanos y desfiladeros y en la que entre escaramuzas vamos conociendo a los diferentes personajes. Segura describe con seguridad a sus héroes. Tex resulta más duro que nunca, pero bordea la parodia en escenas como la del whisky o cuando el vaquero le golpea en la cara y casi se rompe la mano. Sin burlarse del héroe, Segura juguetea con él y consigue que casi parezca humano. Lo mismo con sus compañeros de aventuras, sobre todo el sargento Isaia, un adecuado contrapunto para no pocos momentos de la historia.

Similar interés despiertan los malos. Por un lado tenemos al villano absoluto, un miembro del Klan a quien sólo mueve la codicia y el odio racial. Pero también al oficial sudista que se debate entre su honor y unas circunstancias adversas que le llevan a comportarse de forma desesperada. Un personaje que ya hemos visto en el cine pero que Segura escribe con convicción y al que carga de matices interesantes. Especial mención para las secuencias “de masas”, como la llegada al pueblo del cañón o el encuentro entre el racista y los granjeros negros que acabarán linchándolo.

El tebeo rezuma intensidad y sus creadores procuran que no le falte ningún ingrediente, del humor a la violencia pasando por ciertas dosis de reflexión respecto a las huellas de la guerra. Muy bien dibujado por Ortiz y espléndidamente escrito por Segura. No se lo pierdan.
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viernes, 22 de abril de 2011

DUBLINÉS de A. Zapico

"Dublinés" de Alfonso Zapico. Editorial Astiberri
Astiberri. Bilbao, 2011.
232 páginas.18 euros.


EXILIADO

Alfonso Zapico se ha pasado varios años trabajando en un proyecto tan excéntrico como apasionante: trasladar al comic la vida de James Joyce. Un atrevimiento realmente inusual en el panorama español.


Zapico es eso que solemos llamar un autor joven. Con apenas treinta años, ya tiene tres novelas gráficas a sus espaldas y una sólida carrera como ilustrador. Si La guerra del profesor Bertenev era tan interesante como irregular, Café Budapest lo confirmó como un talento a tener en cuenta y le permitió ganar dos Premios Haxtur en el Salón Internacional del Comic del Principado de Asturias en 2008. Algo que se suele olvidar mientras se cita su galardón en el Salón de Barcelona, dos años después.

Biografía en cómic de James Joyce por Alfonso Zapico. Edita AstiberriLa cuestión es que su talento y un proyecto bien planteado le permitieron obtener una beca para pasarse un año en la Maison des Auteurs de Angoulême, un lugar donde los dibujantes pueden vivir y trabajar, contemplar la labor de otros colegas y contactar con editores. Ya en 2008 pude ver algunos de los apuntes que poblaban su cuaderno de bocetos, tomados en un viaje a Irlanda. Comentó sus planes con Joyce y lo cierto es que me eché a temblar. Parecía la típica pajarada, el sueño imposible de un joven autor que desea medirse con una de las figuras más mitificadas del pasado siglo. Decir Joyce supone entrar en terrenos casi religiosos, hablamos de uno de los totems de la vanguardia y la modernidad. Personalmente, nunca me he atrevido con él, así que me aproximé a la novela gráfica de Zapico con ciertos recelos.


"Dublinés" de Alfonso Zapico. Editorial Astiberri
Primero sorprende el atrevimiento en la elección. El autor no da un paso atrás y despliega ante nosotros la vida de Joyce como si nos hablara de uno de sus parientes, con naturalidad, seguridad, amenidad y rigor.
Después, la rapidez con la que ha conquistado su estilo. Su dibujo permanecía todavía un poco inseguro en Café Budapest, pero eso se ha acabado. Mantiene su línea fresca y expresiva y hay algo en la inmediatez de sus acabados que nos recuerda a Eisner.
Por último, el tema se las trae. Hablamos del creador de una de las obras más complejas y debatidas del siglo XX.

Con habilidad, Zapico evita entrar en esos escritos y tan sólo se refiere a ellos cuando reflejan alguna anécdota o suceso en la trayectoria vital de Joyce. No sólo eso, es que además su biografía está llena de viajes, de desplazamientos, de idas y venidas. En todo ese trasiego queda tiempo para miles de borracheras, perder cientos de trabajos y llevar en general una existencia bastante disipada, con enfrentamientos constantes con amigos y enemigos, problemas familiares, etc. Esto es, el material ideal para fabricar un tostón. Nada peor para una narración, ya lo he dicho en otras ocasiones, que las historias de decadencia.

Pues bien, Zapico se sobrepone a todas esas dificultadas y consigue construir un tebeo apasionante e intenso, lleno de humanidad, con personajes vigorosamente construidos, narrado con ligereza y humor a pesar de la densidad del material que maneja. Evidentemente, es una biografía y eso puede lastrar un poco su imaginación, quizás los sucesos no son tan fluidos como en Café Budapest. Las primeras planchas son especialmente duras y la cantidad de personajes que entran y salen de la historia entorpecen el ritmo y pueden confundir a más de uno. Pero da igual. Su ambición es enorme y como lector disfruto cada página. Y pienso en el tiempo que he perdido leyendo historietas masturbatorias y cargadas de más ideología que talento.

Si el comic español tiene una oportunidad se la brindarán autores como éste, con temas universales que contar y con la rara capacidad de insuflar vida a todo aquello que narran. Porque ahí reside el genio de Zapico. En cómo articula los datos de sus sólidos textos de apoyo con unas imágenes que sugieren otras dimensiones de la acción. Su mirada es compasiva y profundamente humana. Entiende el humor y la juerga, también sabe del amor, el dolor y la pérdida y es capaz de transmitirlo. ¡Hasta me han dado ganas de leer a Joyce! Casi.
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viernes, 15 de abril de 2011

JERRY SPRING INTEGRAL de JIJÉ

Jerry Spring Integral. Jijé. Edita Ponent Mon
Ponent Mon 2011.
236 páginas, 44 euros.

POR FIN JIJÉ


Con la publicación de las aventuras de Jerry Spring se corrige una injustificable ausencia. No podía permitirse que Jijé, uno de los mejores autores europeos de todos los tiempos, fuese casi desconocido en España.



En realidad algo ya sabíamos de él. A principios de los setenta pudimos ver algunos de sus episodios para Michel Tanguy publicados en revistas de Bruguera como SuperPulgarcito. A finales de esa misma década algunas editoriales sacaron álbumes de Jerry Spring, como Los broncos de Montana o La chica del cañón. No se puede decir que fuera mucho en el conjunto de una labor que se agrupa en gruesos volúmenes. Sus integrales, confeccionados por la casa Dupuis, alcanzan la veintena y todos van cargaditos de páginas de la más variada condición, del humor a la aventura, del color al blanco y negro, de lo serio a lo caricaturesco.

Pero esas tímidas publicaciones en castellano ya nos permitieron hacernos una idea de su talento. Un dibujante volcánico, fuerte, expresivo y tremendamente productivo. Formó parte de una generación mágica, la que en gran medida creó eso que se viene a llamar tebeo franco-belga, siguiendo las huellas de Hergé. Hablo de Franquin, de Morris y de Goscinny. Sus historias se entremezclan, todos ellos pasaron por unos Estados Unidos que marcaron su manera de aproximarse al comic. Así que para Jijé nada más natural que abordar un tema tan poco europeo como el western. Sin detenernos en antecedentes venerables como las historias del alemán Kart May sobre Old Shatterhand y Winnetou, baste recordar que Jijé no fue el único en el viejo continente fascinado por el género. Le siguieron Morris con Lucky Luke, Greg y Hermann con Comanche, Charlier y Giraud con Blueberry o Berardi y Milazzo con Ken Parker. Los westerns en Europa son legión y muchos de gran calidad.
Viñeta de Jerry Spring Integral. Jijé. Edita Ponent Mon

Y Jerry Spring es uno de los mejores. En el prólogo se citan los problemas de Jijé con sus guionistas a quienes pedía un argumento que luego él iba cambiando sobre la marcha, para desesperación de los escritores. Pero aunque ese aire improvisado es evidente en las historias, no le resta brío a la narración. A veces hay explicaciones excesivas o elipsis salvajes pero en general la serie se lee con interés y su enfoque permanece perfectamente actual. Hay un discurso bienintencionado en contra del racismo, el héroe se pasea en compañía de indios y mexicanos, pero eso no impide que luego tengamos a otros nativos muy malos y a mexicanos perezosos y amantes del tequila. No cae en la trampa de lo políticamente correcto y por eso mantiene la emoción y el sabor de las viejas películas. Y el humor, Jerry Spring está hecho con gracia, hay réplicas brillantes, los diálogos son frescos y directos y además la acción no se detiene nunca. Memorables los pasajes en que se nos ofrece una peculiar visión de las revoluciones mexicanas. También el enfrentamiento con el jefe indio aficionado al alcohol que, en un sorprendente giro argumental, cambia de opinión respecto al caballo del héroe.

Pero evidentemente el plato fuerte es el dibujo. Jijé es un dibujante de raza, uno de los grandes. Su arte puede con todo y su visión del oeste es vital y creíble. Su blanco y negro es directo y expresivo. Cada página, cada viñeta es una lección de dibujo. Nada se le resiste, ni paisajes ni personajes, sus animales son espléndidos, lo mismo sus expresiones. Y ahora, por fin, podemos disfrutar de su trabajo en condiciones. No con el color original, pero lo cierto es que comparando con los integrales de Dupuis no puede decirse que esa ausencia sea importante. Habrá a quien le parezca que el precio del volumen es elevado. Pero, ya saben, el valor depende de lo que alguien esté dispuesto a pagar. En este caso me parece que vale la pena. Este es un tebeo imprescindible, que no puede faltar en la biblioteca de ningún aficionado. Contiene cuatro álbumes, a cual mejor. Yo ya estoy esperando por el siguiente volumen.
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miércoles, 13 de abril de 2011

Muere Nené Estivill

Nené Estivill.
Pontevedra 1926-Palma 2011
Alejandro Santamaría Estivill fue empleado de Telefónica entre 1940 y 1986. Alternó su pasión por el dibujo con la seguridad de un empleo que le llevó de su Pontevedra natal a Madrid y Barcelona hasta Palma de Mallorca, donde residió hasta su muerte.

Comenzó su carrera como dibujante en Galicia, más tarde crearía la serie La Bola para la revista Jaimito, de la Editorial Valenciana. Entra en Bruguera en 1958 con dos nuevas series: La terrible Fifí, en Pulgarcito, y Silvano Mengano, para Can Can. En 1961, nacía en Tío Vivo su personaje más conocido: Agamenón. Estivill será recordado por una frase, la que pronunciaba la abuela de Agamenón al final de cada episodio: "Igualico, igualico quel defunto de su agüelico".

El aspecto gráfico de sus aportaciones a Bruguera es más sucio de lo habitual en la casa. Estivill ofrece un grado extra de expresividad y soltura. Si otros dibujantes sobresalen por el carácter geométrico y la precisión decorativa de sus trazos, él lo hace por lo contrario: su frescura y desparpajo. Las paradojas no acaban en lo gráfico. Fifí es justo lo contrario de una buena niña, enlazando con una larga tradición de niños malos, de Guillermo el travieso a Zipi y Zape. Si Fifí juega con la inversión del orden establecido, en unos términos lógicamente moderados, Agamenón plantea el clásico enfrentamiento entre el hombre de campo, noble de manera natural, y los listillos urbanos, que siempre intentan burlarse de él, sin conseguirlo. Los años no pasan por este mecanismo cómico, que sigue funcionando con eficacia. Los episodios solían acabar a tortazos, terreno éste en que el buen mozo no tenía rival, y con una gran viñeta en la que siempre aparecía su abuela rubricando el final con su célebre frase. A subrayar también el lenguaje, que enlaza con una España rural que iría desapareciendo progresivamente de los tebeos, hasta convertirse en un fantasma, con nula presencia en la actualidad.

El autor apenas conservaba originales de los miles que dibujó, ya que la editorial se quedaba con todo el material. Estivill siempre dibujó y escribió sus tebeos, sin más ayuda que la de su propia familia. Lamentablemente una larga enfermedad apenas le permitió disfrutar de los contados homenajes que se le tributaron en sus últimos años. Aparecía entre los veteranos del comic residentes en las islas en la exposición Historietes en 2006. Dos años después, parte de sus trabajos en Bruguera se recuperaban en un tomo recopilatorio. Descanse en paz.
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viernes, 8 de abril de 2011

Nuevas aventuras de Dick Turpin. Mora y Salvador

Nuevas aventuras de Dick Turpin. Mora y Salvador, El Patito Editorial
Nuevas aventuras de Dick Turpin
Víctor Mora y Martín Salvador
El Patito Editorial. Santiago de Compostela, 2011.



¡DISPAREN AL GUIONISTA! 

Días atrás celebraba las bondades del gran guionista Giancarlo Berardi. Sin embargo, no resulta habitual encontrarse con comics tan bien escritos. Algunos ejemplos lo demuestran.

Empiezo por la reedición de Dick Turpin, un trabajo que en su momento me había pasado desapercibido. Al dibujante lo conocemos por sus colaboraciones para Warren, aquí publicadas a través de revistas como Vampus o Rufus.

Era sólido y tradicional, de narrativa clásica y acabados agradables, destacando su preocupación por los efectos lumínicos. Esta versión inglesa de la Pimpinela Escarlata nos lo devuelve en plena forma. No hay pegas que poner a la parte visual, al contrario, es convincente y está muy bien reproducida, constituye una justa reivindicación de un autor que quizás permanece un tanto minusvalorado. Puestos a buscarle pegas, mantiene cierta inexpresividad en unos personajes que podrían diferenciarse mejor. Pero, repito, Salvador es la razón para comprar este Dick Turpin.

En cuanto a Mora, nos ofrece más de lo mismo. Héroe acompañado de dos amigos, uno grandote y en este caso negro y el otro más bien humorístico, escaso desarrollo de los personajes femeninos, buenas dosis de acción entreveradas de abundantes diálogos… La habitual “fórmula Mora”. No me quejo, el resultado es un tebeo popular en el que pasan muchas cosas, en absoluto aburrido pero al que quizás le sobran diálogos y le falta algo de profundidad.


Nuevas aventuras de Dick Turpin. Mora y Salvador, El Patito Editorial

El cómic, como otros medios de masas, suele oscilar entre dos posiciones opuestas. O el puro entretenimiento, o la especulación excesivamente intelectual y por tanto antipopular. Personalmente, prefiero los guionistas que apuestan por lo primero. Siempre cabe la posibilidad de que, mientras se ocupan de no aburrir, sus historias trasciendan fórmulas y géneros y lleguen algo más lejos. Ha ocurrido con frecuencia. Mora se ha mantenido siempre en las verdes y saludables praderas del tebeo popular, pero en algunos episodios de El Jabato o El Corsario de Hierro, por ejemplo, ha conseguido llegar más lejos. Lo mismo otros como Segura en series como Eva Medusa o Kraken.



En el otro extremo, la calidad es más difícil de encontrar. Cuando nuestra preocupación es sobre todo la novedad, evitar pisar estructuras empleadas por otros, los resultados suelen ser catastróficos. Dos ejemplos cercanos: Un verano insolente y Hágase el caos. En ambos encontramos a grandes dibujantes peleándose con guiones fallidos.



En el primer caso hablamos de una pareja que ya ha colaborado con anterioridad, Lapière y Pellejero. Ahora se atreven con la historia del fotógrafo americano Weston en México. Ojo a la primera pista falsa: la historia arranca con la muerte de Tina Modotti y suponemos que se nos va a contar su biografía. En realidad los dos álbumes se centran en unos años muy concretos y luego abandonan abruptamente a los personajes. Por supuesto, es un millón de veces mejor que aquella pestilencia titulada Modotti. Pero aún así resulta un poco triste ver cómo el gran trabajo de Pellejero se dilapida en una obra en la que pesa más lo discursivo que lo visual. Los personajes hablan y hablan y poco de lo que dicen interesa, hasta casi despegarnos de la lectura. La época es fascinante, sí, los protagonistas también, pero se necesita algo más para construir una buena historia.



Peor es el caso de Cava y Seguí en Hágase el caos. El dibujante sigue en buena forma. Tan sólo una pega a su labor, una debilidad de la que él es muy consciente. Cuando consigue que la chica se parezca a Maureen O’Hara, como en la página 19 (21 del álbum) todo va bien. Pero no es así en general y la femme fatal parece más un travelo que otra cosa ¡Las chicas son difíciles! Un detalle menor en un trabajo lleno de atmósferas sugerentes y que arranca bien. La madre del protagonista es atropellada y vamos descubriendo que la apacible jubilada era una espía complicada en asuntos muy turbios. Luego lo que se nos vende como un relato a lo Graham Greene se diluye hasta la náusea porque el guionista se pasa de listo. En lugar de concentrarse en sus personajes y darles vida, se dedica a demostrarnos todo lo que sabe sobre los Balcanes. A la mitad del álbum ya nos da lo mismo lo que pase. Si ella es una agente doble vendida a los oscuros intereses de Moscú y el tipo que aparenta ser del servicio secreto inglés es un nazi encubierto apenas importa. La Historia con mayúsculas se come a la historia. Y ese es un error imperdonable en un guionista. Se anuncia que en la segunda parte la acción se traslada a Mallorca y sin duda habrá más movimiento y el tebeo despegará un poco. Pero difícilmente sobrevivirá a esta plomiza introducción.

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viernes, 1 de abril de 2011

MACANUDO nº 6 de LINIERS

«Macanudo» de Liniers, edida en España Reservoir Books
Reservoir Books
Barcelona, 2011.
96 páginas. 12,90 euros.

HUMOR Y DESHUMOR



La reciente publicación de la nueva entrega de Macanudos del argentino Liniers y Ellos mismos de nuestro televisivo compatriota Joaquín Reyes, nos permite comparar dos estilos humorísticos muy distintos.


En resumen: pensaba dedicar este artículo al trabajo de Reyes, pero me ha parecido tan flojo que prefiero simplemente citarlo y saltar cuanto antes al argentino, que mantiene el brillante nivel que le caracteriza. El caso Reyes es especialmente decepcionante cuando pensamos en lo divertido que puede llegar a resultar en la televisión. No sólo en sus imitaciones de personajes conocidos, como Lars von Triers, cuya parodia fue antológica. También en sus secuencias de animación, como las protagonizadas por Enjuto Mojamuto, cuyo gag sobre la caída de internet fue justamente celebrado en todos los foros frikis. Pero también sabíamos que Reyes puede ser muy irregular y que salta con facilidad de lo tronchante a lo autocomplaciente. Y eso es lo que en líneas generales predomina en su libro.

Siendo justos debo conceder que su dibujo es bonito y agradable. Y que algunas de sus ocurrencias no carecen de humor. Me he reído con el pasaje que dedica a Jiménez Losantos. Aunque también me pregunto qué habría pasado si el argumento que emplea, que el conocido locutor era “feete y por eso no disfrutó del amor libre”, hubiera tenido otro destinatario. Por ejemplo, ¿se imaginan que alguien afirmara que como Maria Antonia Iglesias es un cruce entre una ballena y una piraña, no mojó lo que debía y por eso ahora está tan amargada? Tiemblo tan solo al plantearlo como mera hipótesis de trabajo. Quiero decir que Reyes se ensaña con los famosos con los que está bien visto meterse, apenas se arriesga. Lo que es peor, muchas de sus tiras no tienen gracia y él es el primero en ser consciente de ello. Si es así, ¿por qué nos castiga con su falta de inspiración? Espero que su próxima entrega esté un poco más elaborada, pensada y seleccionada.



Después de sufrir Ellos mismos, la lectura de Liniers es casi como un bálsamo. Nos deslizamos con delectación por sus mundos poéticos, por sus misterios, por su ternura.
Viñeta de «Macanudo» de Liniers, edida en España Reservoir Books, desde TBEO Y NO LO CREO de Florentino Florez
Su dibujo es tan sencillo y eficaz como su escritura. Nos gusta hasta cuando falla, cuando el gag no llega. Porque sabemos que enseguida nos regalará otra gran ocurrencia, otro buen chiste, un nuevo motivo de reflexión. Especialmente delicada resulta esa sorpresa en mitad del volumen, el viaje a Abajópolis donde Liniers da rienda suelta a muchas de las influencias que rastreamos con facilidad en su trabajo, de Carroll a Gorey, en un trayecto que oscila entre la fantasía y el misterio. Un misterio tan divertido como el que protagoniza el famoso hombre de negro, extraño héroe que se multiplica en sus tiras.

Liniers mantiene algunas de sus virtudes narrativas, como es la costumbre de forzar las posibilidades de un medio a priori tan limitado como la tira. La fracciona, la estira, la comprime… En fin, es un maestro en su arte y pasearse por sus mágicos territorios resulta siempre agradable y satisfactorio. Y, no lo olvidemos, divertido. Puede ponerse poético y hasta metafísico, pero nunca olvida regalarnos chistes tan brillantes como el del “after” de las ovejas, el del entierro del payaso, el de las arenas movedizas o el de la luz mala. Situaciones siempre surrealistas con planteamientos tan absurdos como desternillantes.
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