viernes, 26 de noviembre de 2010

Amistad estrecha. Bastien Vivès

SENSUALIDAD

Amistad estrecha. Bastien Vivès
Diábolo Ediciones. Madrid, 2010.

132 páginas, 17,95 euros

El gusto del cloro contaba la historia de un personaje que se enamoraba de una chica con la que coincidía nadando en una piscina pública. O algo así. En realidad, a su autor no le interesaba tanto la solidez del relato como las sensaciones que podía transmitir con su dibujo y sobre todo con el color. Cualquiera que como en mi caso se haya pasado algunos años nadando en piscinas, reconocerá inmediatamente la paleta de tonos azulados y verdosos empleada por el dibujante. Y eso era exactamente lo que se fijaba en la memoria. Casi se podía sentir ese gusto del cloro en una obra que suponía una auténtica inmersión en el universo piscinero, una realidad que bordea en ocasiones el territorio de los sueños.



Con todo, me pareció un divertimento, un trabajo bonito pero menor, así que dejé escapar los siguientes productos de Vivès, En mis ojos y Por el Imperio, de la que ya se han publicado dos tomos. Ahora nos llega una nueva entrega del dibujante, que insiste en sus especiales colores, su tono lánguido y sus temas de difícil clasificación. Aquí cuenta con la inestimable ayuda al color de Romain Trystram. Considero que este trabajo es un buen síntoma de lo que nos espera, obras en las que los soportes digitales favorecen la aparición de efectos nuevos y sorprendentes. Amistad estrecha se estructura alrededor de dos tipos muy diferentes de secuencias. Por un lado hay un relato secuencial, actual, que se cuenta con un dibujo esquemático, de línea básica, como de rotulador, y un color con una gama muy definida y que puede recordarnos a la del Gusto del cloro. Priman los violetas, rosados, verdes y azules pastel en una combinación tan sencilla como eficaz. En la secuencia de la discoteca la gama se satura con el empleo de tonos más ácidos, pero igualmente armónicos. Por otro lado se emplea un recurso de Photoshop, como es el desenfoque de los objetos. Este efecto consigue que los pasajes en que se aplica el acabado redondeado de las figuras recuerde a Matotti, que alcanza parecidos resultados con sus lápices. En todo caso el procedimiento es tan agradable como confuso. De nuevo la gama de color es atractiva, más cálida que en el resto del volumen, pero eso no nos ayuda a situarnos. La verdad es que cuesta identificar a los protagonistas de esas zonas desenfocadas.

El resultado es un álbum que se entiende a medias. La parte que se sigue con cierta facilidad supone un quiero y no puedo. El autor nos cuenta en un tono muy solemne la vieja historia de la pareja de amigos que se enamoran casi sin darse cuenta. Eso sí, de la forma más rebuscada y cool posible. Si argumentalmente este es un trabajo hinchado y poco convincente, Vivès vuelve a acertar en el terreno de las sensaciones. Aquí abundan los diálogos y las secuencias eróticas y realmente son el dibujo y el color quienes consiguen que nos interesemos por esos personajes cuyas palabras apenas nos conmueven. Pero sí su aspecto y la forma en que han sido trasladados al papel.

Así que el dibujante se mantiene como un creador tan irregular como sugerente. Creo que probaré suerte con alguno de sus otros trabajos y ya les contaré.
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viernes, 19 de noviembre de 2010

ASTERIOS POLYP de DAVID MAZZUCCHELLI

ASTERIOS POLYP de DAVID MAZZUCCHELLI
Sins entido. Madrid, 2010.
344 páginas, 30 euros

CUANDO LO NUEVO PARECE VIEJO


La biografía de Mazzucchelli es tan breve como extraña. En los ochenta dibuja superhéroes firmando, con Frank Miller al guión, dos álbumes antológicos: Daredevil born again y Batman año I. Luego publica su propia revista a principios de los noventa, Rubber Blanket, donde incluye una serie de experimentos de difícil clasificación, en general de pequeño formato. Con dos excepciones: la peculiar Discovering America y la extraordinaria Big Man, ambas publicadas en español por mis compañeros de El Wendigo. En 1994 dibuja una adaptación de la novela de Paul Auster, City of Glass. Y luego, un conjunto de noticias sueltas. Una beca para estudiar en Japón, portadas para el New Yorker, clases en la School of Visual Arts


 Leímos su historieta japonesa en Nosotros somos los muertos y su adaptación de un cuento en el volumen editado por Spiegelman. Pero, sobre todo, esperábamos. Era un secreto a voces que David preparaba una novela gráfica, el trabajo definitivo de quien ya había demostrado que su talento como dibujante no tenía límites. Tampoco era mal escritor, en todos sus comics latía una preocupación existencial que los teñía de cierta melancolía y un sentimiento religioso poco habitual en sus contemporáneos.

Por fin nos llega su Asterios. Es un libro mimado en todos sus detalles, aunque no entiendo la tontería de la camisa corta en la cubierta ¿Es para que se estropeen los bordes? El color se soluciona alternando dos tipos de bitonos, de cálidos y fríos, respectivamente. Y su dibujo tiene la calidad de siempre. Utiliza una estructura de página dinámica, con muchos blancos y variedad de tamaños en las viñetas. El problema, como ya habrán supuesto, está en la historia. O mejor, las historias.

Hay una parte en la obra más agradable, como es la relación entre Asterios, el “héroe” de la novela, y Hana, la escultora japonesa. Tiene momentos muy verdaderos, especialmente la deliciosa secuencia muda en que acumula un montón de instantes cotidianos con gran efectividad. También convencen algunos de sus diálogos, en los que Asterios acaba siempre haciendo callar a su compañera. El arquitecto protagoniza otras partes creíbles, como la de la construcción de la cabaña, una celebración del esfuerzo y el trabajo bien hecho. O la visita al cráter, en la que el talento de Mazzucchelli para el dibujo realmente nos transmite la sensación de grandiosidad necesaria.
Viñeta de Asterios Polyp de David Mazzuchelli, edita en España Sins Entido

Pero son momentos aislados en el conjunto de una obra hinchada, presuntuosa e innecesaria. El autor parece contagiarse de la personalidad de su personaje, ese pedante insufrible que filosofa sobre la percepción de la realidad, la dualidad y otros asuntos igualmente graves y trascendentes. David despliega su bolsa de trucos y lo vemos esforzándose por resultar moderno, cambiando de estilo a voluntad, saltando de un manierismo al siguiente, repitiendo encuadres y jugando con los colores para contarnos ¿qué? Muy poco, la verdad.

Acumula retazos de historias pero falla a la hora de encadenar las secuencias, o quizás es que está por encima de esas menudencias. Así que nos quedamos sin saber en qué consistió la relación entre Hana y el insoportable Willy o porqué se separó de Asterios. Y, si me apuran, tampoco sabemos porqué se unen cuando él parece tan feliz tirándose a todas sus alumnas. Si los apartados filosóficos interrumpen el fluir de los hechos, lo mismo podría decirse de la estancia de Polyp en la casa del mecánico. Parece una excusa para aportar un tono “indie” a la narración y presentar unos cuantos personajes estrambóticos y pintorescos, entre los que destaca, por supuesto, Úrsula Major.

Lo peor no es que la novela resulte pretenciosa y grandilocuente, es que además es aburrida. Artificiosa y falsamente trascendente, como el capítulo dedicado al padre enfermo demuestra. No conseguimos entrar en lo que se nos cuenta, falta verdad, autenticidad. Sin duda Mazzucchelli se ha pensado mucho este trabajo, pero apenas consigue emocionarnos. Apreciamos su destreza, pero nos distanciamos de su helado interior.
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viernes, 12 de noviembre de 2010

Milan K. Sam Timel y Corentin

¡QUE VIENEN LOS RUSOS!

El Patito Editorial.
Santiago De Compostela, 2010.

64 páginas, 15 euros.

Hace ya tiempo que el mercado europeo intenta renovar viejas fórmulas, incorporando giros narrativos tomados del manga o de la industria americana. Mantengo un ojo puesto en los nuevos autores aunque debo reconocer que después del empacho provocado por los Sfar, Blain y compañía, cada día me siento menos tentado a darles una oportunidad. Con todo siempre hay excepciones, como algunos brillantes trabajos nos han demostrado recientemente. Pienso en el ciclo de Aldebarán, en el terreno de la ciencia-ficción, o en el del Gavilán, en el campo de la historieta histórica más clásica, pero debidamente actualizada. Siempre nos quedan Senté y Bravo para consolarnos. Y la esperanza de que algún día alguien ose traducir al gran Berardi que, desde Italia, continúa escribiendo cientos de páginas de su Julia, ¡cada mes!

Ahora nos llega esta aventura con ambientes que nos recuerdan a otro de los grandes, Van Hamme. En concreto a su serie Largo Winch. Si allí el protagonista era un joven rebelde que heredaba la fortuna de su padre adoptivo pasando a dirigir una multinacional, un conglomerado de empresas de compleja articulación, aquí se parte de una situación similar. Pero algo más complicada. En este guión escrito por Timal todo recuerda sucesos reales. Tenemos a un empresario ruso que se enfrenta a su gobierno, dirigido por un trasunto de Putin, en feo. La situación llega a un extremo tal que el hijo del millonario debe abandonar su refugio suizo y escapar a los USA bajo una identidad falsa, acompañado de su fiel guardaespaldas.

Allí intenta pasar desapercibido y adaptarse a una situación desesperada. Toda su familia ha sido asesinada y él es perseguido por su propio gobierno, que desea arrebatarle los bienes que pertenecían a su padre. Por el camino vemos cómo el protagonista va madurando. Primero es un niño, luego un adolescente y finalmente casi un hombrecito que aprende a base de experiencias muy duras. Aunque el guión está cargado de lugares comunes, como la relación que se establece entre el joven y su guardián, con fases quizás predecibles, la historia en general se sigue con interés. Las secuencias de acción están bien planteadas y se alternan con habilidad en una trama donde priman los diálogos y las conspiraciones al más alto nivel. Destaca esa larga escena final en que se enfrentan a tiros a sus perseguidores por los suburbios de Los Ángeles.

Este no es un tebeo de Van Hamme, no alcanza las honduras que le caracterizan. Pero se mantiene en un nivel digno, es un entretenimiento de calidad que no decepciona las expectativas que genera en el lector. Ello se debe en gran medida al excelente trabajo de Corentin, un dibujante clásico y sólido, que no se anda por las ramas y nos convence con su narración pura y directa. Quizás alguna expresión es mejorable, pero su entintado es fresco y claro y sus escenarios más que apropiados.

No es el mejor tebeo del año, pero si le gustan los thrillers de ambiente político este tebeo le complacerá. Es un trabajo más que correcto, contado con ganas y que sin duda mejorará en próximas entregas.
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viernes, 5 de noviembre de 2010

USAGI YOJIMBO: la madre de las montañas de S. SAKAI

Usagi Yojimbo, la madre de las montañas de Stan Sakai. Edita Planeta de Agostini.
Planeta DeAgostini. 
Barcelona, 2010.
180 páginas, 12,95 euros.

ENVIDIA Y CODICIA

Cada volumen de Usagi Yojimbo es una alegría. Su creador, el gran Stan Sakai, podrá estar más o menos inspirado pero hace ya tiempo que nos ha demostrado que su calidad está muy por encima de la media. 


Tiene historias que contar y un dibujo sencillo y una narrativa eficaz para hacerlo. Volvemos en esta ocasión a ese Japón feudal que ha distorsionado para situar a su héroe, un conejo samurai que ya es como de la familia. Cada episodio de Usagi es una celebración de un conjunto de valores que definen al héroe: fidelidad, honestidad, lealtad, valor, integridad… La lista completa. Su firmeza en la defensa de estos principios coloca a Usagi en no pocas situaciones comprometidas, empezando por sus relaciones con la madre de un hijo que no puede reconocer.

Y es que, a pesar de su aspecto de fantasía para niños, de su dibujo casi infantil, Usagi Yojimbo aborda temas universales y que pueden interesar a cualquier lector.
Usagi Yojimbo de Stan Sakai. Edita Planeta de Agostini.
Sakai sólo se limita en cuanto a que procura que sus historias puedan ser leídas por todos, evitando escenas muy desagradables. Pero cualquiera que le eche un vistazo a esta su última entrega comprobará que describe cómo torturan al héroe y que su villana protagonista no se ahorra actos de maldad y depravación sin límites. Actos que apenas son contenidos por el estilizado dibujo del autor.

Se nos cuenta la relación entre dos primas, Tomoe, una vieja conocida de la serie, y Noriko, una espléndida mala y algo más, como descubriremos con asombro a medida que avanza la historia. También cómo el hallazgo de una mina de oro puede alterar la vida de toda una región, excitando la codicia de sus ambiciosos vecinos. Como siempre Sakai va dejándonos pistas que nos llevan de una secuencia a otra, con su fluidez habitual. Por el camino engarza otras pequeñas historias entre las que sobresale la del paje Motokazu. La desarrolla con naturalidad y la cierra en un final perfecto. Por cierto, no sé si a ustedes les pasará, pero tiene momentos en que me recuerda el relato de Arf en el Príncipe Valiente, en los episodios en que aún no ha perdido la pierna y es un adolescente que se esfuerza por llamar la atención de Aleta.

Los temas que aborda la historia son dos tan universales como la codicia, ya mencionada, y sobre todo la envidia. Esa y no otra es la pasión que mueve a la malvada Noriko, una fuerza antigua como la humanidad y que explica no pocas de nuestras debilidades y pecados.

Sakai la maneja con su habilidad característica y nos deslumbra con una aventura trepidante y más áspera de lo normal en él. Sorprenden la crudeza de la secuencia de tortura y las reacciones de furia homicida del héroe, justificadas por su preocupación por Tomoe, la mujer a la que ama calladamente.

Por el camino, todo es bueno. Las secuencias de acción, los secundarios, la construcción del argumento, las motivaciones de los personajes, los giros inesperados, las intrigas palaciegas… Sabemos ya que Sakai se toma su tiempo para presentar a sus protagonistas y explicar sus intereses y sentimientos. Pero esa planificación a largo plazo, que tan gratificante es para el lector, no le impide construir un gran entretenimiento en cada uno de sus relatos.

Es un maestro y aquí ha vuelto a demostrarlo.
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