jueves, 27 de mayo de 2010

Tebeos de primera - Varias novedades


STICHES, UNA INFANCIA MUDA
David Small
Reservoir Books. Barcelona, 2010.
336 páginas. 19,90 €

Un ilustrador nos cuenta su traumática infancia en una obra autobiográfica, demoledora y poética. Nada es lo que parece. O sí. Buena narrativa y excelente dibujo para contaros unas duras experiencias que el autor consigue superar gracias a su arte.

MI AÑO. 1. PRIMAVERA
Taniguchi-Morvan
Ponent Mon, 2010.
64 páginas. 16 €
Taniguchi en su nueva aventura europea y a todo color. Escribe Morvan, un guionista que aquí conecta con los habituales mundos del japonés. Un trabajo lleno de sensibilidad y delicadeza que promete contarse entre los mejores del año.

AFRIKA
Hermann
Planeta DeAgostini. Barcelona, 2010.
56 páginas. 11,95 €
No soy un fan del Hermann adicto a la acuarela, pero este tebeo me ha llamado la atención. Volvemos al continente negro para vivir una trepidante aventura de la mano del ecologista más salvaje de la historia. Curioso.

FERD'NAND RETORNA. TIRAS DE 1938
Mik
Manuel Caldas. Portugal, 2009.
116 páginas. 12,50 €

Vuelve uno de los grandes clásicos del humor mudo. Tan sencillo como eficaz. Una afortunada recuperación.

SOSTIENE GALLARDO
Miguel Gallardo
Blur Ediciones, 2010.
64 páginas. 6 €

Gallardo ha visto cómo en los últimos años gran parte de su trabajo se reeditaba. Ahora nos llega este pequeño volumen que reúne parte de sus eficaces ilustraciones para los artículos de Xavier Bru de Sala. Un conjunto gráfico excelente que no deberían perderse.

KRAZY+IGNATZ+PUPP
George Herriman
Manuel Caldas. Portugal, 2009.
48 páginas. 13 €

Enésima reedición de La Gata Loca. El señor Maresca nos está acostumbrando a sus impecables revisiones, muy difíciles de igualar, así que en este caso no puedo decir que la reestauración resulte especialmente espectacular. Por otro lado, todo sigue igual. Las planchas de Herriman son muy bonitas y poéticas y puede disfrutarse con su peculiar diagramación. Pero a mi nunca me han hecho gracia las aventuras de este antipático ratón, siempre dispuesto a pegarle un ladrillazo a su hembra. ¿No deberían decir algo las feministas al respecto?

LOBEZNO
Clarck-Gischler-Das Pastoras
Panini Comics. Barcelona, 2010.
56 páginas. 9,95 €

Das Pastoras lleva muchos años demostrando su calidad como dibujante. Pero los guiones que ilustra no suelen estar a la altura de su talento gráfico. Ahora nos llega esta incursión en el género de los superhéroes y al menos podemos decir que le han adjudicado dos relatos que se entienden, entretenidos y con un evidente humor negro. Si le suman el peculiar estilo del gallego se encontrarán con un trabajo curioso que nos permite disfrutar otra vez con su prodigiosa técnica.

FRANKENSTEIN
W. Shelley-B. Wrightson
Planeta DeAgostini. Barcelona, 2010
256 páginas. 24 euros

Vuelve un trabajo clásico de Wrightson, en su mejor etapa como ilustrador. Una edición muy cuidada en la que se agradece la introducción a cargo de Stephen King y se echan en falta los bocetos que acompañaban la anterior versión. En todo caso, la reproducción de los dibujos es excelente.

DUELO DE CARACOLES
Pere Joan-Sonia Pulido
Sins entido. Madrid, 2010
104 páginas. 19 €

Aunque algunos se han apresurado a comparar este tebeo con la famosa película de Ferreri, la relación con la comida que se establece en una y otra obra guardan pocos parecidos. No hay nada existencialista ni autodestructivo en el dibujo de Pulido ni en el texto de Pere Joan. La palabra que mejor define este trabajo es “divagación”. La excusa, un buen plato de caracoles. Su digestión facilita el paseo, la disgresión y el florecimiento del ingenio. Para mi, el tebeo más mallorquín que he leído nunca. Por su color, su ritmo y, sobre todo, su tono. Esa amabilidad, ese dulzura del atardecer que llega lentamente, esa ligereza... Quizás la dibujante acierta más que el dibujante, en este caso guionista, que se enreda en disquisiciones un tanto pretenciosas. Si les gustan los tebeos tan bonitos como raros, no se lo pierdan.
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jueves, 20 de mayo de 2010

KAFKA - D. Z. Mairowitz y R. Crumb

Kafka de Crumb y Mairoovitz, edita La Cupula
La Cúpula, Barcelona, 2010.
178 páginas, 20 euros.


KAFKA-CRUMB



La primera edición en español apareció en 1995 y ya entonces tuve ocasión de expresar mi satisfacción ante este trabajo. Vuelve el año en que Crumb nos ha brindado su impresionante versión del Génesis, con la que ha enmudecido a toda una crítica incapaz de entender su ortodoxo acercamiento. Considero que es ésta una recuperación afortunada y conveniente. La primera edición se englobaba en el marco de la colección “Para principiantes”, una serie que nos deparó muchas sorpresas agradables, pero a la que le faltaba el empaque en la presentación que ahora se nos ofrece, tapa dura y mejor papel incluidos. Dije en su momento que me parecía una obra maestra y lo mantengo, resiste perfectamente la revisión, quince años después.


Por un lado, por sus virtudes artísticas. Me refiero, por supuesto, al vigoroso y expresivo dibujo de Crumb, que aquí brilla a mucha altura, como podemos comprobar página tras página. Pero también al modelo narrativo elegido, esa complicada interacción entre texto e imagen que los autores consiguen aligerar y que funciona con sorprendente perfección. Hay dos factores que destacan. Por un lado la calidad de las imágenes, con un Crumb poderoso que visualiza con naturalidad los mundos de Kafka. Pero es que Mairowitz no se queda atrás. Une a su investigación de la vida y obra del escritor una exposición de los hechos amena y apasionante, describiendo el contexto cultural y político en el que nacen y se desarrollan sus ideas, seleccionando pasajes representativos y dramatizando diferentes momentos vitales. Todo ello configura un ensayo gráfico apasionante.
Kafka de Crumb y Mairovitz, edita La Cupula

Resulta muy satisfactorio contemplar cómo Crumb imagina a Gregor Samsa como una enorme y repugnante cucaracha, aunque luego el texto nos explica que Kafka prohibió expresamente que se visualizara la transformación de su personaje. O su cruel puesta en escena para La colonia penitenciaria, con esa horripilante máquina ejecutora. O la pequeña historieta en que nos muestra el final de El Proceso. Todas estas adaptaciones están muy bien. Pero tan interesantes o más resultan las reflexiones que el texto de Mairowitz dedica, por ejemplo, a la relación entre Kafka y la cultura judía. En su caso se da una paradoja que también encontramos en otros judíos célebres, como Marx o Freud. Cuanto más pretenden alejarse de sus raíces culturales, cuanto más niegan sus orígenes, más judíos resultan.

Cuando en 1978 Isaac Bashevis Singer ganó el Premio Nobel de literatura, una profesora lo describió así: “Está muy bien, pero, como todos los judíos, no puede evitar, si tiene una herida...”. Y entonces hacía un gesto como si estuviera hurgando en una hipotética llaga. Hay un componente de autocrítica muy poderoso en el mundo judío. Componente que puede derivar hacia el autodesprecio o hacia una ironía muy fina que explicaría su peculiar sentido del humor. Lo que hace Mairowitz es relacionar los dos extremos en la obra de Kafka.

Esto es, niega el sentido habitual que atribuimos al término “kafkiano”, por considerar que los aspectos terroríficos, amenazadores, son sólo una parte de su trabajo. Y que siempre vienen compensados o filtrados por un humor muy negro. Para Mairowitz Kafka se resigna a lo peor y lo hace a través del humor. Pero esa resignación no le ahorra lucidez. Por eso se convierte en uno de los grandes cronistas del siglo XX. Porque, permaneciendo aparentemente al margen, nos brinda una imagen de nuestras profundidades, de nuestras miserias, de los infiernos burocráticos que estamos dispuestos a construir. Esa visión desesperanzada que no desesperada irritó gravemente a los magnatarios comunistas, que negaron su grandeza durante años. No se puede soñar con el hombre nuevo si se lee a Kafka. Tampoco agradó a los checos, ya que escribía en aleman. Y se sentía demasiado alejado del mundo judío como para formar parte de él, aunque en ocasiones soñó con emigrar a Palestina.

En fin, Kafka se instaló en un lugar a mitad de camino de ninguna parte en el que, curiosamente, todos nos reconocemos. Su posición universal y humanista lo deja fuera del gran juego, ajeno a los devaneos totalitarios, nacionalistas y socialistas. Por eso ahora, siempre, su lectura resulta tan recomendable como deprimente. Nos permite despertar de cualquier ensoñación ideológica, para enfrentar las verdaderas pesadillas. Supongo que debemos agradecérselo.
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jueves, 13 de mayo de 2010

Dibujo y pinto coches - Pau Rodríguez

Hispano Europea. Barcelona, 2010
48 páginas, 5,95 €

ESPAÑOLADAS VARIAS

Como se acumulan las novedades patrias, permítanme que repase brevemente algunas de las propuestas que han llegado a las librerías y que demuestran la variedad de la oferta nacional.
Empiezo por Pau, a quien todavía echamos de menos por este periódico. Para mi ya no es lo mismo hojear el Diario de Mallorca y no encontrarme con su chiste diario. En fin, él sigue peleando, cada vez más introducido en el mercado francés. Ahora nos llega la traducción de un manual de dibujo que publicó primero en Francia. Es sobre coches y ya tiene otro publicado sobre dinosaurios. Ambos se adaptan a un esquema preconcebido, que le resta cierta gracia al producto final. Página tras página nos enfrentamos a esa pauta de ocho dibujos, un poco repetitiva sobre todo si la comparamos con lás planchas más abiertas del principio y soñamos con un manual realizado en completa libertad. En todo caso, no hay Pau malo y éste es muy recomendable, tanto para los aficionados al dibujo como para los locos de los coches. Si a su hijo le gusta dibujar, este manual le resultará sin duda muy útil.
Mi segunda elección no es tan satisfactoria. El hijo, de Torrecillas y Alba, es un trabajo fallido. Por un lado por el dibujo. Franceses como Blain, Blutch o Sfar nos han acostumbrado a la idea de que no hay dibujo malo. Pero eso no es del todo cierto. Se puede dibujar con desfachatez y hasta con limitaciones, pero se necesita cierta gracia mínima, cierta expresividad, de la que esta obra carece. Aunque el autor tiene una innegable sensibilidad para el color, el grafismo es demasiado pobre y confuso y complica aún más un guión ya enrevasado. Tiene sus momentos, eso es innegable, con personajes como el sastre o la monja, que no están mal concebidos. El ambiente, esas montañas de la locura que bordean el territorio del sueño o de la pesadilla, son un gran emplazamiento. Pero todo acaba resultando excesivo. Demasiadas entradas y salidas del manicomio, demasiada gente que va y viene... La estructura se desmorona, el dibujo no nos ayuda a situarnos y como lector me rindo, abandono.

Tampoco acierta Juanjo Sáez en Yo, su tercer libro. Si los dos anteriores eran frescos y recomendables, éste parece precipitado, estirado y poco meditado. Tiene sus momentos, por supuesto, no ha perdido todo su talento de golpe. Pero puede hacerlo mejor. Molesta sobre todo esa sensación de que se queda a medias en sus críticas. Entiendo que desee seguir recibiendo encargos. Pero si no puede hablar con libertad, que no cite sus tropiezos con instituciones como El País o Raimon, quedándose a medias en sus chanzas.

Dejo para el final a Max, que publica Las aventuras de Gustavo, en una muy bonita edición integral. No hacía tanto que La Cúpula había reeditado los álbumes de su primer personaje, pero ahora los agrupa en un tomito en tapa dura, absolutamente delicioso. Buen papel para un trabajo que demuestra que Max ya dibujaba bien casi desde el principio. Otra cuestión son los argumentos. No dudo de la actualidad de este héroe antisistema, pero prefiero el arrogante individualismo de Peter Pank. Aunque seguro que muchos de nuestros adolescentes se identificarán con este guerrillero urbano, empeñado en volar centrales nucleares.
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jueves, 6 de mayo de 2010

En Carne Viva - Pellejero, Germaine, Giroud

Astiberri. Bilbao, 2010.
134 páginas, 19 €


DEL FOLLETÍN AL CULEBRÓN

Hacía ya tiempo que no sabíamos nada de Rubén Pellejero, un gran dibujante caracterizado por la elegancia de su trazo y la armonía y sensibilidad de su color. Tras muchos años colaborando con Norma, sus últimos trabajos habían sido traducidos por Glénat y ahora es Astiberri quien edita estos dos volúmenes que han titulado En Carne Viva.

El formato podía ser un poco mayor y ésta es la principal queja que se puede plantear a un tomo por lo demás impecable y necesario. El dibujante trabaja principalmente para el mercado francés desde que realizó con el guionista Lapière Un poco de humo azul en 2002. Luego nos brindó El vals del gulag y, desde entonces, nada. Sabíamos que seguía dibujando, pero nadie parecía interesado en publicarlo por aquí. Y lo cierto es que toda nueva obra de Pellejero es siempre una buena noticia.

Aquí recrea la vida de un desgraciado pintor en el bohemio París de finales del XIX. La narración se inicia durante los últimos días de la Comuna, en uno de los escenarios más literarios de la ciudad de la luz, el cementerio de Pere Lachaise. Luego sigue las peripecias del hijo deforme de un carnicero, dotado con una extraordinaria habilidad para el dibujo. Su carrera como pintor despega cuando conoce a la bella Mathilde, pero luego todo se complica. Por un lado él sufre por un amor no correspondido y por el otro el motor de la historia es una sórdida intriga familiar, que no será desvelada hasta el final.

El guión falla a causa de su tortuosa estructura folletinesca. Supongo que desean rendir un homenaje a las clásicas novelas por entregas, actualizadas. Pero eso no justifica todas las vueltas, idas y venidas, deambular de personajes y citas misteriosas dedicadas a algo no especialmente dramático. Creo que el personaje central está muy bien construido y su relación con esa musa inalcanzable resulta verosímil y enternecedor. Incluso me parece conmovedora esa brevísima escena final en que se encuentra con el pariente que padece la misma minusvalía que él. Pero así como esa secuencia funciona por su sencillez e intensidad, el desarrollo general fracasa por aparatoso y prolijo. Una mayor simplicidad en la exposición de los hechos habría mejorado mucho el resultado final.

Simplicidad como la que sí consigue Pellejero con su dibujo, sin duda la gran baza de este trabajo y la razón por la que deberían comprárselo. Se le nota en su salsa en el periodo histórico que retrata y las citas visuales a los ilustradores fin de siglo se suceden, imponiendo desde el principio su personalidad gráfica. En este caso, la técnica elegida, esos grises que aplica con la línea y sobre los que luego pinta, rebajan su luminosidad, aportando una sensación de pesadez general, un clima un poco opresivo. Contiene mucho su gama cromática y prácticamente sólo juega con dos o tres variantes, sobre todo en diálogos de amarillos-marrones, pero también en suaves entonaciones grises y algunas estridencias de color muy medidas. Como siempre, es un verdadero placer contemplar la modulación de su línea, todo nervio y sensualidad. Es un trabajo de dibujo grandísimo, magistral, con una retícula de viñetas muy contenida y eficaz.
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