jueves, 25 de febrero de 2010

Franco contra Flash Gordon

Vicent Sanchís
Edicions 3 i 4.
Valencia, 2009
231 páginas. 22 €


EL CENSOR COMO MODISTO

No puede decirse que los temas tratados en este libro sean nuevos. Recuerdo una conferencia de Antonio Marimon, que luego desarrollaba en su excelente libro Guerreros, corsarios, etc., en la que citaba las leyes censoras en relación con los tebeos del franquismo. También hace ya años que Faustino Rodríguez organizó en Asturias una muestra en la que, con imágenes similares a las que aparecen aquí, reflexionaba sobre las diferentes etapas de la censura franquista.

Pero, si no innovador, este ensayo sí tiene la virtud de agrupar toda la documentación legal relativa al tema, lo que acaba siendo su mayor lastre. Su recorrido es tan exhaustivo como agotador.

Su recopilación de comentarios de los censores sobre cada edición de Flash Gordon resulta tan apasionante como cansina. Un trabajo de estas características no tiene porqué ser entretenido, ni mucho menos. Pero habría preferido una edición sintetizada, con todos los apéndices documentales necesarios, y una mayor aportación de ejemplos gráficos. Estos últimos, muy bien presentados, acaban sabiendo a poco al ser un tema del que ya teníamos bastante información anterior.

En pocas palabras: si a usted le interesa una historia de la censura en España, así en general, éste es su libro. Si en cambio siente sobre todo curiosidad sobre las diferentes manipulaciones que padeció la inmortal serie de Raymond en sus ediciones españolas, ármese de paciencia. Encontrará una información muy completa, pero tendrá que abrirse paso entre una maraña de datos, no todos fascinantes.

Respecto a la censura en sí, podemos citar dos grandes momentos. Tras la Guerra civil básicamente se evita todo aquello que atente contra la moral. Esto se traduce en que los editores debían tapar las desnudeces que Raymond desparramaba por sus viñetas. También lo que atentaba contra el orden establecido, incluyendo aquí la familia, como puede verse en uno de los ejemplos más llamativos del libro. Pero luego hay una inflexión en 1962, con un nuevo control de aspectos antes olvidados. Así que ciertas reediciones hacían desaparecer las espadas sangrantes y otros signos de violencia que anteriormente se habían tolerado.

Una de las partes más divertidas se encuentra en el apartado dedicado a la República. Allí menciona a Antonio Martín, a cuyos trabajos sobre la prehistoria del comic español alude constantemente. Don Antonio sostiene que durante la República no hubo censura alguna. Sanchís reproduce una larga cita, en la que Martín arremete contra esos críticos que hablan sin acudir a las fuentes, ni documentarse ni nada. A renglón seguido, Vicent Sanchís demuestra que Flash Gordon también fue censurado en ese momento, muestra algunos ejemplos y recomienda al insigne estudioso que siga sus propios consejos.


Aparte de esto, queda la sensación de que no era para tanto. Las grandes operaciones censoras se traducen, al final, en cubrir las vergüenzas de las coristas de turno. Algo que hoy en día a no pocos padres, educadores y feministas seguro que les gustaría hacer con ciertas manifestaciones de la moda juvenil. No quiero frivolizar con un asunto que considero muy serio, pero algunas reacciones actuales, por ejemplo ante campañas consideradas sexistas, no andan muy lejos de estos tapados anteriores.

En resumen: un volumen muy interesante y necesario, que me ha hecho bostezar. Leer más...

miércoles, 24 de febrero de 2010

El desencanto - Andrew Anthony

Planeta, 2009.
376 páginas,

20,50 €


SE LLAMA
MIEDO

En la novela de Tom Wolfe Soy Charlotte Simmons, encontramos un pasaje que señala algunas de las paradojas de la corrección política. En una universidad, un erudito profesor muestra imágenes de un experimento de neurociencia. Un toro de lidia ha recibido unos implantes cerebrales que permiten al científico de turno controlar sus impulsos, dirigiéndolo a su antojo. Cuando algunos alumnos lo ven, empiezan a clamar contra lo que consideran crueldad hacia los animales. Pero el maestro, que es perro viejo, replica rápidamente que en España el maltrato a los toros es un rasgo cultural propio. En la novela los estudiantes se quedan paralizados ante el argumento, ya que el respeto a la diversidad cultural se considera un valor supremo.

Ocurrió algo parecido con las famosas caricaturas de Mahoma. Cualquier otro suceso similar activaría inmediatamente las alarmas en defensa de la libertad de expresión. Pero como los ofendidos no eran los príncipes, como en la sonada portada de El Jueves, las voces se acallaron y en su lugar se alzó un miserable murmullo de susurros acobardados que, en nombre de la multiculturalidad, nos sugerían de qué se puede hablar y de qué no.

Del caso de las caricaturas de Mahoma se nos han ofrecido diferentes versiones. Yo les recomiendo la de Andrew Anthony en su libro El desencanto, que paso a resumir. Todo empezó en 2005 con El Corán y la vida del profeta de Käre Bluitgen, una autora de libros infantiles que no conseguía encontrar un ilustrador para su obra. El caso de Theo Van Gogh y otros similares habían provocado el miedo. Esto fue lo que motivó que el periódico Jyllands-Posten publicara doce caricaturas de Mahoma. Semanas después una delegación de once embajadas instaba al gobierno danés a aplicar el peso de la ley sobre los responsables. La fiscalía investigó y no consideró a los dibujantes culpables de delito alguno. Entonces un grupo de imanes daneses recorre Oriente Próximo explicando “el dolor y el tormento” que todo esto les había causado.

Sin duda recuerdan el resto: boicot a los productos daneses en Oriente Próximo; en 2006 las embajadas de Dinamarca y Noruega en Siria son incendiadas, también la embajada danesa en Líbano; en las manifestaciones que se produjeron de Nigeria a Pakistán murieron más de cien personas; un ministro indio ofreció más de un millón de libras por la cabeza de uno de los caricaturistas; los casos de intento de atentado cuya justificación eran las caricaturas se multiplicaron; algunos periódicos europeos decidieron publicar los dibujos, en solidaridad con sus colegas daneses; otros miraron hacia otro lado, hablando del “desprecio europeo hacia otras culturas” y de “ofensas deliberadas”.

Cuando hace años un grupo judío demandó a Wuillemin por Hitler SS a mi me pareció bien. Si alguien se siente ofendido por una historieta puede protestar, siguiendo los cauces legales. Pero que directamente se decida silenciar una opinión recurriendo a amenazas de muerte es bien diferente.

El asunto sigue abierto, como nos recordaba una noticia que se producía estas navidades. La casa del dibujante danés Kurt Westergaard, de 74 años, era invadida por un energúmeno que pretendía matarle, armado con un hacha y un cuchillo. La policía intervino a tiempo, como ya hizo en 2008, año en que los servicios de inteligencia daneses frustraron un primer intento de asesinato, y en 2009, cuando el FBI abortó un segundo atentado. Westergaard ha declarado: “No tengo miedo, pero estoy muy enfadado por sufrir amenazas porque solo hice mi trabajo”. Los dibujantes que participaron en ese proyecto han vivido un auténtico infierno. Necesitan escolta, han tenido que cambiar de casa y en cualquier momento un desequilibrado puede acabar con sus vidas. Son unos verdaderos héroes a quienes rindo tributo. Si en los años cuarenta el gran dibujante inglés David Low ilustraba la fortaleza moral de Europa con la imagen que acompaña este artículo, podemos imaginar ahora a cualquiera de esos dibujantes sustituyendo a Churchill, presto a enfrentarse a la barbarie. Porque todos los demócratas europeos le siguen, arremangándose para lo que venga. Sin excusas. Leer más...

jueves, 18 de febrero de 2010

The House of Mistery

Bernie Wrightson
Planeta DeAgostini
100 páginas, 9’95 €


EL JOVEN WRIGHTSON

Hace dos semanas comentaba el boom de los tebeos de crímenes y terror que se había producido en Estados Unidos a principios de los cincuenta. Sin duda los productos más interesantes venían de la EC, pero fueron muchos quienes intentaron sacar provecho de aquella moda. También las grandes editoriales como DC, más conocida por personajes tan populares como Batman o Superman.

A finales de 1951 lanzan The House of Mistery, a la que luego seguirá The House of Secrets. Allí se acumula un material diverso, pequeños relatos que van del terror más clásico a la fantasía moralizante, explorando las diferentes caras del miedo. Lo cierto es que estas revistas, de muy larga vida, siempre resultaron irregulares, con mucho material de relleno entre el que destacaba algún episodio dibujado por alguien con talento. Mucho más tarde, con la invasión inglesa de los ochenta, algunos de sus personajes fueron reutilizados por creadores como Moore o Gaiman que, estos sí, consiguieron asustarnos.

Ahora Planeta ha tenido la afortunada idea de agrupar en un bonito tomo las historietas dibujadas por un creador que se dio a conocer en aquellas publicaciones, pero que maduraría en los productos Warren, ya citados aquí. Todos recordamos algunas de sus historietas para esa editorial, como la grandiosa Jennifer, con guión de Bruce Jones, o aquella otra sobre el monstruo del lago, o su adaptación del Gato Negro de Poe, o de relatos de Lovecraft... Claro que para la DC también facturaría su clásica Cosa del Pantano, con guiones de Len Wein, una obra digna de ser recordada.

Bernie Wrightson demostró que su dibujo podía compararse con el de los más grandes ilustradores clásicos. Alcanzó sus cotas de mayor virtuosismo con sus ilustraciones para Frankenstein, un verdadero tour de force en el que sus rallados se entregaban a auténticos paroxismos gráficos. Por eso, cuando más tarde se puso a dibujar superhéroes, de Spiderman a Batman, con unos acabados menos detallados que aquellos a los que nos había acostumbrado, muchos aficionados se sintieron decepcionados.

Es cierto que tuvo que reinventarse a sí mismo, pero no deben olvidar que dibujó muchos guiones escritos por Starlin, otro talento habitualmente menospreciado. Les sugiero que revisen su Punisher P.O.V., es mucho mejor de lo que suponen. Volviendo al tomito que motiva estas líneas, resulta un poco decepcionante. Por supuesto, todos los completistas lo agradecemos.

Pero si exceptuamos el espléndido conjunto de portadas, las historietas son todavía demasiado primitivas, de formación. El problema es que además, cuando Wrightson se puso de moda en los setenta, ya tuvimos ocasión de contemplar muchas de sus primeras obras y éste es un material similar, pero todavía más crudo.

No me malinterpreten: el peor Wrightson es bueno y sólo sacaría de esa ecuación su Feria de Monstruos, un trabajo al que le tengo especial paquete. Estos episodios para The House of Mistery tienen un interés arqueológico, resulta curioso ver como el autor emplea soluciones que luego refinará, sobre todo en las posturas, la iluminación y la puesta en escena o la composición de las páginas. Pero no nos quejaremos. Leer más...

jueves, 11 de febrero de 2010

UN ZOO DE INVIERNO de J.TANIGUCHI

Un zoo de invierno de Jiro Taniguchi, edita Ponent Mon, manga, dibujantes, comic
Ponent Mon, 2009.
232 páginas, 16 euros

SER JOVEN
ES FANTÁSTICO


Cuando comenté la brillante serie La Cumbre de los Dioses, tuve ocasión de observar que la manera en que el dibujante japonés abordaba la obsesión de su protagonista, un escalador empeñado en superar obstáculos cada vez más complejos y arriesgados, adquiría tintes casi autobiográficos. Como su héroe, el autor parece participar de la idea de que determinadas actividades nos superan y debemos entregarnos a ellas de forma casi religiosa, si deseamos otorgarle algún sentido a nuestra vida.


La sospecha de que Jiro Taniguchi piensa así se confirma con esta nueva obra, un sensible relato autobiográfico en el que nos cuenta sus primeros pasos en la profesión. Para alcanzar la maestría en su arte el joven creador debe sortear no pocos obstáculos: un empleo equivocada que ha de abandonar, unas condiciones de trabajo casi esclavistas, que le permitirán adquirir todas las destrezas necesarias para seguir por su cuenta, o sus propias dudas y torpezas iniciales que le impiden alcanzar la calidad a la que aspira.

Este volumen nos habla de temas universales, con la sensibilidad extrema que caracteriza a su autor. Sobre todo de los sueños y esperanzas de la juventud, pero también de sus torpezas y de las dificultades que nos encontramos en todo proceso de aprendizaje y maduración. El protagonista, ese trasunto del propio Taniguchi, es un joven extremadamente reservado, sin apenas trato con las mujeres y con muy poca confianza en sus propias habilidades. A través de diferentes experiencias, no todas gratas, vemos cómo crece, madura y mejora, tanto en el plano vital como en el profesional.

Un zoo de invierno de Jiro Taniguchi, edita Ponent MonMención especial para el tratamiento de las mujeres, que aparecen desempeñando muy diferentes roles. De la hija rebelde que escapa al destino prefijado por su familia a la frágil musa que inspira esa primera obra del autor, pasando por las chicas de bar o la eficiente editora, el universo femenino se muestra como un misterio y una fuente de fuerza e inspiración. Las páginas de este comic se llenan de ternura y amor hacia las mujeres, con esa intensidad muy pura que sólo alguien muy tímido puede sentir y expresar.

Hay más elementos de interés, como es la naturalista descripción del funcionamiento de un estudio donde se fabrican mangas de forma casi industrial. Un lugar donde las fantasías cobran forma y el cansancio del maestro se entrelaza con las aspiraciones de los aspirantes o la frustración de quienes saben que ya no alcanzarán sus sueños. Taniguchi muestra con naturalidad y su destreza habitual un enmarañado tejido de relaciones humanas en el que quiero destacar el episodio de la visita del hermano mayor. Visita temida por ese joven que prácticamente ha abandonado a su familia para perseguir sus ambiciones artísticas y que se transformará en algo muy diferente a lo que él suponía. Como es habitual en el creador japonés, sus personajes parecen vivos y nos sorprenden constantemente con sus reacciones.

Aquellos a quienes les gustan los finales felices (y creo que todavía somos unos cuantos) no se sentirán decepcionados. Hay un momento en que parece que nos dirigimos a una conclusión tremebunda y dramática, pero afortunadamente no es así. Simplemente maravilloso. Leer más...

jueves, 4 de febrero de 2010

CREEPY - Varios autores

Creepy de varios autores. Edita Planeta deAgostini
Barcelona, 2010.
250 páginas, 30 euros.

EL PLACER DEL MIEDO

El terror nunca ha tenido buena prensa. Recientemente una secuela de una conocida saga de películas padecía en nuestro país una clasificación considerada por muchos como una forma de censura. Los educadores parecen muy preocupados cuando productos que pueden tener a niños o adolescentes como público potencial, contienen una violencia excesiva o imágenes demasiado gráficas.

La violencia, eso que procuramos alejar de nuestras civilizadas vidas, acaba adquiriendo un atractivo similar al sexo. Pero ambos elementos parecen alejarse de manera proporcionalmente inversa en nuestras escalas de permisividad social. Casi nada en lo sexual se oculta, casi todo en lo violento se reprime. Son estos temas complejos, en los que resulta sencillo meter la pata, así que me permitirán que sólo lo apunte, como introducción al verdadero asunto de este artículo.

Estamos a mediados del siglo XX y William Gaines acaba de heredar el negocio de su padre, Educational Comics. Como las ventas no son demasiado excitantes, el joven Billy decide cambiar de rumbo y de nombre. Ahora la nueva Enterteining Comics se dedicará a darle al público lo que desea: crimen y terror. Las cifras alcanzadas por los tebeos de crímenes en los primeros años de la década de los 50 son inimaginables. La gente necesitaba emociones fuertes, cuando la televisión estaba casi en pañales. Y Gaines se las dio. Sus tebeos de horror fueron mucho más allá que los de sus competidores y el éxito fue inmediato.

Con el tiempo sus ambiciones creativas crecieron y con ellas su arco de productos. Publicó los justamente célebres tebeos de guerra editados por Kurtzman y nuevas series de ciencia-ficción. Todo ello sin evitar jamás abordar los temas que interesaban a sus jóvenes lectores, el sexo y la violencia, como siempre. El resto es historia. La EC publicó un conjunto de tebeos excelentes, en un momento tan intenso como breve. Llegaron los educadores, psicólogos y pedagogos y decidieron que todo aquello era muy peligroso para los niños. Así nació el Comics Code, un sello que aseguraba contenidos “seguros”. No se podía pasar de él, ya que los quiosqueros se negaban a colocar los tebeos que no lucían el emblema en sus portadas.


Creepy de varios autores. Edita Planeta deAgostini
Así que Gaines se tuvo que rendir y fue poco a poco cerrando sus publicaciones. El género criminal prácticamente desapareció, lo mismo los comics de horror. Esa fue la situación hasta mediados de los sesenta. Entonces llegó Jim Warren, cuyo padre vendía artículos de broma en las páginas de las revistas de comics. Era un gran aficionado al terror y se preguntaba porqué las maravillosas revistas que había leído en su infancia habían desaparecido. Se olvidó del Comics Code y editó tebeos en blanco y negro para adultos, pagando muy buenos precios. Las condiciones fueron lo suficientemente buenas como para atraer a muchos de los artistas de la EC: Williamson, Frazetta, Torres, Severin, Crandall, Wood, Orlando... Además de algunos jóvenes talentos como Morrow, Adams o Corben, entre otros. También tuvo ocasión de contratar a nuevos guionistas, muchos de ellos excelentes.

En fin, los resultados fueron memorables y los nuevos títulos se sucedieron: Creepy, Eerie, Vampirella, Blazing Combat... En España no conocimos los tebeos de la EC hasta hace relativamente poco. Pero sí que pudimos disfrutar de los talentos de Warren prácticamente desde el momento mismo de su creación. Aquí aparecieron en revistas como Vampus, Dossier Negro, Rufus o Vampirella, entre otras. Ahora ese material se reedita en excelentes condiciones. Y es tan bueno como recordábamos. Corra a comprárselo.
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