viernes, 24 de abril de 2009

THE ONE POUND GOSPEL de R. TAKAHASHI

"The one pound gospel" de Rumiko Takahashi, edita EDT
Ediciones Glénat S.A.
Barcelona, 2008.
216 páginas. 10 euros

ROCKY EN JAPÓN


El boxeo es sin duda un deporte muy visual, ya que ha inspirado un sólido conjunto de obras maestras, tanto en el cine como en el comic. Recientemente podíamos disfrutar de One dollar million baby, la apabullante película de Clint, una gozada visual y emocional, pero también de Rocky Balboa. Otra pieza en absoluto desdeñable, para quienes sean capaces de apreciar el arte de Stallone sin las orejeras de los prejuicios. Especialmente llamativo el gran diálogo entre el viejo púgil y su hijo, un texto que debería citarse en algunas de nuestras escuelas. Les aseguro que sé de qué estoy hablando.


En cómic contamos con algunos gloriosos precedentes como Big Ben Bolt o el espectacular Superman contra Muhammad Alí. Pero nada podía prepararnos para el acercamiento de Rumiko Takahashi al género. Ya sabíamos que era grande y cualquiera de sus series prueba su innegable talento para el humor, como Maison Ikkoku o Ranma ½. También sabe moverse en el terreno de la aventura fantástica, como demuestra en Inu-Yasha. Salta con aparente facilidad del culebrón interminable al relato corto. Su dibujo es siempre eficaz y muy cómico y expresivo y la considero una de las grandes, no sólo por su popularidad sino sobre todo por la regularidad y calidad de su trabajo.

Como siempre consigue sorprendernos. Primero mezcla elementos de la comedia sentimental que tanto le gusta con los lugares comunes del boxeo. El aspirante se queda prendado de una monja a la que confiesa sus debilidades. Éstas también son peculiares. Es un glotón y lo que peor lleva de la disciplina propia de su deporte es la obligada dieta. Así que su entrenador se pasa los episodios vigilándolo para que no se zampe a escondidas todo lo que se le pone por delante. De antología esa viñeta en que lo pilla escondido bajo la mesa de un restaurante, atacando un suculento plato.

Comic de boxeo, The One Pound Gospel, de Rumiko Takahashi
Si ya sabíamos que Rumiko es muy buena en el terreno de las expresiones faciales, con sus particulares ojos desorbitados, sus babas y todas esas invenciones visuales tan comunes en el manga, aquí demuestra su facilidad con las escenas de lucha, unos combates que coreografía con precisión, sin perder el humor. Para troncharse ese episodio en que al protagonista se le promete un filete de carne si gana una determinada pelea. Recibe una buena tunda pero consigue levantarse y golpear a su adversario al grito de “¡Toma bistec de primera!”. Takahashi también se toma su tiempo para explicarnos la disparatada relación entre el púgil y la monja, pero a eso ya nos ha acostumbrado en sus otras series. Sabemos que nos llevará de acá para allá a voluntad y que disfrutaremos todo el trayecto.

Desde su implantación en España, a finales de los ochenta, el manga ha demostrado su vitalidad, con tebeos para todos los géneros, gustos y edades. Si algo ha mantenido a los lectores más jóvenes cerca de las viñetas, sin duda han sido los creadores japoneses. Quizás al principio la atracción se originaba en las series de animación, derivándose luego hacia el papel. Pero con el tiempo han demostrado que pueden producir de todo, desde lo más popular a lo más zafio, de lo mejor a lo peor. Conviene permanecer atentos a sus creaciones porque entre ellas se cuentan algunas de las mejores obras de las últimas décadas.
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viernes, 17 de abril de 2009

BREAKDOWNS de ART SPIEGELMAN

Breakdowns de Art Spiegelman, edita Random House Mondadori
Random House Mondadori S.A.
Barcelona, 2009.
80 páginas. 21,90 euros

MAMÁ, QUIERO SER ARTISTA


En resumen: no es tan malo como me esperaba.
Las reacciones ante la reedición ampliada de este libro de Spiegelman de finales de los setenta son encontradas. Básicamente podríamos decir que representan la posición del lector ante el medio. 


Para los conservadores el autor tuvo cierta fortuna con Maus, pero el resto de su obra, al menos aquellos fragmentos que ya habíamos visto en El Víbora y que ahora volvemos a encontrarnos aquí, es basura experimental, masturbaciones intelectuales sin relación con el cómic. El sector progresista establece una continuidad entre la convencional narrativa de Maus y sus ocurrencias más vanguardistas. Todo es más de lo que parece y Art es un genio, uno de los grandes en el comic del siglo XX. Perdón: ¿he dicho comic? Quería decir arte.

Y es que, si algo caracteriza la labor de Spiegelman es su marcada voluntad artística. Ahí sigue los pasos de uno de sus maestros, el también judío Eisner. Al contrario que otra de sus fuentes de inspiración, Kurtzman, que siempre abogó por el carácter de entretenimiento del medio, tanto Eisner como más tarde Spiegelman defendieron que con viñetas se podían desarrollar obras tan interesantes como con otros medios. Eisner nació en el momento equivocado y con mucho esfuerzo consiguió convertir la novela gráfica en un concepto habitual. Pero Art fue más allá, ganando un Pulitzer con un trabajo inferior a muchos de los firmados por Eisner, el ya citado Maus. Paradojas de la fortuna, Spiegelman sí había encontrado un contexto favorable. Además se inventó una segunda oleada underground con su revista Raw. Desde ella proclamó su evangelio artístico y dejó de dirigirse al pueblo, buscando a la élite.

De alguna forma se hizo oír, lo cual no deja de tener mérito. El siguiente paso era abordar un tema muy serio, con una escritura más convencional.
Después de la explosión Maus, con su mujer a la cabeza de la dirección artística del New Yorker, con la cuota de poder que ello supone, Spiegelman permanece instalado en su torreta de vaca sagrada del comic experimental, con un pie en las artes mayores y mirando siempre desde arriba a la comunidad de simples fabricantes de viñetas. A veces nos bendice con alguna genialidad, como su autocomplaciente reflexión sobre el 11-S.

Así que, sinceramente, no esperaba con entusiasmo este recopilatorio. Y ¿qué quieren que les diga? Me ha entretenido. Toda la introducción, una autobiografía a la peculiar manera del autor, se lee con interés. Sorprende su arrogancia, pero también nos desarma con su sinceridad. ¿Por qué ocultarlo? Él siempre ha querido ser artista. Así que nos muestra algunos de los componentes de su trabajo, incluida la mentira, pero también la magia y la repetición. Muchas de las historietas de la segunda parte ya las conocíamos, pero al cabo de los años nos resultan casi tiernas en su desparpajo experimental. Y además tienen una virtud innegable: son breves. En ellas encontramos sus conocidos juegos descontructivos, sus mezclas, sus pastiches, sus rodeos compulsivos...

Todo ello, por supuesto, con una presentación impecable: buen papel, barnices, buena reproducción... Así que, si pensaron que lo de las dos torres era una tomadura de pelo, creo que comprobarán que esto es algo mejor. Pueden darle otra oportunidad a Art, sin duda se lo merece.
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viernes, 10 de abril de 2009

CHE. UNA BIOGRAFÍA GRÁFICA de SPAIN RODRÍGUEZ

"Ché, una biografía gráfica"de Spain Rodríguez, edita Siglo XXI editores
Siglo XXI de España Editores. 
 Madrid, 2008 
106 páginas 14 €

EL COMANDANTE AMÉRICA


Llevaba tiempo esperando alguna traducción de Spain Rodríguez. Una de las figuras clave del movimiento underground americano permanecía casi inédita por estos lares. Algunas historietas cortas publicadas en El Víbora y en alguna otra revista alternativa y poco más. Podía deducirse que su grafismo era muy interesante y más limpio de lo habitual en otros compañeros suyos; además, algunos relatos presentaban una peculiar mezcla de erotismo y política que resultaba intrigante. De ahí la decepción ante este su primer álbum en castellano.


Primero, porque el dibujo, aunque mantiene algunas de sus señas de identidad, parece resuelto con precipitación. Figuras extremadamente delgadas, desproporcionadas y sin movimiento, contrastes de luces y sombras (otro de sus puntos fuertes) poco desarrollados, falta de expresividad en general y, para rematar, una infame rotulación en la edición española. Si en lo gráfico resulta mediocre y apresurado, tampoco esperen sorpresas en el apartado argumental.

No es éste el primer tebeo que nos cuenta la vida del líder guerrillero. El mexicano Rius publicó su >ABChé a finales de los setenta, en su línea revolucionaria habitual. Y los argentinos Oesterheld y Breccia, padre e hijo, su expresivo Ernesto Guevara, Ché, que por aquí editó Ikusager en 1987. Esta versión, aunque contaba con unos potentes dibujos y unos textos que en ocasiones alcanzaban una sentida dimensión poética, lo cierto es que narrativamente no despegaba, resultando pesado y confuso.

El relato de Spain es más llevadero, su álbum se puede leer de un tirón y se nos ofrecen no pocos datos sobre la figura del héroe. El problema surge cuando buscamos algún resquicio de humanidad en su pétrea figura. Se ha discutido lo suficiente sobre el Ché como para que Spain no pueda evitarse determinados episodios, como la aventura africana o los fusilamientos de la fortaleza de La Cabaña. Lo que hace con ellos es inscribirlos en la lógica revolucionaria y sostener el mito. Aparece una tímida crítica cuando cita sus comentarios sobre los negros, pero es el único resquicio. En ese sentido, la posición del autor, como la de quienes le precedieron, es la clásica: “Print the legend!”.

Viñeta de "Ché, una biografía gráfica"de Spain Rodríguez
Estos acercamientos me recuerdan a un personaje muy conocido, el superhéroe de Marvel llamado Capitán América. Sin duda ha sido uno de los que más burlas han recibido, como teórica representación del espíritu americano. En realidad, como en su momento demostró Gracia de Paz en una afortunada comunicación, el capi es justo lo contrario: un tipo atormentado que siempre duda de las acciones de su propio país. Si en un primer momento representa la confianza de la democracia en la derrota del nacionalsocialismo primero y el comunismo después, con el tiempo su crítica se dirige hacia el interior, cuestionando aquellos comportamientos que alejan a los USA de la utopía democrática.

Los biógrafos del Ché no tienen estos problemas. Se fusila sin juicio en nombre de la revolución, se practica el imperialismo revolucionario en África o en Bolivia con la bendición de los camaradas, o se presenta a Mao como el líder genuino que salvó a las masas del hambre, frente a la corrupta Unión Soviética, a la que no se critica por expansionista, sino por blanda en sus posiciones revolucionarias. En fin, se repite la imagen de un iluminado sanguinario cuyas acciones encuentran una justificación última en la supuesta explotación que padecían los pueblos por los que pasó.

La cara oculta del Ché de Jacobo Machover
Quizás si hubiera concluido sus estudios de medicina les habría podido ayudar más. Si realmente aman la crítica y buscan la verdad, yo compensaría la lectura del Ché de Spain con algo más cañero como La cara oculta del Ché, de Jacobo Machover, donde se le presenta como un títere en manos de Fidel. Una marioneta que acabó molestándole por inútil en Cuba y de la que intentó deshacerse primero en el Congo y finalmente en Bolivia. Eso y unas cuantas cosas más. Leer más...

viernes, 3 de abril de 2009

Y, EL ÚLTIMO HOMBRE de VAUGHAN & GUERRA

Y, el último hombre de Brian k. Vaughan y Pia Guerra, edita Planeta deAgostini
Vértigo. ECC ediciones
Barcelona, 2009.
170 págs, 12,95 euros

EL ÚLTIMO HOMBRE VIVO


En su apocalíptica novela, Matheson fabulaba sobre un hombre enfrentado a un mundo vampírico; tal situación extrema le permitía reflexionar sobre conceptos como normalidad y locura, sobre lo mal que toleramos ser la excepción, lo diferente en un universo que se rige por otras reglas. Aunque cada vez más los discursos oficiales insisten en el respeto a la diversidad, lo cierto es que somos seres gregarios, con miedo a enfrentarnos como individuos aislados a la masa, a la que preferimos pertenecer y en la que nos gusta sumergirnos. Brian K. Vaughan no llega tan lejos como este clásico de la ciencia ficción, porque además prefiere engrasar sus historias con un humor siempre presente.


Ya les he hablado de esta serie que ahora concluye y de su sorprendente punto de partida. Una extraña enfermedad borra a todos los varones de la faz de la tierra, salvo dos notables excepciones: Yorick Brown, un especialista en fugas, y su mascota Ampersand, literalmente el último mono. A lo largo de esta larga saga recorremos con ellos muchos kilómetros, ya que el héroe desea reunirse con su novia que vive en Australia, en el otro extremo del mundo. Vaughan no elude los elementos más fantásticos que su disparatada situación le facilita, como la aparición de amazonas que echan la culpa de todo lo sucedido a los hombres, o el establecimiento de un nuevo orden mundial, ahora enteramente dirigido por mujeres. Hay aventuras con espías, conspiraciones y asesinatos y todas desean meterle mano a esa última fuente de esperma, con la intención de clonarlo, experimentar con él o, sencillamente, pasar un buen rato. Yorick intenta mantenerse fiel a su verdadero amor y los episodios de una guerra de sexos pasada de rosca se suceden. El protagonista suaviza los momentos más dramáticos con una ironía constante, pero con todo el guión nos planta ante situaciones realmente emotivas, encontrando un delicado equilibrio entre el melodrama, el tebeo de ideas y el puro entretenimiento de género.

Y, el último hombre de Vaughan y Guerra
La dibujante Pia Guerra se mantiene a la altura de las circunstancias, ayudada por las eficaces tintas de José Marzán Jr. Su dibujo puede parecer seco y poco atractivo en un primer vistazo, pero si le damos una oportunidad pronto muestra su calidad. Pia no se pierde en florituras y se concentra en lo esencial: la figura humana y sus expresiones. Sus páginas son ajustadas y entretenidas, siempre atentas a lo narrado y manteniendo un nivel general muy alto. Sin duda su arte puede ser calificado como clásico, en el mejor de los sentidos posibles: no se va por las ramas ni se pierde en barroquismos innecesarios, todo se pone al servicio de la historia.

En su conclusión la saga nos deja un regusto amargo. La presencia de la muerte, una constante en muchos de sus episodios, se hace más acusada al final. No deseo revelar más de lo necesario pero sí puedo agradecer al guionista cierta voluntad de equilibrio. Por una parte nos sobrecoge con el repentino e inesperado asesinato de uno de los protagonistas, pero por otro lo compensa con la brillante salida del escenario de Yorick, escapista hasta el fin. No se lo pierdan, es muy recomendable.
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