viernes, 16 de febrero de 2018

BUTIFARRA COMIC REVISTA

DE UNA BUTIFARRA A OTRA
Hace semanas se recordaba la revista Butifarra! en las páginas de este periódico. Sus dibujantes se atrevieron a cuestionarlo prácticamente todo.

Butifarra revista comic cataluña
La revisión de los números de Butifarra! permite comprobar el grado de libertad tolerado inmediatamente después de la muerte de Franco.

La revista tuvo dos etapas: de 1975 a 1977, como una publicación marginal y de barrio que trataba temas cercanos y urgentes y con una clara intención educativa; en 1977 se convirtió en una revista de ámbito nacional.

Recuerdo perfectamente cuando compré el primer número porque la portada era de Carlos Giménez. A partir de ahí intentó sobrevivir en el mercado con sus historietas de obreros, sus discursos sobre ecología y sus profecías sobre el fin del odiado capitalismo.

Entre sus colaboradores, Alfonso López, Max, El Cubri, Gallardo y Mediavilla, Luis García, Rafael Vaquer y tantos otros. Todo un quién-es-quién del comic español de la transición. Hace dos años se inauguraba una exposición dedicada a la revista, muestra que todavía anda rolando por ahí.

El artículo de Neus Fernández aplaudía la posición de aquellos autores respecto a la carta magna y la transición en general: nunca fue un proceso ejemplar y nuestra democracia supone en la práctica la perpetuación del fascismo.

En Butifarra! se cuestionó la Constitución (aunque yo no encuentro referencias directas al 155) y casi todos los asuntos que se puedan imaginar, de la iglesia católica a la central de Lemoniz o la propiedad privada en general. No disimulaban unas posiciones políticas que les llevaban a menospreciar la democracia “burguesa”. Se toman esas opiniones como prueba de lo inadecuada que era la Constitución, afirmando que los españoles votaron sin criterio, engañados por unos medios manipulados, “constitucionalistas”, empeñados en mantener una situación de injusticia y miseria.

Estoy de acuerdo en que la buena salud democrática de un país se nota en el descaro de sus cómicos, en su capacidad para opinar de forma diferente. Por eso disfruté cuando Boadella volvió transformado en presidente de Tabarnia y saludó con una butifarra a todos los intolerantes.

En 1977 tuvo que escapar de un juicio militar por una de sus obras de teatro y se ha pasado la vida aguantando el odio de quienes no permiten ninguna voz discrepante. Sí, los cómicos son imprescindibles, para deslegitimar a quienes piensan que el uso de la palabra solo les corresponde a ellos.

Butifarra revista comic cataluña
En cuanto a las amenazas a la libertad de expresión, siguen presentes. El pasado año se le rendía un merecido homenaje a Juan Peñalver, el pobre bedel de El Papus que perdió la vida por una bomba en el 77. Los fachas mataron a gente en los primeros años de la transición, pero hace dos días un hombre era asesinado por llevar unos tirantes con la bandera española. Y obviamente la banda con más muertos a sus espaldas, con más periodistas silenciados, sigue siendo ETA, muchos de cuyos crímenes ni se investigan ni se mencionan.

Defendamos la libertad de expresión, recordando que las opiniones nunca son neutras. Se debe tener presente desde qué barricada se emiten las críticas. En Butifarra! no solo denunciaban la explotación obrera. También incluían artículos aplaudiendo el modelo comunal chino, justificando cualquier forma de violencia “popular” y toda la panoplia izquierdista habitual. Esas opiniones no son sesudas verdades y jamás han contado con un verdadero apoyo en las urnas. Ni en la calle. La revista no se vendía y tuvo que cerrar. Era tan pesada, tan insufriblemente doctrinaria que, salvo excepciones como algunas historietas del Cubri, el resto era prácticamente ilegible. ¿Ellos tenían razón y la mayoría de españoles que dijeron “sí” a la Constitución se equivocaban? Siempre hay alguien dispuesto a sentirse el más listo de la clase.

El artículo de Neus Fernández parte de una opinión sesgada para llegar a una conclusión aún más tendenciosa. Se puede aceptar que los españoles, idiotas por naturaleza, votaran engañados. Pero ¿acaso los catalanes no la aprobaron también mayoritariamente? Hasta eso se reescribe sin reparos: “…va concloure la historieta amb una reflexió escrita en castellà però pensada en català: "(…) Ya que al menos no cobran entrada para ir a votar, habrá que mirar de sacar algo...". Es decir: los catalanes nunca creyeron en la Constitución y solo la aprobaron para ver si “podían sacar algo”. ¡Alucina, vecina! Definitivamente, me quedo con la butifarra de Boadella ¡Viva Tabarnia!

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viernes, 9 de febrero de 2018

MORTADELO Y FILEMÓN DE IBAÑEZ CUMPLEN 60

SESENTA AÑOS HACIENDO EL BURRO
Este año Mortadelo y Filemón cumplen seis décadas de vida. Más que personajes de comic son toda una industria. Así que toca reportaje sobre Ibáñez y sus dos famosos agentes de la T.I.A.


Pueden encontrar abundante documentación sobre ellos en cualquiera de los numerosos libros publicados por Guiral sobre las épocas heroicas del tebeo español. También en la web de la editorial que continúa lanzando las historias de los superagentes o simplemente echar un vistazo a la Wikipedia, donde comprobarán que el número de álbumes de la extraña pareja supera ya los doscientos. Una cifra difícil de igualar.

Yo les recomiendo la “Página no oficial de Mortadelo y Filemón”, un impresionante compendio de datos donde toda curiosidad queda satisfecha.

Cuando me encargaron redactar estas líneas me sentí obligado a repasar algunas de las últimas entregas de Ibáñez, como ese “Drones Matones” donde, además de abordar a su manera el tema de moda, los drones, aparecen como secundarios Rajoy, Trump ¡y hasta Pablo Iglesias!
Se publicó en 2017 y ahora se ha reeditado junto con otras historias, como “Sueldecitos más bien bajitos” en un tomo de la colección Super Humor. Para 2018 se anuncia un álbum dedicado al Mundial de fútbol, entre otros proyectos. Lo cierto es que la lectura del volumen me resultó muy deprimente, me costó horrores acabarlo. Luego aparecieron otros elementos que compensaron en parte esa impresión (depresión) inicial.

Por un lado la dulce nostalgia. Tuve que remover algunas cajas de tebeos a la busca de imágenes para ilustrar este texto y reconozco que aproveché para revisar algunas de las variadas historietas que poblaban las revistas de Bruguera. Siempre es un placer reencontrarse con Blasco, Raf, Figueras y tantos otros creadores de la editorial. Por supuesto, también con el propio Ibáñez. Repasando fechas compruebo que sus tebeos abarcan y me acompañan a lo largo de toda mi infancia. Como es sabido los personajes aparecen como serie en 1958, en la revista Pulgarcito. Su popularidad permitió que dieran el salto al álbum de formato franco-belga en 1969. Yo tenía ocho años cuando se publicó “El sulfato atómico”, el primero de una larga lista. Todavía puedo recordar con precisión algunos de los primeros títulos, como “Chapeau el esmirriau” o “Valor… ¡y al toro!”. Más tarde la cosa fue cogiendo inercia y a lo largo de los setenta los personajes protagonizaron su propia cabecera y sus derivados: Mortadelo, Mortadelo Gigante, Super Mortadelo… El resto es historia: se tradujo a numerosos idiomas, se convirtió en serie de televisión, en película de animación, luego se pasó a 3D y finalmente he perdido la cuenta de las adaptaciones cinematográficas, a cual más histérica.

No puede olvidarse que Mortadelo y Filemón son La Historieta. Todavía hoy muchos de mis alumnos dibujan como Ibáñez cuando se les pide algo humorístico. Es o eso o el manga, sin transición. La sombra y la influencia de Ibáñez son muy alargadas. Hablamos de una marca obligada a publicar una serie de álbumes al año y con distribución mundial, un tremendo negocio que ha prosperado durante décadas, una fórmula que nadie ha sabido copiar y que a mí me resulta inexplicable.

Como toda industria, presenta un abultado conjunto de obreros, autores que ayudaron en la sombra para cumplir con las necesidades del mercado: dibujantes, entintadores, guionistas y no pocos calcadores. Los aficionados se acostumbraron a encontrarse con las mismas posiciones repetidas una y otra vez. La fidelidad al original era más importante que la innovación. Entre esa larga lista de “negros” sorprenden algunos nombres, como el de Ratera, el de Jan o el del maestro Bernet Toledano (¿Recuerdan Altamiro o Los Guerrilleros?). Encontrarán cumplida información al respecto en la ya mencionada “Pagina no oficial…”.

Allí también se da cuenta de la otra cara de esta moneda: los calcos del creador. Mucho se ha especulado sobre las influencias y las fuentes de Ibáñez. Sobresale un autor: Franquin. Cuando se repasan las viñetas de uno y otro la verdad es que poco cabe añadir. El español ha empleado en incontables ocasiones dibujos del gran creador belga, sobre todo de Gastón el gafe.

Quizás más irritantes aun que esas referencias (¿no son todo copias de copias al fin y al cabo?) sea la actitud del autor. Hace años le invitamos al Salón de Gijón y pude comprobar en qué consistía la “fábrica Ibáñez”. Se le veía acostumbrado a lidiar con masas de aficionados que le veneraban a los que despachaba con dibujillos bochornosos. Hasta Stan Sakai, el creador de Usagi Yojimbo, recibió uno de esos bocetos cutres cuando le expresó su admiración por su trabajo. A Ibáñez le daba lo mismo. Repetía una y otra vez las mismas respuestas, de forma mecánica. Supongo que cuando se está hasta las cejas de contestar lo mismo se pasa al automático.
Pero si al cliché le unimos el tonillo gracioso con que se siente obligado a responder, la sensación final era muy irritante. Es el payaso oficial de este país, el tipo que ha sobrevivido a cambios generacionales y políticos, él se dirige al pueblo y les da lo que necesitan. Es uno de ellos. Una respuesta en particular lo definió, en mi opinión. Se trataba de averiguar por qué “El sulfato atómico había sido dibujado con un cuidado que no aparecía en álbumes posteriores. Respuesta de Ibáñez: “Me lo pidieron así, querían igualar la calidad de los álbumes franco-belgas”. Pero haciéndolo de esa forma solo podía producir un álbum al año. De la otra manera podía lanzar tres o cuatro, que se vendían igual de bien. Por tanto, ¿para qué esforzarse? Si alguien esperaba alguna explicación respecto a que le explotaban y no le habían dejado expresarse como quería, debió de quedarse bien pasmado. No había nada de eso. No lo hacía mejor porque no le daba gana, porque no iba a ganar más dinero. Todavía hoy, que es un éxito mundial, podría hacerlo. ¿Para qué?

Y este es un poco el mundo que refleja la serie. Un mundo en el que “lo peor ya ha pasado”. Quiero suponer que eso es el humor en muchas ocasiones: descerebrado y brutal. Como los Keystone Cops o El Gordo y el Flaco. Trompisas y batacazos. Si me apuran, hasta me hace gracia el toque rancio de parte de sus chistes de caca y culo, con maderas insertándose en los traseros de sus personajes y gags con tipos a los que les ponen un cepo en el baño. Pero es que no hay forma de dar con algo parecido a ritmo, a progresión dramática, a un argumento mínimamente desarrollado.
Tan solo se eligen los temas como excusas para desplegar la fórmula, la previsible sucesión de mamporros y violencia pretendidamente humorística. Johnson, en su libro sobre el humor, recordaba la importancia del “número”. La idea de que todo humorista al final se sostiene sobre un número que se pasa la vida refinando. Él menciona el borracho que Chaplin ensayó en los teatros londinenses y que más tarde perfeccionó en Hollywood. El número de Ibáñez lo lleva a esa eterna sucesión de errores, a esa expresión de un mundo de inútiles cuya propia torpeza acarrea siempre un castigo desmesurado. Esa es su visión como creador.

Pues que le aproveche.




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viernes, 2 de febrero de 2018

CARVALHO - TATUAJE DE MIGOYA y SEGUÍ

Carvalho  Tatuaje comic de Seguí y Migoya sobre la obra de Manuel Vázquez Montalbán
Norma editorial. 
Barcelona, 2017
80 páginas. 19,50 euros.

MONTALBÁN EN VIÑETAS
Debo confesar que jamás me he leído una novela de Vázquez Montalbán, así que cuando se anunció su adaptación al cómic pensé que mi única ventaja era que, al menos, mi mirada no se vería enturbiada por los prejuicios. No diré eso de “la novela era mejor”.


Suma y sigue, no soy un fan de la novela negra. Me da igual quién es el asesino. Una vez lo intenté con una de Agatha Christie y tuve que dejarla a la mitad, perdido entre los incontables personajes. En fin, que mi cerebro se resiste a acompañar a los esforzados sabuesos de una pista a la siguiente.

Tan solo lo consigo a medias cuando el narrador es excepcional, digamos un Ellroy en América o un Polansky en Chinatown. Y aun así, me cuesta. Así que a priori no suelo abalanzarme sobre comics protagonizados por detectives. No niego sus méritos, la razón por la que muchos intelectuales ensalzaron el género: esa capacidad para comportarse como espejo de la sociedad. Mientras el protagonista busca al malo comprobamos la corrupción del tejido social y lo débiles que son las hebras que mantienen el equilibrio entre clases, también que los ricos hacen siempre lo que les viene en gana y que los pobres son quienes pagan el pato de los pecados de otros. Esa idea del reflejo sé que es muy del agrado de una buena parte de la crítica, pero yo no estoy en esa onda. Aplaudo toda denuncia que promueva cambios y mejoras pero el arte es otra cosa, creo.


Tatuaje no peca por ese lado. Al contrario, muestra con precisión todos los vericuetos y las miserias de esa España del 74. Ahí, Bartolomé Seguí no falla y dibuja a la perfección la fauna que puebla el guión de Hernán Migoya (y el original de Montalbán, supongo), así como el complicado conjunto de escenarios, de Barcelona a Holanda. En un tebeo tan oral como este, con personajes intercambiando densos diálogos en todas las páginas, es importante que el dibujante aporte variedad y anime lo que si no serían innumerables secuencias de bustos parlantes. Vemos que se pelea con la planificación y que hasta se esfuerza por dibujar chicas monas, como exige el argumento. Me fastidia un poco la clave baja del color, con tendencia al gris, que adivino es un comentario sobre la época, pero que aporta una innecesaria monotonía a las planchas, ya bastante cargadas de por sí.

Carvalho  Tatuaje comic de Seguí y Migoya sobre la obra de Manuel Vázquez Montalbán
Considero que la mecánica de la historia también es correcta, se ajusta a la estructura que hemos visto tantas veces en el cine: aparece un muerto, alguien encarga al protagonista que lo investigue y a partir de ahí vamos pasando de una pista a la siguiente, hasta el inevitable final. De hecho, toda la parte en que se desvela la identidad del asesino y se nos muestra el turbio entorno de la gorda, es bastante eficaz, mantiene el interés del lector. Más cuando se sazona con escenas tan sugerentes como la de la naranja en las escaleras. Tengo la sensación de que el guionista de alguna manera conecta bien con los componentes más sexuales del original.

Llegamos así a la parte indigesta del trabajo, como es el protagonista, ese Carvalho que no se calla ni debajo de la ducha. Si como ya he dicho los personajes hablan mucho a eso debe añadirse un héroe que constantemente puntúa todo lo que sucede con comentarios supuestamente ingeniosos. Digo supuestamente porque a mí no me hacen ninguna gracia, la verdad. Acabo harto de sus citas sobre comida y de su filosofía vital. Paradójicamente lo peor del álbum es lo que al mismo tiempo mejor refleja la época que se pretende retratar.
Hubo muchos cínicos, muchos listillos como este que vivieron muy bien despotricando contra todo y, al mismo tiempo, incapaces de hacer nada positivo. A través de él he recordado a aquellos militantes perpetuamente enfadados con el mundo, que jamás entendieron (ni admitieron) la transición y que hoy se perpetúan atrincherados en sus cátedras universitarias. Viejos comisarios opinando dogmáticamente sobre lo divino y lo humano, comiendo lo mejor posible mientras intentaban cepillarse a las militantes de turno. Supuestamente, para liberarlas de sus “represiones burguesas”, a las pobres. Por favor, en el siguiente volumen ¡que quiten la voz en off!

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viernes, 26 de enero de 2018

ZAP Nº 16: COMIC UNDERGROUND

Zap Comix nº16 comic underground
La Cúpula. Barcelona, 2017
114 páginas. 18 euros.

EL ÚLTIMO ZAP COMIX
En 1968 se publica el primer número de Zap Comix, con historietas firmadas exclusivamente por Robert Crumb. Luego invita a colaborar a algunos de sus amigos: S. Clay Wilson, Gilbert Shelton, Spain Rodriguez, Robert Williams, Victor Moscoso y Rick Griffin. Cuando este último murió en 1991, fue sustituido por Mavrides.


Quince números en casi medio siglo no es una gran producción, pero eso no evitó que la publicación se convirtiera en una de las más influyentes de la historia del comic. Lo fue desde el principio. A Shelton le llegó a Texas, donde gestionaba una head-shop y dibujaba carteles para una sala de conciertos, la Vulcan Gas.
Le sirvió de inspiración para publicar Feds’n’heads comics, un recopilatorio donde ya salían unos héroes cuyas aventuras había empezado a serializar en un periódico universitario local, The Rag. Con su revista se pagó el viaje a California y más tarde una prensa desde la que tiraría millones de ejemplares de sus Freak Brothers. Crumb le invitaría a participar en Zap Comix pero antes el propio Shelton animó a otros autores incipientes como Skip Williamson y Jay Lynch, los recientemente fallecidos creadores de Bijou Funnies, otra de las revistas en las que también participaría Crumb.


  Zap fue la publicación que señaló el inicio “oficial” del underground (sin olvidar ilustres precedentes como “God Nose” de Jaxon o “The adventures of Jesus” de Stack). Se caracterizaba por tres claves que pueden aplicarse a todo el movimiento: una absoluta libertad de expresión, que no evitaba los asuntos espinosos y se saltaba todas las prohibiciones; la propiedad de los autores sobre sus creaciones, sin mediaciones industriales; y una nueva distribución a través de las “head shops”, tiendas para fumetas donde, además de la habitual parafernalia hippie, también se vendían comics.

Zap Comix nº16 comic underground
A esa primera línea de distribución, que más tarde sería sustituida por las librerías especializadas en comics, se sumaba la de los periódicos universitarios, que acogían entre sus páginas las salvajes parodias alternativas. También numerosas páginas de saunas y contactos así como anuncios de estrenos de películas de destape que nos recuerdan que en España tan solo llegamos una década tarde a la famosa libertad sexual. No nos llevaban tanta ventaja, al menos en los USA.

El éxito de Crumb y de Shelton fue rápido, todo lo que ponían en la calle se vendía con facilidad. En ese sentido Zap Comix nunca fue tan popular como otras aventuras editoriales pero todo el grupo inicial permaneció fiel a una propuesta cuyo prestigio no hizo sino crecer con los años. Se juntaban y montaban indigestas jam sessions en las que resultaba difícil distinguir quién había dibujado qué en cada viñeta.

Por otro lado las aproximaciones al medio del heterogéneo grupo de artistas eran muy diversas. Algunos eran más narrativos, como Crumb, Shelton o Spain, también recientemente fallecido, que firman las partes más legibles de este volumen. En el caso de los dos primeros también las más divertidas, cada uno a su estilo. Y luego están los otros, ilustrativos y psicodélicos. Y Clay Wilson, que es como una categoría en sí mismo, más raro que un perro verde. El conjunto es como siempre, extraño y atractivo, el Zap te deja sin palabras. Lleva haciéndolo medio siglo, desafiando la censura y las autolimitaciones, en aumento en un mundo donde prima la corrección política y los espacios para la libertad individual son cada vez menores. El volumen viene con un subtítulo: “el último”. Sinceramente, espero que no sea así y que estos locos gloriosos sigan dando guerra unos cuantos años más.
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viernes, 19 de enero de 2018

UN REGALO PARA KUSHBU - COMIC REFUGIADOS


Un regalo para Kushbu historias que cruzan fronteras comic refugiados
Ayuntamiento de Barcelona / Astiberri
128 páginas, 20 euros.


CUANDO LAS BUENAS INTENCIONES  NO BASTAN
Esta es una obra colectiva que cuenta la historia de varios personajes reales a través de los cuales se pretende ofrecer un panorama amplio del problema de los refugiados. O mejor, de los problemas, ya que sus penalidades son muchas y variadas.


Las pretensiones programáticas quedan claras desde el inicio, estamos en el terreno de la agitación y la propaganda. Se desea agitar la conciencia de los lectores, que compartan las vicisitudes de todos esos otros a quienes olvidamos con facilidad.

Y también de hacer propaganda de las instituciones que se mueven para cambiar ese estado de cosas, empezando por Mescladís, una asociación de ayuda al refugiado que está en la génesis del proyecto. También Cáritas, la Cruz Roja y hasta el Ayuntamiento de Barcelona, que supongo es quien pone la pasta para que este libro vea la luz.

Tras entrevistarse con varios refugiados venidos de las más diversas partes del mundo y que conviven en la actualidad en Barcelona, el guionista Gabi Martínez fabrica pequeños relatos con sus historias y los entremezcla en el volumen, con arte de diferentes dibujantes.

Destaca el veterano Miguel Gallardo, que aporta su frescura habitual, aunque aquí lo veo funcionando un poco en automático. Más interés me despierta la participación de Sonia Pulido, que ilustra además una de las narraciones más cautivadoras, la del transexual colombiano Teresa-Camilo. Y es que como pronto deja claro el volumen las razones para huir del propio país son tan desgarradoras como cambiantes. Desde la pura miseria, la persecución religiosa, las deudas con la mafia o lo que se les ocurra.

Un regalo para Kushbu historias que cruzan fronteras comic refugiados
Asistimos a muchos sueños rotos y a muchos engaños y todo debería de ser enternecedor y emocionante. Pero no es así. En parte lo entiendo cuando leo la historia de Farida. Esta aguerrida chica tiene mucho en común con algunas de las protagonistas de Valerosas, el tebeo de Pénélope Bagieu. Pero mientras la francesa permanece centrada en sus personajes, contándonos sus vidas con chispa y mucho dinamismo, aquí el guión parece que se empeña en practicar la elipsis incómoda y el salto en el vacío.

Si a ello sumamos muchos dibujos que se esfuerzan para que lo que ocurre sea ininteligible, el resultado es que como lector me distancio. Lo leo, reconozco que lo que se explica debe ser interesante pero no entro en ello. Un buen ejemplo de esto son las planchas de los desesperados cruzando el estrecho en una barca de mierda. Todo está contado de una forma tan abstracta que más parece un fragmento de una ópera de Donizetti que una secuencia realmente dramática. Eso sí, bonitos dibujos. La planificación en plan infografía con pictogramas del relato de Raju supongo que también emocionará a los más modernos. Pero a mí me separa completamente de la tragedia humana que se supone me está contando.

En el álbum se mezclan muchas estéticas y me imagino que quienes disfrutan con esos jugueteos gráficos sabrán apreciarlas. Personalmente me quedo con aquellos que se centran en lo que están contando y entre ellos ya he comentado que destaca Sonia Pulido. A pesar de su dibujo simplificado y de colores chirriantes entiende al personaje que le ha tocado y lo explica bien, podemos seguir sus peripecias sin dificultad y al final ella sí que consigue que la complicada trayectoria vital de este Camilo nos alcance y nos conmueva. Con el resto tengo mis dudas.
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viernes, 12 de enero de 2018

UN AÑO DE EXPOSICIONES Y VIÑETAS

El pasado año 2017 fue pródigo en muestras dedicadas a tebeos. Lo más curioso es que además algunas de ellas tuvieron lugar en ámbitos poco proclives a este tipo de iniciativas, lo cual señala una tendencia interesante y que debería de mantenerse.



Museo Art Ludique Paris comic exposición superheroes
Comienzo por la que tengo más fresca, la exposición dedicada a la DC, que tuvo lugar en el museo Art Ludique y que se clausura estos días, tras una larga prórroga. Si no han podido verla tendrán una nueva oportunidad ya que en febrero se traslada a Londres. Y más tarde a Polonia. ¿Alguien se animará a traerla por aquí? Lo dudo.

Y eso que reunía un material realmente excepcional: esas planchas de Neal Adams para Batman en las que todos están pensando, incluyendo la increíble doble en la que Muhamad Alí y Superman se dan la mano, lo mejor de Tim Sale, de Infantino, de Kubert, Miller, Anderson, Bolland, etc.

Cada uno de los icónicos personajes de la casa venía además acompañado por abundante material perteneciente a las diferentes películas a ellos dedicadas, convirtiendo la visita en una experiencia realmente excepcional.

De regreso a Palma llaman la atención dos muestras ubicadas en espacios que no relacionaríamos con el comic.

Por un lado la exposición Apócrifos, que fue, como suele decirse “un gran éxito de público y crítica”, todo el mundo disfrutó con las relecturas que los dibujantes isleños hicieron de algunas de las piezas del Museo Diocesano.
Apocrifs en el Museu Diocesano de Palma comic expo



Lyonel Feininger en la Juan March
Por otro lado tuvimos la dedicada a Lyonel Feininger en la Juan March. Esta fundación nos tiene acostumbrados a muestras dedicadas a creadores de primer nivel, suelen ser pequeñas pero siempre fascinantes.

En este caso resulta que un afamado creador de vanguardia fue también un reconocido dibujante de comics. Este aspecto no estaba especialmente representado en la expo pero al menos pudimos disfrutar con algunas de sus maquetas de personajes en un montaje realmente encantador.

Lyonel Feininger en la Fundación Juan March (corto) from 93 Metros on Vimeo.

Sigo con museos “serios”. Aquí en Palma, el Baluard volvió a repetir la experiencia de mezclar sus obras con intervenciones de los creadores locales, en el marco de las jornadas Comic Nostrum.

Más sonado ha sido que el Reina Sofía abriera sus puertas a las viñetas dedicando una exposición a Krazy Kat. Tal y como se explicó en algunos medios parecía que debíamos ir de rodillas en procesión a verlo, para agradecer la generosidad de los gestores de tan importante institución, que se dignaban a mancillar sus salas con algo tan miserable como unas páginas de comic.

La verdad es que yo no he ido. Primero porque pienso que la normalidad es que haya exposiciones de comic en los museos, no lo contrario. Y segundo porque la gata loca nunca me ha gustado. No solo por su estructura de página, que me marea. También por la premisa argumental. Una gata está chiflada por un ratón, que le demuestra su cariño a base de ladrillazos. Cuanto más fuerte el golpe más enamorada está ella. ¿Dónde está el ministerio de asuntos sociales cuando se le necesita?

Quiero mencionar también el esfuerzo realizado en Porreres para incluir (por segundo año consecutivo) una muestra de comic en su TastArt (nit de l’Art). Este año con una excelente exposición dedicada a Pau.

Tan interesante como las que tradicionalmente acompañan al Comic Nostrum. Por un lado las dedicadas a los autores invitados y por el otro la monográfica de comic y periodismo. En esta última nos encontramos con algunos autores muy populares entre los aficionados. Si me dan a elegir, me quedo con la plancha de Crandall, a quien cuento entre mis dibujantes favoritos y sobre quien este año se publicó una densa monografía.

También en relación con la prensa el Palau Solleric ofrecía recientemente una muestra dedicada al humor gráfico en las Baleares, donde se repasaban todos los autores que en algún momento han dedicado su talento a la prensa diaria. Un proyecto pedagógico y bien planteado.

El mismo Solleric había abierto el año con la expo de Ditko, que nos llevó a las puertas del Eisner. No pudo ser. Pero quizás sí lo consigamos con nuestro próximo proyecto. ¡Y que siga la fiesta!







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viernes, 5 de enero de 2018

EMPRESS de MILLAR y IMMONEM

Panini Comics, 2017.
192 páginas, 19,95 euros

NUEVOS HÉROES EN LA GALAXIA
Mark Millar sigue produciendo a su frenético ritmo habitual. Recientemente pudimos disfrutar su Huck, una revisión del mito de Superman. Y no se me ocurre mejor manera de empezar el año que zambulléndonos en su Empress.


Se ha convertido en una figura muy popular gracias en buena medida a las adaptaciones cinematográficas de sus tebeos, algunas de tanta calidad como Kingsman. Otras no tanto como Kick-Ass (el tebeo era mejor).

Tampoco podemos olvidar que es su trabajo el que en buena medida inspira la primera de las películas de Avengers y Capitán América Civil War.

Recientemente saltaba a todos los medios la noticia de que Netflix compraba su compañía, Millarworld, quedándose con los derechos de adaptación de sus obras a otros medios. Así que es probable que se convierta en una de las figuras dominantes en los mundos de fantasía que devoraremos en los próximos años. Esto lógicamente no le ha granjeado muchas simpatías y aquí y allá leemos comentarios sobre la mediocridad de su trabajo, su falta de imaginación o su incapacidad para tener una idea original. Y además es un facha. Doy por supuesto que quienes tales cosas afirman son los mismos que llevan décadas proclamando las bondades de Warren Ellis, Grant Morrison y alguno más que me callo. Autores todos ellos que me parecen auténticos petardos. Así que olvidémoslos y concentrémonos en Millar.

En los últimos años he tenido muchas oportunidades de mencionarlo. Casi todo lo que hace me entretiene y me emociona a partes iguales. Y además, tiene una idea clara del bien. No se ha dejado llevar por esa corriente que ha arrastrado a tantos guionistas hacia los abismos anti-heroicos, seducidos por el convencimiento de que el bien es aburrido y, ya saben, “las chicas malas van a cualquier parte”. Olvidaron contarles que normalmente van directas a los brazos de idiotas que las maltratarán. En fin, que los que estamos convencidos de que es bueno que los niños crean en los Reyes Magos disfrutamos como enanos con los mundos de Millar.

Y con su Empress nadie va a sentirse decepcionado. De nuevo, sus enemigos ya están señalando los parecidos con Star Wars y la voluntad del guionista de hacer pasta, como si creara pensando solo en las posibilidades audiovisuales de sus productos. Me parece que todo eso no tiene ninguna importancia. Veo la superproducción que podría hacerse con este comic pero también lo disfruto como lo que es: una actualización muy dinámica de Flash Gordon.

Si ya su colaboración en Starlight con Parlov suponía una reescritura del héroe de Raymond, aquí notamos que más allá de los enredos políticos y los vericuetos sentimentales de sus protagonistas, lo que le interesa a Millar es la sucesión de escenarios. Los mundos se acumulan con extraordinaria rapidez y solo un dibujante tan dotado como Stuart Immonen podría mantener ese vertiginoso ritmo. Sin inmutarse visualiza una miríada de universos mientras el sanguinario emperador persigue a su espantada familia de un extremo de la galaxia al otro. La factura global del comic es buenísima, gran entintado y mejor color. Todo funciona como un mecanismo bien engrasado: la historia no se permite un segundo de descanso, los personajes están bien construidos, el malo es aterrador y el final es adecuadamente inesperado.

Si les gustan las heroínas fuertes y decididas, aquí encontrarán una que les asombrará. No lo duden y pídanselo a sus majestades los reyes de oriente. Si han sido buenos seguro que se lo traen.

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jueves, 28 de diciembre de 2017

PARACUELLOS - LAS MADRES NO TIENEN LA CULPA - GIMÉNEZ

Comic Paracuellos Carlos Giménez Las madres no tienen la culpa - reservoir books - TBO BD
Reservoir Books. Barcelona, 2017
82 páginas. 17,90 euros.

GANAS DE LLORAR

Aparentemente Giménez deseaba dedicar su último (hasta el momento) libro de Paracuellos a las madres. Según explica en su introducción siempre había prestado atención a los sufrimientos de los niños. Pero sin duda sus madres eran más conscientes y padecían con mayor intensidad aquella forzosa separación.

Ya saben que esta es la obra de su vida. Él fue uno de aquellos críos condenado a vivir en un “Hogar”, lejos de su familia. Lleva una buena parte de su carrera profesional contándolo, describiendo la maldad de unas cuidadoras más atentas al adoctrinamiento y a sus propias necesidades y frustraciones, que a las carencias de unos chavales sometidos a unas condiciones de vida inhumanas.

Si algo nos ha enseñado Giménez es que con los niños no se juega. Cuando alguien antepone su ideología, religión o codicia al bienestar de sus hijos, cuando cree que puedo usarlos como barrera o moneda de cambio, toda razón se ha perdido, ya sabemos que nos encontramos frente a un desalmado capaz de cualquier desatino. Por supuesto hay otros Giménez más allá de Paracuellos: Hom, Koolau, Barrio… Su obra es ingente y magistral, ha sido el Autor con mayúsculas del cómic español. Y pasarán muchos años antes de que nadie pueda sustituirlo. Porque además su voz fue la de toda una generación. Fue la voz de un pueblo que se alzaba y recordaba. Y al tiempo construía y se mostraba dispuesto a avanzar… sin olvidar. Creo que pocos creadores como Giménez pueden presumir de haber sabido, en un determinado momento histórico, expresar los deseos, los miedos, los atrevimientos de una sociedad. Pocos entre quienes le antecedieron o sucedieron lo han vuelto a conseguir. Pero Giménez sí: hace años, él habló por todos nosotros.

Ya saben que últimamente me cuesta seguirlo. Pero creo que con este último trabajo lo ha vuelto a conseguir. Por un lado uno espera una mayor presencia de las madres, de acuerdo al título que propone y a su introducción. No es exactamente así. Sobre todo el último episodio subraya su posición. Él sigue contando desde su experiencia, que es la de un niño maltratado, abandonado.

Desde esa sensación de pérdida explica la ausencia de la madre, ese espacio de amor y calor que los niños echan especialmente en falta. Como comenta el autor los críos se adaptan con más facilidad que los adultos. Las madres sufrían sin tregua mientras los niños se ajustaban a la nueva realidad, pero a veces no era tan fácil. Y ahí está Giménez para contarnos la historia de ese niño que se sube a un banco en espera de que aparezca una madre que no acaba de llegar nunca. Con ese zoom al rostro de Peribáñez nos explica que lo peor es no tener una madre a la que abrazar cuando llegan las ganas de llorar. Alguien lo calificará de sensiblero. Yo no, creo que Giménez ha vuelto a contar lo que mejor conoce y lo ha vuelto a hacer bien.

Otra sorpresa es la dedicatoria del álbum y el epílogo donde nos relata la existencia de ese personaje que les ponía películas. Un funcionario que de forma desinteresada ayudó a los niños sin familia tanto como pudo, a lo largo de toda su vida. Una figura heroica a la que apenas dedica unas viñetas en un episodio. Pero si Giménez no se atreve a desarrollar más la figura de ese santo laico, parece servirle de inspiración para el primer episodio, en mi opinión el mejor del libro y una pequeña joya. El relato es uno más en el conjunto de Paracuellos: niños que padecen, en este caso por sed ya que en el verano el agua se reducía a un vaso al día. Pero aparece un señor, el jardinero, que marca la diferencia.
Como vivimos en un universo donde reina la sospecha, lo primero que vemos planear es la sombra de la pederastia, algo que curiosamente apenas asoma en esta saga. Hay constantes brutalidades, golpes, bofetadas, palizas, pero apenas se alude a tocamientos u otros abusos sexuales. Pero en este caso, cuando los niños han bebido el agua del botijo del jardinero y deciden sustituirla por orina, el momento en que uno de ellos se la saca dispuesto a dar el cambiazo y se ven interrumpidos por el trabajador, uno supone que cualquier cosa puede pasar. Y lo que sucede es lo más inesperado. En medio de sus penalidades los niños descubren a un buen hombre que se hace amigo suyo y los ayuda cuanto puede.
Giménez lo cuenta con una sencillez y naturalidad pasmosas, todo resulta conmovedor. Sobre todo porque nos recuerda algo no muy habitual en la serie: que queda bien en el mundo y que esa bondad suele deberse a una decisión personal. El jardinero podía ser un bicho, frustrado por las limitaciones de su existencia. Pero como el hombre del cine, la señorita Ester Alvar o hasta el señor delegado, ha decidido ser bueno. Y eso es ya de lo poco que podemos esperar y agradecer en esta vida. ¡Feliz Navidad a todos los hombres de buena voluntad!
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