104 páginas, 16 euros.
ESPERANZA Y MIEDO
Empieza a resultar habitual que dibujantes españoles trabajen para el mercado americano. Mucho más extraño es que un guionista lo consiga. Es el caso de Juan Antonio Torres, que firma como El Torres.
Tras unos esforzados comienzos en el campo de los comics de bárbaros, hacía tiempo que le había perdido la pista a este personaje realmente curioso en el mundo de la historieta española. Desde el principio queda clara su voluntad de transitar los géneros más populares, de la fantasía heroica a, en la actualidad, el terror. Ha tenido la suerte y el talento de entrar en la industria americana, para la que ha escrito, entre otros encargos, dos obras en colaboración con el también español Gabriel Hernández. Ahora Dib•Buks las ha traducido y constituyen una muy agradable sorpresa.
Primero fue El velo y ahora El bosque de los suicidas, dos historias llenas de atmósferas lúgubres y sugerencias cromáticas. Comenzando por el dibujo, es adecuado a lo que se nos cuenta. Recuerda al Vince Locke de Una historia de violencia, con las texturas y el tratamiento digital necesarios para ensuciar el ambiente enfermizo que retratan los relatos de El Torres. En ocasiones sus deudas con Egon Schiele nos remiten a otro deudor del pintor expresionista, Ashley Wood, que por cierto firma las portadas. En general Hernández es un narrador correcto y aporta el tono siniestro que estos tebeos precisan.

Estas dos novelas gráficas cumplen con las expectativas de todo amante del género. No sólo contamos con protagonistas que cargan con pasados conflictivos y cuya salud mental siempre está a un paso del desmoronamiento definitivo, además no se ahorran los necesarios clímax de sangre y destrucción que todo tebeo de poseídos, fantasmas y hombres-babosa requiere. Pero además El Torres se atreve con algo que comienza a ser casi inaudito, como es culminar estos relatos con algo parecido a un final feliz. Explora los archipiélagos de la culpa, sí, pero también los océanos de la expiación. Hay redención para los justos y para los que, más allá de toda esperanza, se mantienen firmes frente a la corrupción o se compadecen de quienes sufren. En ese sentido el discurso del guionista es tan sorprendente como bienvenido. El héroe duda y padece pero finalmente consigue cerrar las compuertas que permitían la extensión del mal.
Un gran trabajo que nos obliga a revisar anteriores obras de este autor.