viernes, 2 de diciembre de 2016

EL HOMBRE QUE MATÓ A LUCKY LUKE de BONHOMME

El hombre que mató a Lucky Luke de Matthieu Bonhomme
Kraken ediciones. Madrid 2016.
64 páginas, 20 euros.

UN HOMENAJE FALLIDO


Lucky Luke nos acompaña desde hace ya más de medio siglo. Algunos todavía recordamos aquella versión de La Diligencia que apareció por entregas en las páginas de la revista Strong. Ahora un autor que no es Morris, su creador, nos brinda la que podría ser su última aventura.


Este vaquero solitario nunca fue Asterix, que era más redondo, más barroco, más detallado en el dibujo y cargado con más gags. Pero había algo en el despojado grafismo de Morris que provocaba las simpatías del lector. También ayudaban los constantes guiños a algunos de los mejores westerns, que es tanto como decir las mejores películas de la historia del cine. Luke era seco y parco en palabras y su humor sutil e irónico, no tan directo y popular como el del pequeño galo, pero igualmente efectivo y resultón. No en vano el mismo escritor genial participó en ambas series, el incomparable René Goscinny.

Ahora Matthieu Bonhomme retoma al héroe adoptando un tono más realista. Posiblemente uno de los aspectos más logrados de este álbum sea la lucha de Luke contra el tabaco. O más bien para encontrar tabaco. Como es sabido en los tiempos políticamente incorrectos en que se publicó el original, no llamaba la atención que un personaje que era mayoritariamente leído por niños se paseara siempre con un cigarrillo en la comisura de los labios. En esta revisión el protagonista llega sin tabaco a Froggy Town y se pasa el resto del cómic intentando que alguien le deje o le venda unas briznas del preciado vegetal. Pero hasta los indios se han quedado sin picadura para su pipa de la paz. El síndrome de abstinencia pone de los nervios al héroe, lo que le provoca unos indeseados temblores, justo antes de un duelo.

No se fuerza nunca la nota realista. El dibujo transita un estilo simplificado y limpio, a medio camino entre Morris y Mezieres. Solo cabe echarle en cara un color innecesariamente oscuro, tanto que en ocasiones no permite apreciar bien lo que pasa. Pero la vertiente gráfica es lo mejor de un trabajo donde los problemas se sitúan claramente en el guión. Sin llegar nunca al cachondeo que presidía los clásicos relatos de Morris, aquí se mantiene una aproximación algo más seria, con un argumento no muy dado a las bromas.

El hombre que mató a Lucky Luke de Matthieu Bonhomme
La historia acumula algunos tópicos, como todas las aventuras de Luke: el viejo forajido que nos recuerda a Doc Holliday, el asalto a la diligencia, la casi-novia que viene a casarse con otro… Esos lugares comunes podrían haberse articulado en un conjunto coherente y novedoso. Pero no ocurre así.
Luke se pasea entre un montón de personajes, ocurren cosas sin parar y las diferentes tramas se resuelven en un final interminable y muy verboso. Se multiplican las explicaciones de unos y de otros y parece que la secuencia final con el héroe galopando hacia la puesta de sol no llegará nunca, perdida entre interminables bocadillos llenos de texto. Una pena ya que, como digo, el dibujo de Bonhomme es agradable y le habría permitido ofrecer una versión más poética del personaje, según podemos deducir de ciertos paisajes y algunas escenas concretas. Pero la narrativa falla y con ella todo lo demás.
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jueves, 24 de noviembre de 2016

EL CAPITÁN TRUENO EXPOSICIÓN Y CATÁLOGO

El Capitán Trueno. Tras los pasos del héroe. Catálogo exposición Madrid
El Capitán Trueno. Tras los pasos del héroe.
Círculo de Bellas Artes y Acción Cultural Española. Madrid, 2016.
240 páginas, 17 euros.

LOS HÉROES NUNCA MUEREN

Hasta enero podrá verse en el Círculo de Bellas Artes de Madrid una muestra dedicada al personaje de Mora y Ambrós, El Capitán Trueno. Con tal motivo se ha editado un bonito catálogo.


El libro es más ligero que el muy erudito volumen firmado por José Antonio Ortega y que publicó hace años Dolmen. Va cargado de imágenes que supongo se corresponden con las piezas que conforman la expo.

Como una numerosa colección de portadas de Antonio Bernal, no solo para Trueno Color sino que también se incluyen algunas de la colección Joyas Literarias Juveniles y de Jabato Color. En este último caso llama la atención el autoplagio que se da entre la ilustración para el Jabato Color nº 21 (1971) y la de Trueno Color nº 258 (1974), las de los buceadores. No debe de extrañarnos, me imagino que fueron realizadas a toda prisa y con sueldos de risa.

La verdad es que, más allá de la pura nostalgia, poco valor encuentro en el trabajo de Bernal. Afortunadamente también se ha reproducido una historia completa de Ambrós y varias viñetas de Pardo, Fuentes Man o Bermejo, entre otros. En el apartado gráfico el libro es más que correcto, aunque yo nunca encuentro tantas imágenes de Ambrós como me gustaría.

Se incluye también una impagable entrevista con el dibujante. Sorprende la lucidez de un creador excepcional, un auténtico luchador dispuesto a trabajar como albañil antes de rendirse a los caprichos del editor de turno. Presten atención al desdén con el que habla de los aficionados y la claridad con que explica su trabajo. Define su dibujo como poco académico y hasta malo, pero sabe de su expresividad y de cómo sus imperfectas figuras tenían sin embargo el don de encantar a sus lectores. Que eran muchos y entre los que me cuento.
Si Ambrós era uno de los grandes, ¿qué decir del padre literario de Trueno? Mora nos dejó este año, pero sus creaciones siguen bastante vivas. También se ha incluido una entrevista con él en el libro y en ella repasa buena parte de su trayectoria. No es necesario insistir en la popularidad de Trueno (con tiradas imposibles hoy en día), pero sí quizás recordar otras de sus creaciones, que algunos seguimos durante años, sin ser muy conscientes de quién era aquel Víctor Alcázar (uno de sus seudónimos) que firmaba los guiones: Astroman, con dibujos de Cuyás, Supernova, que se serializaba en Super Mortadelo con arte de Bielsa, El jabato, con el gran Darnís, Dani Futuro con Carlos Giménez (que empezó a serializarse en Gaceta Junior) y tantas otras.

El catálogo se complementa con tres sesudos ensayos dedicados a diversos aspectos de la serie. Por un lado la técnica y las invenciones, destacando los apartados sobre globos y robots, y por el otro las fantásticas arquitecturas que aparecían de un episodio a otro, aportando un indudable toque fantástico a una saga supuestamente realista. Me han llamado la atención los apuntes finales sobre la ausencia del hogar y su representación metonímica a través de las cocinas. Todo está explicado concienzudamente y con rigor y resulta muy interesante.

El primer episodio, más generalista, resulta quizás algo indigesto. Se hace una reflexión muy filosófica sobre la figura del héroe, pero al final no quedan muy claras cuáles son las conclusiones después de tanta digresión. Con todo, un libro de lectura recomendable y que constituye un merecido homenaje a un personaje mítico del comic español y a sus creadores.

Mora no fue el único autor de comics que nos dejó este año. Steve Dillon y Darwyn Cooke tenían cincuenta y pocos años mientras que Jack Davis, uno de los últimos supervivientes de la EC, ya pasaba de los 90. Descansen todos ellos en paz.
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viernes, 18 de noviembre de 2016

MONSTRUOSIDADES de NILES y WRIGHTSON

Monstruosidades de Steve Niles y Bernie Wrightson ECC ediciones
ECC. Barcelona, 2016.
208 páginas, 17,95 euros

ZOMBIES, DEMONIOS Y HORMIGAS GIGANTES


La editorial IDW ha publicado un volumen que agrupa las colaboraciones entre dos maestros del terror Steve Niles y Bernie Wrightson. En blanco y negro y con un formato más grande de lo habitual, que se disfruta hasta el último centímetro impreso.


Si mi memoria no me falla, hace ya años que Planeta editó el primer episodio de este tomo, una historia protagonizada por un detective no-muerto. Esto es, todo indica que está muerto y en proceso de descomposición, pero él sigue por ahí como si tal cosa.
Luego se nos presenta a una especie de Hellboy, un monstruo que se enfrenta a criaturas dispuestas a invadir nuestra realidad. Y finalmente a Doc Macabre, un jovencito superdotado que con sus prodigiosos inventos pone a raya a fantasmas, demonios y otros engendros maléficos.

Los guiones son ligeros y sin pretensiones y su autor, que me había aburrido con algunas de sus historias de zombies, aquí cumple al plantear genuinos entretenimientos que sirven sobre todo para que el dibujante se divierta. Y con él todos sus lectores, por supuesto.

Y es que Wrightson es uno de los grandes. Imposible olvidar su prodigiosa irrupción en el mercado en los setenta con su maravillosa Cosa del Pantano, que se ha reeditado recientemente, y sus increíbles historias de terror para Warren. Tenía un detalle barroco y expresivo, iluminaba como nadie y sus figuras transmitían un patetismo sin igual. Nadie le alcanzaba en el terreno del terror gótico. De manera natural se deslizó hacia la ilustración, firmando contundentes imágenes acompañado por tres colegas que se habían reunido en lo que simplemente se llamó “El Estudio”. Los otros fenómenos eran Barry Windsor Smith, Michael Kaluta y Jeff Jones. Alcanzó la culminación de esa etapa con su versión de Frankenstein, un conjunto de láminas cargadas de saturados tramados de una belleza decorativa incomparable. Pero luego todo cambió.

Monstruosidades de Steve Niles y Bernie Wrightson ECC ediciones
Wrightson pareció esfumarse y cuando reapareció nada era lo mismo. En obras como The Cult, también reeditada hace poco, su dibujo mantenía la calidad habitual, pero mermada, más simple.

Se había convertido en otro dibujante, más tosco y menos refinado. Con todo les invito a repasar sus colaboraciones con Starlin, que le escribió varios guiones muy interesantes.

Pronto descubrimos que su transformación obedecía a una enfermedad que le impedía entintar como a él le gustaba y que afectaba a su sistema de trabajo. Así que con el paso de los años nos fuimos acostumbrando al nuevo Wrightson y a sus nuevos acabados.

Ahora con esta obra casi tenemos las mismas sensaciones que cuando leímos por primera vez La Cosa del pantano o aquella historia de Warren en la que un tipo se enfrentaba a una suerte de monstruo del Lago Ness.

Por un lado el dibujo mejora mucho de la primera a la última historia. Y por el otro el formato gigante y la ausencia de color permiten que nos concentremos en el trabajo con las masas negras del dibujante, en sus texturas y sus sombras. Todo tiene un aspecto estupendo y además los relatos le facilitan excusas para dibujar laboratorios maravillosos, monstruos del averno, fantasmas con muy mala leche y, por supuesto ¡hormigas gigantes! Para disfrutar sin parar.
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viernes, 11 de noviembre de 2016

R.I.P STEVE DILLON

RIP Steve Dillon

A finales de octubre nos dejaba Steve Dillon, dibujante inglés popular sobre todo por su participación en la saga Predicador.



ADIÓS A UN GRAN NARRADOR


Para muchos era un dibujante normalito, sin la carga decorativa que parece necesaria para conseguir la denominación de “artista”. Dillon era todo lo contrario, por eso se le consideraba un artesano. Sus acabados y planificación eran funcionales y parcos, no perdía más tiempo del necesario en los fondos y sus planchas siempre parecían resueltas en diez minutos.

Entre sus colegas su velocidad era legendaria. Talbot nos explicó que Dillon había apostado con un compañero que podía resolver un comic-book en dos días. De acuerdo al relato de Talbot, Dillon se habría pasado todo un mes visitando pubs y en un último fin de semana frenético habría dibujado sus veinte páginas sin pestañear.

Yo le vi realizar dibujos para sus numerosos fans sin apenas encaje. Sacaba el rotulador, empezaba por una esquina y acababa por la otra sin equivocarse. Así le hizo una bonita vista de una carretera de Arizona con el Predicador en primer término a Paul Gulacy, que quería conservar un recuerdo de un compañero tan talentoso.


RIP Steve Dillon Boceto comic
Ambos fueron invitados del Salón Internacional del Comic del Principado de Asturias en 1998 en Gijón. Les acompañaban Don Rosa, Dennis O’Neil, Kevin Nowlan, Tim Sale y otros. Pero entre todos destacó Steve por su amabilidad y generosidad. Le gustaba beber, algo aparentemente habitual entre los creadores ingleses. Pero jamás se ponía borde o agresivo con quienes le rodeaban. Al contrario, siempre se adelantaba a pagar la siguiente ronda y al amanecer se contaban historias de cómo Dillon había cerrado el último bar abierto de Gijón. Todo sin perder la sonrisa y desde una tranquilidad acogedora.
Reconocía a Barry Winsor Smith como una gran influencia. “El dibujante más importante de nuestra generación”, decía. A veces asomaban sus ecos en algunos de los tramados que adornaban los rostros y el pelo de sus personajes en Hellblazer. Pero con el tiempo fue abandonando sus tramas, buscando un grafismo cada vez más despojado. También era un gran aficionado al cine, sobre todo cuando todavía se podía fumar y beber en las salas. Ese amor por las películas clásicas se filtraba en su narrativa, donde nunca se quebraba el eje visual y con conversaciones que eran constantes lecciones de puesta en escena.

Dillon parecía tener prisa y dibujó miles de páginas con un estilo seco y directo pero muy eficaz. Aquí lo descubrimos en una serie de Milligan, Skreemer. Pero con lo que realmente dio la campanada fue con Predicador. Su éxito permitió que recuperáramos una colaboración anterior con su amigo y guionista Garth Ennis: Hellblazer. Allí se curtió y maduró como autor. Rellenaba los huecos entre viñetas de negro para enfatizar el carácter terrorífico de la serie. Pero cuando se pasó a Predicador abandonó una costumbre que le robaba demasiado tiempo. En cambio dibujó los bordes de las viñetas a mano alzada. Quedaban más expresivos y sobre todo era más rápido. La pareja Ennis-Dillon permaneció unida más allá del bombazo de Predicador y firmaron varias sagas de Punisher, con un tono tan divertido como salvaje.

RIP Steve Dillon Predicador
En fin, yo creo que nos ha dejado uno de los grandes. Basta repasar su serie estrella, esa saga impactante y arrolladora que es Predicador. Dillon entendía muy bien los guiones de Ennis, su humanidad y humor. Y los servía con una economía de medios magistral, pendiente de las necesidades del lector, cuidando las elipsis y atento siempre a los matices faciales de sus “actores”. Todo eso puede confundirse con la artesanía, ya que él no permitía que lo decorativo entorpeciese el ritmo de la narración. Pero les aseguro que lo que hacía era arte. Con mayúsculas. Fue uno de los grandes narradores del siglo pasado y le echaremos de menos. Mucho.
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viernes, 4 de noviembre de 2016

20 ANIVERSARIO SUPLEMENTO BELLVER

Ahora que llega el aniversario del suplemento de cultura Bellver me doy cuenta de que esta sección también está a punto de cumplir veinte años. En diciembre de 1997 se publicó el primer “Tebeo y no lo creo” en el Diario de Mallorca.

CUANDO OIGO LA PALABRA TEBEO...


He tenido ocasión de preguntarme en numerosas ocasiones qué hacía una sección de comics en un suplemento cultural. La cuestión no es ociosa. Si revisan la mayoría de revistas, semanarios y demás fascículos complementarios que acompañan a la mayoría de periódicos de este país difícilmente se encontrarán con una parte fija dedicada al medio.
20 aniversario Suplemento Bellver - comic - Diario de Mallorca

Hay sonadas excepciones, como el clásico Manuel E. Darias en El Diario de Avisos de Tenerife. Pero la norma establece que conviene tener contratado a algún experto para situaciones especiales, tipo defunciones, expo de Max en El Prado o una biografía de Carmena, y poco más.

En general, mejor no mezclar actividades menores y de escaso lustre cultural con los temas realmente serios. Ya saben: arte moderno, teatro, literatura de la que no se vende… Muchos mandarines culturales cuando oyen la palabra tebeo, parafraseando a ya-saben-quien, se echan la mano a la pistola o al látigo. ¡Fuera de aquí, desgraciados, bachibozuks! No es mi intención iniciar una sarta de lamentos como si fuera un aficionado al rock o a los grafitis. O un aparejador o un enfermero. ¡No me llaméis pinchaculos! La batalla por el predominio cultural es constante, la cima pequeña y los aspirantes numerosos.

Nunca he creído que pueda defenderse el medio (ningún medio) en general. Pero sí a determinados autores. Una gran parte de la producción literaria es lamentable. Pero hay un reducido número de obras que por sí solas justifican toda la tinta malgastada desde el principio de los tiempos. Y lo mismo con los comics. O la pintura. La búsqueda de reconocimiento no es un objetivo deseable. Llegará o no, pero apenas guarda relación con la calidad de las obras. La última gran operación para dar lustre al cómic, la novela gráfica, no deja de ser una exitosa estrategia comercial, cuyos frutos artísticos son muy escasos. Y desde luego en nada han mejorado a formatos anteriores, de las tiras en que leímos a Modesty Blayse, los álbumes de Tintín o los comic-book donde se publicó Batman año 1.

Desde los sesenta asistimos a progresivos intentos de rescate cultural. Primero directores como Resnais o Fellini proclamaron las bondades del comic; luego eruditos como Eco escribieron sesudos ensayos sobre Superma;, más tarde creadores tan rompedores y prestigiosos como Jodorowsky pusieron sus guiones al servicio de algunos dibujantes; fanzines, revistas especializadas y convenciones florecieron por toda Europa y muchas se mantienen en la actualidad.

En los últimos años la traslación de los superhéroes al cine ha sido un arma de doble filo. Ha asegurado su popularidad y una propaganda muy beneficiosa, pero también ha fomentado la vinculación de las historietas con unos lectores-espectadores siempre por debajo de la adolescencia.

Salvo sonoras excepciones, los intentos del comic por madurar tanto internamente como hacia el exterior no han tenido éxito. Se han diluido, bien devorados por el populismo de unos programadores culturales demasiado próximos al fenómeno fan, o se han asfixiado por el abrazo de expertos obsesionados por la experimentación y de un elitismo tan arrogante como improductivo. No todo son malas noticias. Las historias y los formatos se han abierto y la variedad es la clave de un paisaje que ya ha dejado atrás toda tentación de vivir solo del monocultivo. Se van colando las noticias sobre viñetas en entornos como éste, normalizando su posición en ámbitos culturales.
De alguna manera se filtra la idea de que los dibujantes son respetables y de que no todas las historias son para descerebrados.

Pero los avances son lentos. No está de más acabar recordando las palabras de un sabio que nos dejó este verano, Gustavo Bueno. En El mito de la cultura explicaba el carácter paradójico de la cultura y su aparición relativamente reciente. Antes se empleaban sobre todo términos agrícolas, como “cultivo”. El salto de “persona cultivada” a “persona culta” lleva incorporados no pocos componentes nacionalistas y racistas. Y como el mismo profesor comentaba, no se pueden respetar culturas ateas y religiosas al tiempo, vegetarianas y caníbales. Se respeta a las personas, pero no a todas las ideas. Su desmitificación de la cultura lo que conlleva es justo lo contrario, reducirla a su esencia, un mito, una idea que veneramos sin reflexionar sobre ella y sus consecuencias en profundidad.
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viernes, 28 de octubre de 2016

FLASH GORDON de JAVIER CUERVO

Flash Gordon el conquistador de Javier Cuervo. El amor y la guerra en el planeta Mongo de Alex Raymond
Flash Gordon el conquistador
Rema y vive. Gijón, 2016.
120 páginas. 13 euros.


EL HÉROE MÁS CAMP


Javier Cuervo acaba de presentar nuevo libro dedicado en esta ocasión a Flash Gordon, prácticamente el héroe fundador del género de la ciencia-ficción en el cómic.


El nombre de Gordon evoca en la mente del aficionado una serie de imágenes míticas, relacionadas con sus diversas encarnaciones. Del preciosismo de Mac Raboy a la actualización de Williamson y Schultz, pasando por la extraordinaria aportación de Dan Barry, el héroe galáctico ha conocido muchas vidas. Pero entre todos los autores que lo han interpretado sobresale la versión de su creador, el soberbio ilustrador Alex Raymond.

Su paso por la saga está grabado a fuego en la cabeza de todo lector de comic. La ciencia-ficción era cutre y acomplejada hasta que llegó Raymond, aportando épica, elegancia y un erotismo nada disimulado. Flash Gordon atrapa al lector con sus sugerentes imágenes, por la belleza de sus mujeres y el donaire de sus héroes, también por sus componentes bizarros, sus mezclas de razas, monstruos y paisajes futuristas, con cohetes de formas decó y uniformes con reminiscencias austro-húngaras.

El futuro es algo que huele a pasado en Gordon, una pauta que posteriores productos fantacientíficos seguirán. Como comentaba Georges Lucas, cuando en los sesenta habían intentado imaginar el futuro, habían producido escenarios que todos asociamos con “el futuro de los sesenta”. En cambio, la mezcla de elementos con referencias al pasado demostraba su capacidad para resistir mejor el paso del tiempo. Algo que La Guerra de las Galaxias probaba con rotundidad, con sus constantes citas a la edad media, al western, al Japón feudal o a la estética nazi. Cuanto más antiguo, más moderno parecía. Así que Gordon ha envejecido muy bien porque nunca intentó resultar futurista, nunca escondió las referencias con las que había sido construido.

Flash Gordon el conquistador de Javier Cuervo. El amor y la guerra en el planeta Mongo de Alex Raymond
Los lectores tienen una idea muy concreta de la serie, son unas aventuras que han sido muy leídas y sobre las que resulta difícil comentar algo novedoso. Y Javier lo consigue. Tiene una primera parte excelente en la que explica las condiciones en las que nació la tira, dentro de la clásica guerra entre grandes periódicos, contada de forma tan amena como interesante. Cita precedentes y las posibles fuentes de la historia así como las aportaciones de guionistas que solían permanecer en la sombra. El ritmo no decae en la segunda parte, dedicada a las relaciones de Gordon con su eterna novia, Dale Arden, y el resto de féminas de la serie. Relaciones que ya pueden imaginar se quedan un tanto desfasadas. Pero es que el autor lo cuenta todo tan bien que es como si nunca hubiéramos leído antes el comic. Nos sorprenden las pautas que se repiten y los roles adoptados por unos y otros. Por supuesto también se sitúan en su contexto histórico, algo que si no justifica todas las decisiones de Raymond, sí que nos permite juzgarlo con menos dureza.

En un libro que apenas cuenta con ilustraciones maravilla la capacidad de Javier Cuervo para describir las viñetas y los saltos de estilo de un autor siempre más preocupado por el dibujo que por los contenidos o la narrativa. Sus figuras eran tan seductoras que apenas prestamos atención a los disparates de sus historias. Cuervo no solo recrea con precisión las evoluciones del pincel de Raymond. También evoca de tal forma las andanzas de sus personajes que se acaba la lectura de esta guía deseando revisarlas para cotejar lo que se recordaba con la nueva visión que sugiere el escritor.

Es, en fin, un tratado más que recomendable que no cuenta apenas con distribución. Les aconsejo que acudan a la página web de la editorial para adquirirlo. Sin duda lo van a disfrutar ¡intensamente!
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viernes, 21 de octubre de 2016

BOB DYLAN COMIC

Bob Dylan -- comic

Hace años se publicaba una historieta en la que Bob Dylan, flamante premio Nobel de Literatura, no salía precisamente bien parado.


UNA LLUVIA DURA VA A CAER...


En España se incluyó en un extraño álbum underground, editado por los mismos que sacaban Star, una revista alternativa muy adelantada a su época.
Mosik, así se llamaba el experimento, estaba dedicado a la música y reunía tanto artículos como historietas donde se criticaba la decadencia de algunas estrellas glam, se burlaban de Elton John, Dave Gibbons (luego famoso por Watchmen) dibujaba “Vince Eugene”, con un alter ego de Elvis Presley que acababa convertido en dictador, entre otros disparates.

Corría el año 1976 y el volumen facilitaba una rápida actualización a sus lectores respecto al complejo panorama del rock contemporáneo. Allí descubrí a Iggy Pop, Lou Reed y demás representantes de la moda juvenil. Aunque realmente lo que me atraían eran las historietas, entre las que destacaba una: “Las venturas de Zimmerman”.

Lo que llamaba la atención de aquel relato corto es que estaba dibujado por Neal Adams, a quien adorábamos tras descubrirlo en X-Men, Los Vengadores y algunas portadas de la DC. Adams era un dibujante “serio” y sorprendentemente realista.
Por eso resultaba brutalmente inesperado encontrarlo en un comic en el que, entre otras viñetas, había algunas donde se sugería que Joan Baez le hacía trabajitos orales a Dylan en la ducha. El tono era desenfadado y de un humor salvaje y abundaban las escenas con el respetable músico buscando inspiración en el retrete. Aunque parte del material de Mosik provenía de editoriales inglesas, “The Ventures of Zimmerman” tenía otro origen, una enloquecida revista americana.

National Lampoon había nacido en la universidad y sus fundadores estaban decididos a no dejar títere con cabeza. En los setenta, la combativa actitud hippie de la década anterior había dejado paso a una fría ironía. Una vez que la seriedad de los cincuenta ya había sido arrinconada, tocaba desafiar los nuevos tabús y ampliar los límites de la burla.
Bob Dylan -- comic

No estaban dispuestos a sustituir a las viejas monjas por otras nuevas así que aquellos jóvenes airados comenzaron a lanzar sus dardos contra todo aquello que fuera popular o estuviera de moda, sin prestar atención a su prestigio y sin atender a corrección política alguna (todo eso vendría después). Releer National es como respirar aire fresco, se percibe la tremenda libertad con la que fueron creados sus contenidos. Mayoritariamente la revista estaba constituida por artículos. Pero pronto contrataron a dibujantes, los mejores del negocio porque pagaban buenos sueldos. El éxito y la popularidad de la publicación se tradujeron en unas tiradas cada vez más elevadas. Para los dibujantes suponía la oportunidad de facturar productos de calidad, con total libertad en cuanto a lo que quisieran incluir en sus viñetas.

En 2003 la revista Comic Book Artist dedicaba un número a National Lampoon, incluyendo una jugosa entrevista con Adams. El dibujante comentaba algunas de sus entregas, como sus episodios sobre “Son-O’-God”, un nuevo Cristo sobre la Tierra, adecuadamente irreverente, y, por supuesto, su Zimmerman, que apareció en el nº 31 (Octubre, 1972). Como curiosidad su superhéroe judío luchó en otra entrega contra Son-O’-God. Adams comentaba que él era muy formal y que apenas sabía nada de los temas de moda que le hacían dibujar. Ni siquiera sabía que Zimmerman era el verdadero nombre de Dylan.
Bob Dylan -- comic

Explicó que por momentos le parecía que dibujaba un panfleto anti-semita ya que el artista era presentado como un cantante folk cuya identidad secreta es la de un super-ejecutivo que consigue sacar pasta de todos sus proyectos. Más allá del tufillo anti-judío, lo que subyace es el característico reproche de todo intelectual desde su departamento universitario, cada vez que algún autor deja de ser maldito y alcanza el éxito: “¡Te has vendido!”. Pero, si se olvida todo eso, esa biografía en clave de comedia de Dylan puede disfrutarse sin complejos. Es muy divertido ver cómo se enfrenta a los hippies que pretenden impedirle sacar pasta (“Música gratis, ¿dónde se ha visto?”), cómo saca a los Beatles de Estados Unidos y tantos otros disparates. La splash de presentación corría a cargo de Andru y Esposito y en ella las burlas antisionistas subían de tono. Pero el resto era muy recomendable y realmente incidía en la contradicción que persigue a todo cantautor o creador antisistema: ¿qué hacer una vez que la sociedad que cuestionabas te ha recibido con los brazos abiertos, asegurándote fama y fortuna? La respuesta sin duda roza la esquizofrenia.
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viernes, 14 de octubre de 2016

EL TRÍPTICO DE LOS ENCANTADOS de MAX

El tríptico de los encantados de Max, edita El Museo Nacional del Prado
Museo Nacional del Prado. Madrid, 2016.
74 páginas, 15 euros.

ECOSISTEMA COMIQUERO BALEAR 


Ante las inminentes jornadas Comic Nostrum conviene recordar algunos de los sucesos y las obras que han marcado un año pletórico de actividad.


Iniciábamos 2016 con la reedición de Las cansiones de Ossifar, un éxito “sin normalizar” de Pau, dibujante que se ha mantenido muy ocupado y no sólo porque espera con ilusión el nacimiento de su primera niña. También porque este año ha visto cómo se publicaba en Francia el último tomo de su saga Atlas y Axis. El cierre de esa etapa ha supuesto el inicio de nuevas aventuras con diversos guionistas galos, dibujando algunos personajes clásicos como Los casacas azules o Spirou. Y esto es solo el principio.

En el capítulo de pérdidas la más sentida ha sido la de Bermejo, residente en las Baleares y uno de los escasos artistas que tuvieron el honor de dibujar uno de nuestros personajes más emblemáticos, El Capitán Trueno. Su guionista, Víctor Mora, también nos dejó en 2016.

En el terreno institucional el año señala la recuperación del Solleric para el medio. Primero fue la postergada expo de Seguí, una muestra excelente que finalmente vino acompañada de un completo catálogo. Después, por supuesto, la exposición dedicada a Ditko, que se prolongará hasta enero. El próximo sábado 22 tendré el placer de encabezar una visita guiada por las salas del Solleric.

Confiemos en que para entonces los chinos hayan decidido enviarnos el libro que acompaña a este proyecto. Los tebeos también viajaron hasta Porreres con motivo de su Nit de l’Art. Una iniciativa del incansable Ake Mora que consiguió reunir a algunos de nuestros artistas con más proyección internacional: March, Pau, Díaz, Grimalt, Sanna…

Para este último el año está resultando muy especial ya que señala su definitivo desembarco en el mercado americano. Primero de la mano de El Torres con su miniserie StraitJacket, pendiente de publicar en España. Después en Marvel, con trabajos protagonizados por antihéroes como Deadpool o Bullseye.

crtoon Nostrum Mallorca
Otro que intenta abrirse camino es Pepmi Garau, que promueve un proyecto de animación encabezado por los mejores representantes del cómic y la ilustración en Baleares. En la Fundación Barceló pueden verse los esbozos de fondos y personajes creados por Flavia Gargiulo, Max, Pere Joan, Marga Viñas y otros. No ha encontrado apoyo institucional.

Max ha sido noticia de muchos telediarios por su entrada en el Prado, el primer dibujante de historietas que lo consigue.
Su obra El tríptico de los encantados es un sentido homenaje a El Bosco pero también a los clásicos de nuestra historieta. Con un marcado carácter teatral Max resuelve con eficacia un encargo cargado de peligros. No es tan fácil realizar una obra sobre un gigante como el pintor holandés sin sentirse diminuto y ridículo. El dibujante resuelve con modestia y empleando su trazo más puro y refinado. Vuelve a salir la urraca que ya forma parte de su repertorio de personajes y desnuda sus planchas de todo elemento innecesario. Acaba con un recurso que ya había nos había fascinado en Vapor, esa cabalgata de encantados que le permite ofrecer su personal y refinada versión de las figuras imaginadas por El Bosco.

Comic Nostrum 2016 Mallorca
A los nuevos autores se les han brindado no pocas oportunidades. Marta Massana publicaba su Mocca Café, que se anuncia como Volumen I.
La Deriva seguía embarcada en la presentación de nuevos talentos, que se reunirán en una muestra en La Misericordia, justo después de Comic Nostrum. Mañana mismo por la tarde se inaugurará en la Escuela Superior de Diseño la exposición dedicada a Gonzalo Aeneas, encargado del cartel de las jornadas de 2016. Entre sus laboriosos trabajos destaca un Tarot realizado como Proyecto Fin de Carrera y que prueba su habilidad como ilustrador tanto en el terreno del dibujo como del color.

Finalmente deben citarse algunos de los invitados de las jornadas 2016, dedicadas al mar y con Corto Maltés como referente. Destaca la presencia de Rubén Pellejero, uno de los grandes y el encargado de reinterpretar al mítico marinero del anillo en la oreja. Le acompañan David B, Kaz, Paul Gravett, Canales, Valero o Alary, en lo que serán unos días intensos y llenos de descubrimientos y sorpresas. El Festival permanece en constante estado de reinvención y este año vuelve a Ses Voltes. Pero estudien con cuidado el programa porque las sedes serán tan deslizantes y movedizas como la propia filosofía del evento. Sólo para paladares exquisitos.
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